Carrera abierta, final incierto en EU
De acuerdo con analistas durante el reciente debate presidencial George Bush lucía como un avestruz que tiene la cabeza bajo el cuchillo. "Fue el momento de más brillo" para John Kerry, dijo el senador John McCain, republicano por Arizona. El candidato demócrata fue el claro ganador el jueves del primero de tres choques en este ritual de debates iniciado en 1858, interrumpidos por un tiempo y retomados hace 44 años. El nuevo aire insuflado por el resultado del debate puso a Kerry a la cabeza de la carrera presidencial luego de seis semanas detrás de Bush. Pero eso no es suficiente para llegar a la Casa Blanca.
La reacción inmediata del público no es necesariamente una postura sostenible en el tiempo. En la historia reciente ganadores de primeros debates han perdido las elecciones. Ese fue el caso de Walter Mondale frente a Ronald Reagan en 1984, de Mike Dukakis ante George Bush padre en 1988 y de Ross Perot frente a Bill Clinton y Bush padre en 1992.
El debate en Miami, escenario del fraude electoral y del golpe de Estado técnico de una Corte Suprema de Justicia dominada por conservadores que dio la victoria a Bush en el 2000, demostró que no era cierta la caricatura de vacilante creada por los republicanos para representar a Kerry. El candidato demócrata sigue vivo y es una opción viable. Pero más que eso. Sorprendió a todos como un líder equilibrado, coherente, respetuoso, sagaz y sumamente preparado.
En contraste las tomas espontáneas de la televisión, seguidas por 63 millones de estadounidenses y 300 millones de personas alrededor del mundo, mostraron un Bush monótono, irritable, amargado, nervioso y petulante. El candidato demócrata estuvo más articulado que el presidente republicano, cuya inteligencia, como dijo un analista, parece tener el espesor del papel de arroz.
Kerry no logró demoler a Bush, pero lo desnudó como un político engañoso, sin principios e hizo ver que no es imprescindible. Demostró que la guerra en Iraq no es la batalla de Estados Unidos, sino una aventura ilegal del mandatario. Le recordó que Bush padre no avanzó sobre Bagdad, en la primera guerra del Golfo Pérsico, porque no tenía una estrategia de retirada. Kerry lo acusó de lanzarse en una aventura militar sin tener un plan para ganar la paz y de estar construyendo 14 bases militares permanentes en Iraq, lo que hace pensar a los árabes que Estados Unidos llegó para quedarse con la riqueza petrolera.
Por el machismo militar unilateral de Bush, Estados Unidos carga con el 90% de los costos y el 90% de las bajas, es decir $200,000 millones que pudieron invertirse en programas sociales, más de 1,000 soldados muertos y unos 8,000 heridos. Si el foco de la guerra antiterrorista de Bush era Osama bin Laden, ¿por qué lo dejó escapar cuando lo tenía acorralado en las montañas de Afganistán?, preguntó Kerry en forma retórica. Respuesta: porque estaba por lanzar la invasión a Iraq planificada antes de los atentados del 11 de septiembre. Bush no calculó que la ocupación del país árabe sería un regalo para Al Qaeda. Su falta de juicio tiene a Iraq al borde de una inminente guerra civil, aseguró Kerry.
Ambos candidatos lograron consolidar el apoyo de los convencidos, pero eso no definirá la elección. Kerry avanzó en el territorio de los conservadores y los moderados indecisos, que representan uno de cada cinco electores, quienes definirán el resultado de la votación el 2 de noviembre.
En el primer debate todo cambio, pero nada cambió. Dio la posibilidad a Kerry de reinstalarse en la campaña electoral y que la gente se lo imagine como presidente, con un liderazgo responsable. Permitió demostrar que Bush es un peligro para la seguridad nacional, que lesiona sus intereses vitales y socava los valores estadounidenses de democracia y libertades civiles. Fortalecer internamente al país, recuperar el respeto y mantener la supremacía militar de Estados Unidos en el mundo, puede lograrse con tácticas más efectivas y menos riesgosas que las del actual inquilino de la Casa Blanca.
Sin embargo, después del debate no se ha venido abajo el respaldo a Bush como el mejor líder en la guerra contra el terrorismo, porque el mandatario instrumenta el miedo para encubrir su derrota en Irak. Es que el miedo atizado por los republicanos es muchas veces la clase de muro que la razón no puede escalar y menos derribar. Por eso Kerry destacó en sus palabras finales que el futuro es de libertad, no de temor. Como sucede en toda elección, puede darse el caso de un electorado convencido, pero al mismo tiempo equivocado. Los debates del próximo viernes en Missouri y del martes entrante en Arizona serán decisivos en la carrera presidencial estadounidense que actualmente está abierta y cuyo final sigue siendo incierto.
La reacción inmediata del público no es necesariamente una postura sostenible en el tiempo. En la historia reciente ganadores de primeros debates han perdido las elecciones. Ese fue el caso de Walter Mondale frente a Ronald Reagan en 1984, de Mike Dukakis ante George Bush padre en 1988 y de Ross Perot frente a Bill Clinton y Bush padre en 1992.
El debate en Miami, escenario del fraude electoral y del golpe de Estado técnico de una Corte Suprema de Justicia dominada por conservadores que dio la victoria a Bush en el 2000, demostró que no era cierta la caricatura de vacilante creada por los republicanos para representar a Kerry. El candidato demócrata sigue vivo y es una opción viable. Pero más que eso. Sorprendió a todos como un líder equilibrado, coherente, respetuoso, sagaz y sumamente preparado.
En contraste las tomas espontáneas de la televisión, seguidas por 63 millones de estadounidenses y 300 millones de personas alrededor del mundo, mostraron un Bush monótono, irritable, amargado, nervioso y petulante. El candidato demócrata estuvo más articulado que el presidente republicano, cuya inteligencia, como dijo un analista, parece tener el espesor del papel de arroz.
Kerry no logró demoler a Bush, pero lo desnudó como un político engañoso, sin principios e hizo ver que no es imprescindible. Demostró que la guerra en Iraq no es la batalla de Estados Unidos, sino una aventura ilegal del mandatario. Le recordó que Bush padre no avanzó sobre Bagdad, en la primera guerra del Golfo Pérsico, porque no tenía una estrategia de retirada. Kerry lo acusó de lanzarse en una aventura militar sin tener un plan para ganar la paz y de estar construyendo 14 bases militares permanentes en Iraq, lo que hace pensar a los árabes que Estados Unidos llegó para quedarse con la riqueza petrolera.
Por el machismo militar unilateral de Bush, Estados Unidos carga con el 90% de los costos y el 90% de las bajas, es decir $200,000 millones que pudieron invertirse en programas sociales, más de 1,000 soldados muertos y unos 8,000 heridos. Si el foco de la guerra antiterrorista de Bush era Osama bin Laden, ¿por qué lo dejó escapar cuando lo tenía acorralado en las montañas de Afganistán?, preguntó Kerry en forma retórica. Respuesta: porque estaba por lanzar la invasión a Iraq planificada antes de los atentados del 11 de septiembre. Bush no calculó que la ocupación del país árabe sería un regalo para Al Qaeda. Su falta de juicio tiene a Iraq al borde de una inminente guerra civil, aseguró Kerry.
Ambos candidatos lograron consolidar el apoyo de los convencidos, pero eso no definirá la elección. Kerry avanzó en el territorio de los conservadores y los moderados indecisos, que representan uno de cada cinco electores, quienes definirán el resultado de la votación el 2 de noviembre.
En el primer debate todo cambio, pero nada cambió. Dio la posibilidad a Kerry de reinstalarse en la campaña electoral y que la gente se lo imagine como presidente, con un liderazgo responsable. Permitió demostrar que Bush es un peligro para la seguridad nacional, que lesiona sus intereses vitales y socava los valores estadounidenses de democracia y libertades civiles. Fortalecer internamente al país, recuperar el respeto y mantener la supremacía militar de Estados Unidos en el mundo, puede lograrse con tácticas más efectivas y menos riesgosas que las del actual inquilino de la Casa Blanca.
Sin embargo, después del debate no se ha venido abajo el respaldo a Bush como el mejor líder en la guerra contra el terrorismo, porque el mandatario instrumenta el miedo para encubrir su derrota en Irak. Es que el miedo atizado por los republicanos es muchas veces la clase de muro que la razón no puede escalar y menos derribar. Por eso Kerry destacó en sus palabras finales que el futuro es de libertad, no de temor. Como sucede en toda elección, puede darse el caso de un electorado convencido, pero al mismo tiempo equivocado. Los debates del próximo viernes en Missouri y del martes entrante en Arizona serán decisivos en la carrera presidencial estadounidense que actualmente está abierta y cuyo final sigue siendo incierto.