Carrera administrativa, una necesidad inaplazable
Si hay algo muy cierto en la vida son esas frases bíblicas "el que a hierro mata a hierro muere" y el que la hace tarde o temprano la paga".
Ha sido una tradición muy censurable el que los cambios de gobierno traigan consigo también cambios en el personal que labora en la administración del Estado. Esta nociva práctica ha venido repitiéndose lamentablemente desde los albores de la República. Al principio los cambios se daban entre los liberales y los conservadores y en la actualidad los protagonistas son los arnulfistas y los perredistas. El servidor público vive, cada vez que se da un cambio de gobierno, días y semanas de justificada intranquilidad y gran angustia en cuanto a su presente y su futuro.
Cuando el anterior mandatario, por una discrepancia coyuntural, pidió la destitución de los miembros de Solidaridad " a todos los niveles" mostró intolerancia e insensibilidad social. Esta frase indicaba su intención de que aún aquellos empleados simpatizantes del partido Solidaridad que ocupaban posiciones de bajos ingresos fueran separados de sus puestos. Serviles e incondicionales del exmandatario que aún estaban en sus posiciones burocráticas después del 1ero. de septiembre siguieron destituyendo a varios miembros del partido. Afortunadamente los despidos no pudieron ser masivos porque nunca se le dio a los miembros de Solidaridad una participación amplia en el gobierno anterior.
A Leandro Avila, Secretario General de la FENASEP, le envié una carta, cuando se iniciaron los despidos de miembros de Solidaridad, manifestándole que esta actitud tomada por el gobierno perredista le abría las puertas para que los arnulfistas hicieran otro tanto y encontraran plena justificación a los cambios que ellos harían. Hoy -le decía- somos nosotros las víctimas y mañana lo serán ellos. Se sigue repitiendo la práctica de botar a panameños humildes para colocar a otros compatriotas, exclusivamente por razones de partidismo político. En muchos casos la experiencia, entrenamiento, dedicación y consagración del servidor público no se toman en cuenta y se ponen improvisados en sus puestos. No ha faltado el caso que para justificar esta situación se ofenda la dignidad del trabajador destituido. Se ha llegado inclusive a calificar de "botellas" a profesionales que ejercían cargos técnicos y de responsabilidad a entera satisfacción.
Muchas veces los gobernantes con visión de futuro legislan pensando que en el día de mañana estarán en el campo opuesto. Es decir gobernar, pero actuando, como si se fuera oposición. En nuestro país quienes han llegado a la presidencia de la República por lo regular piensan que el cargo conlleva una permanencia infinita en el mismo, de allí que gobiernan exclusivamente para sus amigos y copartidarios y se olvidan que el Presidente de la República debe serlo para toda la Nación y para todos sus habitantes. El país no pertenece a nadie, ni a ningún partido político, es de todos y así debemos entenderlo.
Desde niño cada cuatro años he venido escuchando los ofrecimientos de los políticos en los tiempos electorales sobre la necesidad imperiosa de establecer la Carrera Administrativa. Esas promesas siempre desaparecerán después del 1 de octubre, fecha en que anteriormente tomaban posesión los nuevos gobernantes.
Es indudable que los partidos políticos han avanzado mucho, son más democráticos y el caudillismo tiende a desaparecer. El ciudadano es más consciente de sus obligaciones y derechos y creo que ha llegado el momento de que esta aspiración del empleado público de lograr su estabilidad y respeto, no sólo su condición de trabajo sino a su dignidad humana, se convierta en realidad. Es impostergable el establecer la Carrera Administrativa junto con una "ley general de salarios". De los 140,000 a 150,000 empleados públicos no menos de un 80 por ciento deben quedar amparados por ella. Hasta el presente se han dado pequeños avances en el camino para lograr la estabilidad del funcionario público en algunas instituciones del Estado (Magisterio y Contraloría), pero falta todavía mucho por hacer.
Este gobierno, al igual que el anterior, aunque con menor intensidad, ha seguido lamentablemente, lo que ya es tradición política "pon al amigo y quita al que no es".
El establecimiento de una Carrera Administrativa sería, bien planificada, no improvisada, acompañada de un salario igual para quienes desempeñan iguales labores y responsabilidades, debe ser parte de una Agenda Nacional que ponga fin a lo que ha venido sucediendo en la administración pública del país desde 1903. El abuso del poder para obtener ventajas políticas a base del sometimiento del panameño que tiene que laborar en alguna institución del Estado.
Ha sido una tradición muy censurable el que los cambios de gobierno traigan consigo también cambios en el personal que labora en la administración del Estado. Esta nociva práctica ha venido repitiéndose lamentablemente desde los albores de la República. Al principio los cambios se daban entre los liberales y los conservadores y en la actualidad los protagonistas son los arnulfistas y los perredistas. El servidor público vive, cada vez que se da un cambio de gobierno, días y semanas de justificada intranquilidad y gran angustia en cuanto a su presente y su futuro.
Cuando el anterior mandatario, por una discrepancia coyuntural, pidió la destitución de los miembros de Solidaridad " a todos los niveles" mostró intolerancia e insensibilidad social. Esta frase indicaba su intención de que aún aquellos empleados simpatizantes del partido Solidaridad que ocupaban posiciones de bajos ingresos fueran separados de sus puestos. Serviles e incondicionales del exmandatario que aún estaban en sus posiciones burocráticas después del 1ero. de septiembre siguieron destituyendo a varios miembros del partido. Afortunadamente los despidos no pudieron ser masivos porque nunca se le dio a los miembros de Solidaridad una participación amplia en el gobierno anterior.
A Leandro Avila, Secretario General de la FENASEP, le envié una carta, cuando se iniciaron los despidos de miembros de Solidaridad, manifestándole que esta actitud tomada por el gobierno perredista le abría las puertas para que los arnulfistas hicieran otro tanto y encontraran plena justificación a los cambios que ellos harían. Hoy -le decía- somos nosotros las víctimas y mañana lo serán ellos. Se sigue repitiendo la práctica de botar a panameños humildes para colocar a otros compatriotas, exclusivamente por razones de partidismo político. En muchos casos la experiencia, entrenamiento, dedicación y consagración del servidor público no se toman en cuenta y se ponen improvisados en sus puestos. No ha faltado el caso que para justificar esta situación se ofenda la dignidad del trabajador destituido. Se ha llegado inclusive a calificar de "botellas" a profesionales que ejercían cargos técnicos y de responsabilidad a entera satisfacción.
Muchas veces los gobernantes con visión de futuro legislan pensando que en el día de mañana estarán en el campo opuesto. Es decir gobernar, pero actuando, como si se fuera oposición. En nuestro país quienes han llegado a la presidencia de la República por lo regular piensan que el cargo conlleva una permanencia infinita en el mismo, de allí que gobiernan exclusivamente para sus amigos y copartidarios y se olvidan que el Presidente de la República debe serlo para toda la Nación y para todos sus habitantes. El país no pertenece a nadie, ni a ningún partido político, es de todos y así debemos entenderlo.
Desde niño cada cuatro años he venido escuchando los ofrecimientos de los políticos en los tiempos electorales sobre la necesidad imperiosa de establecer la Carrera Administrativa. Esas promesas siempre desaparecerán después del 1 de octubre, fecha en que anteriormente tomaban posesión los nuevos gobernantes.
Es indudable que los partidos políticos han avanzado mucho, son más democráticos y el caudillismo tiende a desaparecer. El ciudadano es más consciente de sus obligaciones y derechos y creo que ha llegado el momento de que esta aspiración del empleado público de lograr su estabilidad y respeto, no sólo su condición de trabajo sino a su dignidad humana, se convierta en realidad. Es impostergable el establecer la Carrera Administrativa junto con una "ley general de salarios". De los 140,000 a 150,000 empleados públicos no menos de un 80 por ciento deben quedar amparados por ella. Hasta el presente se han dado pequeños avances en el camino para lograr la estabilidad del funcionario público en algunas instituciones del Estado (Magisterio y Contraloría), pero falta todavía mucho por hacer.
Este gobierno, al igual que el anterior, aunque con menor intensidad, ha seguido lamentablemente, lo que ya es tradición política "pon al amigo y quita al que no es".
El establecimiento de una Carrera Administrativa sería, bien planificada, no improvisada, acompañada de un salario igual para quienes desempeñan iguales labores y responsabilidades, debe ser parte de una Agenda Nacional que ponga fin a lo que ha venido sucediendo en la administración pública del país desde 1903. El abuso del poder para obtener ventajas políticas a base del sometimiento del panameño que tiene que laborar en alguna institución del Estado.