Carta abierta a los candidatos Balbina, Martinelli y Endara
En la edición del lunes 2 de marzo (Pág. 16 de Panamá América), se destacan las estrategias sobre seguridad, planes y programas de acción por separado de los tres candidatos presidenciales. Estas se dan en el marco de la etapa final y decisiva de la campaña política electoral que culmina el 3 de mayo. Los planteamientos nos parecen divagantes, no suficientemente claros y firmes sobre la conducción constitucional de la Fuerza Pública.
Las tres estrategias entre sí son semejantes; no obstante, llama la atención que ninguna de las tres aborda ni elabora sobre el tema obligado e ineludible, tácito, fundamental y que ante la ausencia del mismo, todo el contenido teórico y promesas publicadas resultarían, en la práctica, letras muertas o estériles. Me refiero si continuaremos con el director uniformado salido de las filas del escalafón policial, como ocurre hoy; o retornaremos al modelo ¡del desgaste! de la conducción de la Policía Nacional por un ciudadano advenedizo, miembro de un partido político, o cualquier persona ajena a la carrera policial?
¿Cómo es imposible aceptar que ustedes, honorables candidatos, no hayan tenido presente ese punto tan evidente y controversial al declarar? Nos obligan a pensar que vuestra estrategia, que aparece en el diario Panamá América, es de frágil credibilidad, o se trata de una réplica a manera de guión con propósitos sólo para pasar el trance electoral y después hacen de la institución una palanca o invencible herramienta política.
Invito a meditar sobre: El modelo de los directores civiles ajenos a la carrera policial que funcionó. ¡Pos invasión era imprescindible! Al pasar el tiempo, la fuerza de la realidad ante el repunte precipitado de la inseguridad y delincuencia, el modelo ¡colapsó! En consecuencia, haber insistido en mantener esta fórmula por demasiado tiempo causó grave daño y desmejoramiento institucional y moral, sobre todo, en la Policía Nacional; más el derrumbe de la seguridad nacional como resultado, y pagando las consecuencias la ciudadanía.
Es verdad que estuvieron en el cargo de directores ciudadanos probos y consagrados, pero fueron pocas excepciones. Sin embargo, al predominar en la jefatura civiles empíricos, degeneró en el estilo pernicioso de conducir la institución con el estilo del "Padrino" al frente, en vez de un director profesional. Por ello, varios altos oficiales incurrieron en faltas graves de corrupción y la proliferación de grupos que buscaban ventajas de unos sobre otros. Los "Padrinos" al frente de la Policía desquebrajaron la moral institucional y lastimaron el principio de "Orgullo Profesional y Espíritu de Cuerpo". Dirigían no por la autoridad que da la experiencia y el nivel de la experticia profesional policial, sino más bien por valiosos obsequios, favores, favoritismo y paternalismo.
Las democracias se distinguen por el respeto a la Constitución y Ley; nadie puede estar sobre éstas, ni siquiera los presidentes. Las armas de la república nunca deben ser controladas al antojo y conveniencia de fuerzas políticas. El ex tres veces Presidente de Colombia y cerebro embrionario de la Carta de las Naciones Unidas (OEA), Alberto Lleras Camargo, expresó: "En nuestra América de Sangre Caliente la Fuerza Pública debe mantenerse distante de la pasión envolvente que generan las campañas Políticas, Serenas y con la Cabeza Fría, atentas a la prudencia que indica la Constitución; la Corte Suprema de Justicia y la Iglesia Católica, prestas a imponer el orden y la convivencia pacífica".
Finalmente, deseo llamar la atención de los presidenciables, que retornar a la figura de los directores civiles o ajenos al escalafón Institucional. El tiempo inmediato demostraría, ante el desenfreno de la violencia e inseguridad, que fue un acto de soberbia y grave irresponsabilidad política.