default

Carta de madre angustiada


Queridísimo hijo:

Tu actual bonanza económica, me preocupa.

Levantado como fuiste en un hogar de escasos recursos cuando te graduaste de Bachiller en Ciencias, no pudimos ofrecerte apoyo en tus aspiraciones, tu finado padre y yo, para que emprendieras estudios universitarios para hacerte médico.

Mucho nos satisfizo y agradecimos que hubieras comprendido y aceptado con humildad y resignación muestras explicaciones de que esa es una carrera que requiere la adquisición de libros muy costosos y fuera de nuestro alcance.

No obstante nuestras limitaciones económicas, desde hace ya dos años has venido mostrando una prosperidad impresionante.

Te agradezco mucho la casa que me compraste y los excelentes regalos que me has hecho, pero me intriga que a mis preguntas sobre tus ingresos te limites a contestarme que haces buenos negocios, pero esquivas decirme en qué consisten.

Eso, desde algún tiempo acá, ha venido a preocuparme seriamente. Perdóname, hijo mío, pero he llegado a pensar que andas mal encaminado. Y no es ya solamente angustia. A veces pienso en ti, aterrorizada. El corazón me dice que estás en un negocio peligroso.

A diario la prensa da cuenta de homicidios de personas torturadas cuyos cadáveres fueron encontrados en una zanja o en un  matorral. Y me avergüenza y tortura la idea de que uno de esos pueda ser tú cualquier día.

Perdóname, hijo mío, si estoy equivocada. Y si no, abandona ese negocio.

Te abraza con lágrimas en los ojos, tu madre.

La autora de esa carta tiene razón. Entre los narcotraficantes abundan los homicidios. Y es que los que por ambición se hermanan en un negocio vil y en el pecado y la ignominia, a la largan rompen y se destrozan entre sí.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América