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Carta abierta


Vivimos en un país pequeño, todos nos conocemos perfectamente; tenemos una vida relativamente fácil; un clima moderado; una atmósfera sana todavía; un futuro promisorio, si nos imponemos la obligatoriedad de podernos entender. Sí; eso aprendí desde que nací dentro de un hogar honorable y feliz, donde reinaba la paz y la tolerancia sin abuso. Sí; es necesario que los grupos humanos laborales, a quienes toca producir riqueza sepan que tienen la obligación de saberse entender. No es cuestión de obligar a nadie al diálogo, por decir así. Es tener conciencia de que nuestra primordial obligación social es saberse entender.
Todo no se consigue en un día, ni de una sola vez; pero desde muy pronto me enseñaron mis padres que lo ideal para mantener la paz en la familia es saberse entender. ¿Y qué es saberse entender? Es la actitud mental dispuesta a llegar a acuerdos que ayuden a ambas o varias personas a conseguir la paz. Es cuestión de postura social, actitud pública, conciencia ciudadana, perspectiva de futuro y necesidad de convivir en paz y de la mejor manera posible dentro de nuestra cultura.
Paz es paz. Es orden y disciplina. Cuidar lo que tenemos y mejorarlo; todo por el bien de todos. No miremos si ello nos hace ricos o no. Por lo menos tenemos que aspirar primero a vivir en paz y luego con ojos más claros y mentes amplias convenir juntos lo necesario para obtener más de nuestro trabajo. Esa es la responsabilidad de todos; la obligación generalizada de los sindicatos y empresarios.

101 años de Panamá América

 
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