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Carter, un hombre de paz


En aquel día de diciembre de 1999, la gente e invitados especiales se habían congregado frente al Canal Interoceánico para observar un acto simbólico: la entrega de la vía acuática a manos panameñas. Como Bill Clinton no se atrevió a llegar al istmo, mandó a Jimmy Carter a “terminar con su legado”.
Carter visitó nuevamente a Panamá, para presenciar la retirada norteamericano del suelo istmeño. Feliz, el ex presidente de Estados Unidos dio sus felicitaciones a la Presidenta Mireya Moscoso, y deseó suerte a nuestra nación en su nuevo reto de ser verdaderamente soberanos y libres. Cientos de personas aplaudieron al ex presidente por su presencia.
Mucho antes, en 1977, igual situación se vio cuando Carter llegó a Panamá y se paseó en un auto descapotable blanco por la Avenida B con el General Omar Torrijos. La euforia de los panameños era tal que el entonces presidente de la nación más poderosa del mundo se levantó y saludo a la multitud.
Es una ironía que un ex presidente norteamericano como Carter sea más amado fuera de su país y tan rechazado dentro de su patria. Quizás a los estadounidenses derechistas no les gustó para nada que entregara el Canal Interoceánico y la antigua franja llamada “zona”, pero para muchos en América Latina el legado del “hombre de la eterna sonrisa” ha servido para defender las causas justas y la defensa de los derechos humanos.
Para gran cantidad de personas, Jimmy Carter merecía desde hacía tiempo ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Desde que firmó los Tratados del Canal de Panamá y de Neutralidad de septiembre de 1977, que pusieron fin al colonialismo estadounidense en nuestro territorio, ya la comunidad internacional había sugerido que se le otorgara el ilustre reconocimiento al ex gobernante norteamericano.
222Es una ironía que un ex presidente norteamericano como Carter, sea más amado fuera de su país y tan rechazado dentro de su patria.
Carter fue el primer presidente de Estados Unidos desde 1932 que no pudo obtener su reelección y tuvo que abandonar la Casa Blanca luego de un período. Como cuenta la BBC, el ex mandatario, en vez de retirarse a jugar al golf o dar conferencias por un precio módico, recordó el ejemplo de su madre Lillian, quien a los 68 años se unió a los Cuerpos de Paz y se fue como voluntaria a la India por dos años, y comenzó a transformarse en el “mejor ex presidente” que haya tenido la primera potencia.
Impulsado por una mezcla de espíritu cristiano y tradición liberal, el clérigo protestante de la iglesia bautista protagonizó decenas de misiones internacionales. Su nombre era respetado en Medio Oriente tras la firma en Camp David en 1978 del acuerdo por el cual Egipto reconocía al Estado de Israel.
Carter fundó en Atlanta el centro de investigaciones políticas que lleva su nombre. Su trabajo ha contribuido para monitorear procesos eleccionarios en países con escasa tradición democrática o viciados por denuncias de fraude. A sus denuncias en el pasado contra el régimen de Manuel Noriega en Panamá en 1989 y sus esfuerzos para que el régimen sandinista en Nicaragua llamara a elecciones, se han sumado este año sus visitas a Cuba y a Venezuela.
En Caracas, él y su organización intentaron acercar al gobierno del presidente Hugo Chávez con la oposición. En La Habana, Fidel Castro le permitió realizar un discurso en vivo que se transmitió a todos los cubanos, en el que el ex mandatario defendió el respeto por los derechos humanos y apoyó los intentos de apertura del régimen.
Según los analistas internacionales, el Premio Nobel otorgado a Carter cae en un mal momento para Bush y su campaña contra el terrorismo. El ex presidente demócrata ha anunciado abiertamente su rechazo al uso de la fuerza contra Bagdad, para forzar el desarme de ese país árabe. Por otro lado, Carter se convertirá también en un contrapeso dentro de la opinión pública interna dentro de Estados Unidos. Recordemos que el mundo considera al ex mandatario un defensor del multilateralismo (es decir, el consenso de todas las naciones para enfrentar los problemas globales), mientras que George Bush y los consecuentes gobiernos republicanos son el paradigma del unilateralismo (o sea, la defensa primero de los intereses propios de Washington, antes que combatir los problemas del resto del mundo).

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