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Casa por cárcel


Es cierto que nuestras cárceles son submundos dantescos. Es cierto que hay que atender urgentemente las situaciones injustificables e inhumanas que suceden cotidianamente en nuestros centros penales. Pero hay otro grupo que ha sido condenado injustamente a una cadena perpetua de "casa por cárcel". Son nuestros pobres. Nuestros conciudadanos más humildes muchas veces se ven forzados a encerrarse en sus casas apenas regresan de sus trabajos porque el hampa se ha tomado las calles. Mientras los panameños y las panameñas honestos y trabajadores, tienen que enrejar sus casas y comprarse perros, los malhechores se pasean frente a sus ventanas embarrotadas campeando sus armas y joyas mal habidas como un insulto a la honestidad y al respeto de la Ley. En estos barrios en donde la Policía no se atreve a entrar a imponer la Ley y el orden, no se puede ser vecino vigilante porque los maleantes vigilan a los vecinos y hacen pagar muy caro el colaborar con la autoridad. En estos barrios en donde viven miles de panameños, que solo quieren disfrutar la vida que se ganan honestamente, ir a la tiendita puede ser una aventura mortal. La ley de la selva se impone; la Ley no es más fuerte, el más fuerte es la Ley. Otro caso patético es el de jóvenes de esas barriadas que deciden incorporarse a las fuerzas de la Ley. De día pueden ser orondos agentes del orden público, pero al llegar a su casa deben pasar de incógnitos a riesgo de ser muertos o captados por las pandillas y bandas que dominan en lugar.
Sólo una política sostenida de "Mano Inteligente" contra la delincuencia y de acoso a los criminales puede liberar a cientos de miles de panameños de esa injusta, inhumana, degradante y canallesca condena de casa por cárcel en cadena perpetua.
MarViva apoya las labores de patrullajes en el parque. El año pasado fueron 220 los recorridos.
Se trata de una flota de dos embarcaciones facilitadas por MarViva y equipadas con tecnología avanzada para monitoreo.
Son los patrullajes la herramienta capaz de detener la pesca ilegal y según Etchelecu, la efectividad ha sido tal, que en los últimos seis meses no se ha reportado ningún caso.
Moreno, por su parte, explicó la misión de MarViva mediante una analogía. "MarViva es el taxi". Significa que los funcionarios de ANAM son los encargados de abordar los barcos detectados en actividades ilegales.
El primero al turno de las exposiciones fue justamente Moreno. Mientras explicaba a un grupo de periodistas de diversos medios de comunicación las bondades de Coiba, personal de un crucero alistaba las mesas para el banquete.
Estaba atracado un barco con capacidad para 90 turistas. Desembarcaron 70, entre mujeres y hombres de diversas nacionalidades.
En cuestión de minutos, los manteles, el azúcar en medio de la mesa y la barbacoa estaban preparados para la comida. Los visitantes llevan sus víveres y utilizan las instalaciones de la Estación Biológica de ANAM para el convivio.
Fue allí donde conocimos Roger Van Darre, el capitán de nacionalidad francesa. No tardó en ser abordado por los periodistas y aprovechó para aclarar que de "español, nada"..
Con ésta, son 17 las veces las que ha estado en Coiba. Ha visitado la isla con sus hijos y esposa y asegura que cada vez descubre algo diferente.
En esta expedición estuvo en Cristóbal, San Blas, el Canal de Panamá, Darién, Coiba, Marenco y Puerto Caldera, en Costa Rica.
La relación de Roger con Panamá es estrecha. Conoce incluso a sus indígenas y por ellos muestra una pasión singular. "Me gustan más los emberá que los kunas porque son menos sofisticados", dijo en su inglés con marcado acento francés.
Lo que dice es que los kunas han hecho suya una frase de todos conocida: "one dollar, one dollar". Tomarles una foto tiene su precio, verlos, sonreírles y hablarles, también.
Después de 17 veces no es de sorprender que Roger se sienta como en casa. Tan es así, que para su próxima visita ya tiene encargos.


A Roger, unos emberá le escribieron una carta pidiéndole una pelota de baloncesto, eso, después de haberles traído medicina para la malaria, la fiebre y el resfriado.
Roger seguía conversando amenamente. Al fondo, todo estaba listo. El color de la carne de hamburguesa en la barbacoa anunciaba que podían formar la fila, por lo que el capitán hizo lo propio.


Además de los patrullajes, MarViva participa activamente en la discusión del proyecto de Ley No. 139 que prohíbe el aleteo de tiburones y que fue aprobado en primer debate en diciembre pasado.
Amelie González, abogada de la fundación, aclaró que no se trata de prohibir la pesca de tiburones, sino más bien de "que se aproveche adecuadamente".
Según González, a la fecha hay buen ambiente y ella confía en que pronto los diputados la aprueben, pero mientras tanto conviene saber de qué se trata.
Al año mueren unos 200 millones de tiburones en el mundo, se estima que la mitad de éstos son por la práctica del aleteo que consiste en "cortar las aletas del cuerpo del tiburón y botarlos los cuerpos o vástagos de los mismos al mar sin aprovecharlos".



101 años de Panamá América

 
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