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Casaldáliga y la deuda


Por respeto, no me gusta meterme con el clero, pero cuando se abusa de la situación jerárquica y se confunde a la gente, es obligación dar respuesta. Hago uso del derecho que me confiere la moral de rebatir al obispo en un campo que no es de su competencia profesional y donde no es, de hecho, competente. Los puntos de vista de Don Pedro son muy comunes en ciertas tendencias dentro de la Iglesia que la desprestigian enormemente. Su clase de Teología de la Liberación ya ha recibido los debidos comentarios de Roma. Don Pedro dice: "El mayor crimen del capitalismo. Guerra, dominación, crimen, por otro lado, clínicamente justificados en el Derecho Internacional: se trata de una deuda, y deuda es un deber y un derecho, y las deudas se pagan...". Esta embarullada y extrema hipérbole da la tónica a su furiosa diatriba. Dice que en su país el servicio de la deuda es de 11 mil millones de dólares por año. Lo que no dice es que son los mismos brasileños quienes contrajeron irresponsablemente tan monstruosa deuda. Tampoco dice que esa deuda se puede comprar a una fracción de su costo en el mercado y que otros países han estado haciendo eso. No habla de una administración conservadora y seria de las finanzas públicas en un país notorio por su irresponsabilidad financiera.
Dice que "Por causa de la deuda, no podemos hacer Reforma Agraria, por causa de la deuda, no podemos atender ni la salud ni la educación ni los salarios." No dice que la irresponsabilidad de sus gobiernos mercantilistas y violadores de los preceptos económicos y los intereses sociales ha malgastado sus recursos en una florida "burrocracia", por lo que no llega a los pobres. Siempre es más fácil culpar a otros que mirar la viga en el ojo propio. Hablando así, le sugiero hacer un examen cuidadoso de su propio actuar. Dice que: "Las iglesias históricas, en este país, sin populismo, ni irresponsabilidades, por principios éticos y por exigencia evangélica elemental, ya declararon conjuntamente que la deuda externa es inmoral: no puede ser pagada, ni debe ser pagada." Eso han declarado. La Iglesia Católica, si no las otras, es infalible en asuntos de dogma y de moral. Aquí no está en juego, de manera directa, dogma alguno, pero sí la moral. No dudo que se han basado en principios morales válidos y verdaderos, pero sí se han fundado en percepciones de economía política erradas y, por lo tanto, sus errores nacen, no de sus principios morales, sino de su ignorancia económica. Es necesario aclarar esto para salvar el dogma. La referencia al populismo y la irresponsabilidad parecen ser confesión de parte. Es difícil ser un obispo y no darse cuenta de que su posición es éticamente insostenible y que no hay nada de evangélico en su posición.
Con la peor demagogia dice que: "...el sentido común y las estadísticas honestas saben muy bien que ya pagamos esa deuda, con intereses de expoliación, miseria y muerte". Y termina con una barbaridad, no solamente económica y política, sino teológicamente dudosa: "Si alguna solidaridad conjunta puede salvar a nuestra América del colapso económico y social al cual el primer mundo y sus mecanismos nos condenan, ella sería la voluntad conjugada, latinoamericanamente unida, de no pagar la deuda externa". La culpa del desastre latinoamericano no es de "los otros", sino nuestra. Le recomiendo la lectura humilde de "El Perfecto Idiota Latinoamericano". Nosotros sí podemos salir de la deuda y poner orden en casa, aunque primero tenemos que comenzar a ser responsables y a caminar en la verdad. Pero mi preocupación teológica es en referencia a la "salvación" en el contexto de "si alguna solidaridad conjunta" y de que "ella sería la voluntad conjugada, latinoamericanamente unida, de no pagar la deuda externa".
La solidaridad que necesitamos que nos una, es la del amor fraterno, aun a los enemigos, hasta la muerte, la de Jesús, que así nos amó. Esto no lo percibo en la diatriba de Don Pedro. Nuestra salvación no está en la lucha en contra de dominadores particulares, aunque fuesen reales, sino en contra de los espíritus de dominio y poder, de juicio y de envidia, que ciertamente son nuestros peores enemigos.

101 años de Panamá América

 
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