Carnavalito santeño
Las discotecas y el "regee" se esfumaron con el miércoles de ceniza, dejando el pueblo hecho un desastre. Trabajosamente los tableños empiezan a barrer y baldearlo todo, como queriendo borrar la pesadilla de un cuarto de millón de enloquecidos visitantes en una pequeña ciudad que normalmente no aloja más de cincuenta mil almas.
Para hoy estará bastante limpia, recobrando parte de su apacible estado original. La mayoría de los nativos emigrados se han quedado a aguardar los carnavalitos, los demás retornan hoy desde la ciudad, luego de reportarse al trabajo el miércoles, para unirse a la cerrada celebración. No quieren visitantes, es una fiesta del pueblo, y punto.
Dicen que sus carnavales no son más que un "show" para atraer divisas; un grotesco espectáculo que nada tiene que ver con lo autóctono. Por eso muchos alquilan sus viviendas y virtualmente abandonan el pueblo a la turbamulta capitalina.
Pero hoy sábado se desquitan. Son ellos y nadie más. El cielo estará limpio y las calles despejadas. Sobra espacio para lucir, ¡ahora sí!, una regia pollera y un montuno. El tambor se bailará alrededor del parque en su ritmo auténtico; y la noche estrellada será rota otra vez por los cohetes y voladores. La saloma y los vivas a Calle Arriba y Calle Abajo colmarán el ambiente, y se cantarán ahora sí "las verdes y las maduras", sin miramientos ni censuras.
Los niños, sus padres y abuelos, batirán sus palmas al son de la murga, siguiendo a sus soberanas. No habrá empujones ni nadie que se extravíe. Todos se conocen. Y después de media noche, los toldos serán testigos del reinado del acordeón y sus muchos trovadores y compositores, que lograron el milagro de imponer su música y estilo en su país y llevarlo orgulloso al exterior.
En la mañana del domingo, para quienes sobrevivan, esperan regias "matanzas" donde saborearán café negro con tortilla, bollos, tamales y puerco frito.
El tambor y el acordeón reiniciarán su toque; y las nuevas soberanas del año próximo harán su presentación en su primera actividad de colecta de fondos.
Otros visitarán los melonares, hatos y lecherías de sus amigos; y habrá quienes prefieran disfrutar de Playa Venado, Agallito e Isla Iguana. El lunes se reinicia la faena. No son buenos tiempos para la agricultura. Pero saben muy bien que los males no son eternos. Son los disparates de momento, de los gobiernos godos de la capital. Las cosas cambiarán, se protegerá a los productores y se llevarán las minas a otra parte. Hay que aguardar las elecciones, dicen. "De los importadores nos ocuparemos después nosotros", concluyen.
Para hoy estará bastante limpia, recobrando parte de su apacible estado original. La mayoría de los nativos emigrados se han quedado a aguardar los carnavalitos, los demás retornan hoy desde la ciudad, luego de reportarse al trabajo el miércoles, para unirse a la cerrada celebración. No quieren visitantes, es una fiesta del pueblo, y punto.
Dicen que sus carnavales no son más que un "show" para atraer divisas; un grotesco espectáculo que nada tiene que ver con lo autóctono. Por eso muchos alquilan sus viviendas y virtualmente abandonan el pueblo a la turbamulta capitalina.
Pero hoy sábado se desquitan. Son ellos y nadie más. El cielo estará limpio y las calles despejadas. Sobra espacio para lucir, ¡ahora sí!, una regia pollera y un montuno. El tambor se bailará alrededor del parque en su ritmo auténtico; y la noche estrellada será rota otra vez por los cohetes y voladores. La saloma y los vivas a Calle Arriba y Calle Abajo colmarán el ambiente, y se cantarán ahora sí "las verdes y las maduras", sin miramientos ni censuras.
Los niños, sus padres y abuelos, batirán sus palmas al son de la murga, siguiendo a sus soberanas. No habrá empujones ni nadie que se extravíe. Todos se conocen. Y después de media noche, los toldos serán testigos del reinado del acordeón y sus muchos trovadores y compositores, que lograron el milagro de imponer su música y estilo en su país y llevarlo orgulloso al exterior.
En la mañana del domingo, para quienes sobrevivan, esperan regias "matanzas" donde saborearán café negro con tortilla, bollos, tamales y puerco frito.
El tambor y el acordeón reiniciarán su toque; y las nuevas soberanas del año próximo harán su presentación en su primera actividad de colecta de fondos.
Otros visitarán los melonares, hatos y lecherías de sus amigos; y habrá quienes prefieran disfrutar de Playa Venado, Agallito e Isla Iguana. El lunes se reinicia la faena. No son buenos tiempos para la agricultura. Pero saben muy bien que los males no son eternos. Son los disparates de momento, de los gobiernos godos de la capital. Las cosas cambiarán, se protegerá a los productores y se llevarán las minas a otra parte. Hay que aguardar las elecciones, dicen. "De los importadores nos ocuparemos después nosotros", concluyen.