Carta abierta a los candidatos
Compatriotas: Asumiendo el sentido de Patria que los anima, y que tantos panameños auténticos compartimos, permítasenos algunas reflexiones en esta hora de consolidación de la nacionalidad. Las consideraciones que nos permitimos a continuación, asumen igualmente que no todo estuvo mal antes ni después de octubre de 1968, y que la herencia anarquizante de múltiples grupos, ha dificultado el esfuerzo necesario para enfrentarlos problemas gravísimos del desempleo, la corrupción, la inseguridad, la improvisación y el endeudamiento.
Ojalá que, a partir del próximo mes de mayo, pueda el ganador de las elecciones rodearse de personas con la mayor ética, preparación y demostrado civismo. Sólo así podremos elevarnos a base de lo mejor de nosotros mismos, y de los auténticos valores que sí poseemos, tanto en responsabilidad como decencia, lucidez y trabajo constructivo. Para no hablar siquiera de la permanente búsqueda de la verdad, con la sencillez y humildad del verdaderamente sabio.
Por supuesto que la resolución de nuestros males endémicos no se encuentra expedita ni simplísticamente en más leyes, sobre todo cuando tantas buenas ni se conocen ni se cumplen, y por tanto es como si no existiesen. Lo que impostergablemente requerimos es la gestión de un auténtico equipo de gobierno, y de grupos consultivos pequeños, tal vez remunerados a base de su asistencia a reuniones de trabajo del más alto nivel.
Sin prejuicios de edad, al Consejo de Ancianos de culturas milenarias, podemos los panameños aportar la idea novedosa de un balance de edades y especialidades, en que se conjuguen la experiencia y las últimas proyecciones académicas y tecnológicas, dentro de indispensable y estricto marco, a la vez ético y racionalista.
A los múltiples diagnósticos que desde hace mucho tenemos, producto de completos estudios efectuados por nacionales y extranjeros, podrán entonces seguir las ejecutorias realistas, balanceadas, y alejadas de la frecuente demagogia proselitista pasajera de tantos que se autodenominan políticos. Por su parte, éstos suelen hacer cálculos pingües de una inversión económica riesgosa... frente a un electorado justificadamente incrédulo, maleado y, no pocas veces, también calculador y oportunista
Estos y aquéllos, no pocas veces verdaderos delincuentes de cuello y corbata como sabemos, únicamente buscan aplacar su insaciable apetito de lo puramente crematístico personalísimo. Ampliamente reconocidos, se trata de los eternos bombines o arribistas cínicos y consuetudinarios que tanto daño hacen al país y, naturalmente, al prestigio de quienes inevitablemente conllevan la responsabilidad final de cada gestión de gobierno.
La alianza entre el PRD y el PP es la única que logra acceso a las dos corrientes en las que se dividió el país durante los últimos 35 años.
El PP-PDC representa el civilismo democrático que luchó por la moral en la política, por una democracia real y por los derechos humanos. Estuvo en la vanguardia de la lucha durante los 21 años del régimen militarista.
Por su parte, el PRD fue el principal apoyo político del gobierno que logró mediante los Tratados Torrijos-Carter levantar las graves limitaciones que la Convención de 1903 le impuso a nuestra soberanía e independencia y se esforzó por ampliar las aspiraciones sociales de los sectores más pobres y vulnerables de nuestra población.
En alianza estos dos partidos cubren "con un velo del pasado el calvario y la cruz", como hicieron nuestros próceres conservadores y liberales después de la cruenta Guerra de los Mil Días. Se unen para poder emprender la tarea de construir una democracia incluyente con creciente desarrollo humano para todos los panameños y panameñas, de igual manera que nuestros próceres se unieron para llegar a ser por fin una república independiente "en el campo feliz de la unión". Esta es la única alianza que no excluye por adelantado a ningún sector de nuestro pueblo. Es realmente nacional.
Los perredistas que voten por Martín Torrijos con su papeleta tricolor y los populares e independientes que voten por él para presidente con la Estrella Verde del Partido Popular pueden hacerlo con la conciencia de haber cumplido con su deber de ciudadanos. Demuestran así la voluntad de darle al país no la repetición de un presente frustrante, ni un pasado convertido en prisión de nuestra libertad de asociación y creatividad, sino un futuro de plena libertad y mucha más equidad. Cada votante sólo puede escoger un partido por cada boleta de votación. Si escoge más de un partido para votar por presidente, o por legisladores, o por alcalde o por representante, su voto será anulado en la votación correspondiente.
Pero puede escoger candidatos de diferentes partidos para las cuatro diferentes votaciones. Lo veremos en el próximo artículo.
Ojalá que, a partir del próximo mes de mayo, pueda el ganador de las elecciones rodearse de personas con la mayor ética, preparación y demostrado civismo. Sólo así podremos elevarnos a base de lo mejor de nosotros mismos, y de los auténticos valores que sí poseemos, tanto en responsabilidad como decencia, lucidez y trabajo constructivo. Para no hablar siquiera de la permanente búsqueda de la verdad, con la sencillez y humildad del verdaderamente sabio.
Por supuesto que la resolución de nuestros males endémicos no se encuentra expedita ni simplísticamente en más leyes, sobre todo cuando tantas buenas ni se conocen ni se cumplen, y por tanto es como si no existiesen. Lo que impostergablemente requerimos es la gestión de un auténtico equipo de gobierno, y de grupos consultivos pequeños, tal vez remunerados a base de su asistencia a reuniones de trabajo del más alto nivel.
Sin prejuicios de edad, al Consejo de Ancianos de culturas milenarias, podemos los panameños aportar la idea novedosa de un balance de edades y especialidades, en que se conjuguen la experiencia y las últimas proyecciones académicas y tecnológicas, dentro de indispensable y estricto marco, a la vez ético y racionalista.
A los múltiples diagnósticos que desde hace mucho tenemos, producto de completos estudios efectuados por nacionales y extranjeros, podrán entonces seguir las ejecutorias realistas, balanceadas, y alejadas de la frecuente demagogia proselitista pasajera de tantos que se autodenominan políticos. Por su parte, éstos suelen hacer cálculos pingües de una inversión económica riesgosa... frente a un electorado justificadamente incrédulo, maleado y, no pocas veces, también calculador y oportunista
Estos y aquéllos, no pocas veces verdaderos delincuentes de cuello y corbata como sabemos, únicamente buscan aplacar su insaciable apetito de lo puramente crematístico personalísimo. Ampliamente reconocidos, se trata de los eternos bombines o arribistas cínicos y consuetudinarios que tanto daño hacen al país y, naturalmente, al prestigio de quienes inevitablemente conllevan la responsabilidad final de cada gestión de gobierno.
La alianza entre el PRD y el PP es la única que logra acceso a las dos corrientes en las que se dividió el país durante los últimos 35 años.
El PP-PDC representa el civilismo democrático que luchó por la moral en la política, por una democracia real y por los derechos humanos. Estuvo en la vanguardia de la lucha durante los 21 años del régimen militarista.
Por su parte, el PRD fue el principal apoyo político del gobierno que logró mediante los Tratados Torrijos-Carter levantar las graves limitaciones que la Convención de 1903 le impuso a nuestra soberanía e independencia y se esforzó por ampliar las aspiraciones sociales de los sectores más pobres y vulnerables de nuestra población.
En alianza estos dos partidos cubren "con un velo del pasado el calvario y la cruz", como hicieron nuestros próceres conservadores y liberales después de la cruenta Guerra de los Mil Días. Se unen para poder emprender la tarea de construir una democracia incluyente con creciente desarrollo humano para todos los panameños y panameñas, de igual manera que nuestros próceres se unieron para llegar a ser por fin una república independiente "en el campo feliz de la unión". Esta es la única alianza que no excluye por adelantado a ningún sector de nuestro pueblo. Es realmente nacional.
Los perredistas que voten por Martín Torrijos con su papeleta tricolor y los populares e independientes que voten por él para presidente con la Estrella Verde del Partido Popular pueden hacerlo con la conciencia de haber cumplido con su deber de ciudadanos. Demuestran así la voluntad de darle al país no la repetición de un presente frustrante, ni un pasado convertido en prisión de nuestra libertad de asociación y creatividad, sino un futuro de plena libertad y mucha más equidad. Cada votante sólo puede escoger un partido por cada boleta de votación. Si escoge más de un partido para votar por presidente, o por legisladores, o por alcalde o por representante, su voto será anulado en la votación correspondiente.
Pero puede escoger candidatos de diferentes partidos para las cuatro diferentes votaciones. Lo veremos en el próximo artículo.