Carreras saturadas
Con muy buen criterio, la Universidad de Panamá está adelantando un estudio para identificar las carreras saturadas, el cual está a cargo de su Dirección de Planificación. El mismo trabajo indicará cuáles ofrecen mayor posibilidad de trabajo. Los datos preliminares apuntan a carreras relacionadas con el turismo, los puertos, el sistema multimodal y la enseñanza del Inglés, como de buenas perspectivas, al contrario de otras como administración pública, comercio, educación y derecho, que están repletas. La abogacía, por ejemplo, ofrece hoy día más de 12 mil profesionales del ramo; y cada año nuestras 35 universidades continúan graduando más.
El estudio tiene sus complejidades. No sólo ha de atender el aspecto poblacional de tal o cual profesión por cada mil habitantes, sino también analizar otros marcos de evaluación. Por ejemplo, hay que examinar la oferta de empleos, la cual obliga a los autores del estudio a considerar otras fuentes, tales como la Contraloría y su Dirección de Estadísticas y Censo, y el Ministerio de Comercio con su registro de empresas.
Porque si atendiera sólo al criterio poblacional, se podría llegar a resultados equívocos. Ese podría ser el caso de carreras como la medicina que, seguramente, arroja un déficit; pero que el la práctica no es tal, dada la preferencia por el ejercicio en zonas urbanas; pero no en sitios apartados, por más necesitados que estén de sus servicios. En el último caso, los egresados dependerían de nombramientos en el gobierno, con sus limitaciones presupuestarias, incapaces de proveer una adecuada oferta de salud a vastos núcleos de gente desamparada.
La evaluación, pues, no es fácil. ¿Cuántos hoteles hay para emplear a los centenares de graduados de turismo? Y en el mismo caso, peor es la situación si no dominan otros idiomas, como suele ocurrir. Eso agrega al problema otro factor, que es cualitativo, lo que indica que, en una situación de aparente saturación, bien puede existir una amplia gama de oportunidades si la oferta de graduados supera la calidad usual. El mercado no es ajeno a esta realidad y de allí la explosión actual de maestrías y post-grados.
Otro aspecto es la tradicional orientación del currículo hacia la búsqueda de un empleo y no hacia el desarrollo de una empresa propia generadora de más y mejores oportunidades.
De cualquier modo, pese a sus limitaciones, el esfuerzo es bueno, oportuno y necesario. Ya es hora de que nuestros jóvenes cuenten con una guía que los oriente sobre las posibilidades que ofrece el mercado para las distintas alternativas de estudio.
El estudio tiene sus complejidades. No sólo ha de atender el aspecto poblacional de tal o cual profesión por cada mil habitantes, sino también analizar otros marcos de evaluación. Por ejemplo, hay que examinar la oferta de empleos, la cual obliga a los autores del estudio a considerar otras fuentes, tales como la Contraloría y su Dirección de Estadísticas y Censo, y el Ministerio de Comercio con su registro de empresas.
Porque si atendiera sólo al criterio poblacional, se podría llegar a resultados equívocos. Ese podría ser el caso de carreras como la medicina que, seguramente, arroja un déficit; pero que el la práctica no es tal, dada la preferencia por el ejercicio en zonas urbanas; pero no en sitios apartados, por más necesitados que estén de sus servicios. En el último caso, los egresados dependerían de nombramientos en el gobierno, con sus limitaciones presupuestarias, incapaces de proveer una adecuada oferta de salud a vastos núcleos de gente desamparada.
La evaluación, pues, no es fácil. ¿Cuántos hoteles hay para emplear a los centenares de graduados de turismo? Y en el mismo caso, peor es la situación si no dominan otros idiomas, como suele ocurrir. Eso agrega al problema otro factor, que es cualitativo, lo que indica que, en una situación de aparente saturación, bien puede existir una amplia gama de oportunidades si la oferta de graduados supera la calidad usual. El mercado no es ajeno a esta realidad y de allí la explosión actual de maestrías y post-grados.
Otro aspecto es la tradicional orientación del currículo hacia la búsqueda de un empleo y no hacia el desarrollo de una empresa propia generadora de más y mejores oportunidades.
De cualquier modo, pese a sus limitaciones, el esfuerzo es bueno, oportuno y necesario. Ya es hora de que nuestros jóvenes cuenten con una guía que los oriente sobre las posibilidades que ofrece el mercado para las distintas alternativas de estudio.