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Casi un siglo


Hoy, 3 de noviembre, Panamá cumple un año más de vida republicana. Este mes -sin duda el más representativo del calendario histórico nacional- resulta apropiado para repasar eventos importantes y que ocurrieron en suelo istmeño a la par de cinco siglos.
Luego que Rodrigo de Bastidas pisara territorio panameña en 1501 -y que Cristóbal Colón llegara luego a nuestras costas por ese estrecho paso marinero que se da entre Boca del Drago y tierra firme- empezó una larga cadena de sucesos que definieron, poco a poco, los rasgos autóctonos que nos caracterizan como pueblo.
En 1513 se empaparon los conquistadores españoles en las aguas de un mar desconocido, y desde alguna rada del Pacífico darienita zarparon naves y marinos para subyugar -en nombre de la Fe- culturas milenarias que se hallaban hacia el sur.
Poco a poco afloraron poblados por doquier. Drake arrasó Nombre de Dios, convirtiendo a Portobelo en el principal embarcadero para enviar las riquezas mal habidas a la Corte de Castilla. Allí se dieron ferias memorables al pie de un Caribe turbulento, mientras se mezclaban nobles, cimarrones y piratas durante el tiempo que duraban los festejos. Luego Morgan saqueó a Nuestra Señora de la Asunción de Panamá, forzando el traslado de la primera ciudad que se fundara a orillas del Pacífico americano hacia la localización que la distingue hoy.
Así fuimos madurando en nuestro andar, hasta que el 28 de noviembre de 1821 nos independizamos de España y sus caprichos. Bolívar, quien soñaba con una América grande y poderosa, celebró en Panamá un congreso memorable donde nos declararon capital del mundo entero.
222 ...mal podremos construir nuestro destino si en el país vaga aún el fantasma de la envidia y el horror del egoísmo.
Muerto el Libertador se desbancó la alianza, quedando nuestro pueblo como parte de Colombia. Durante 82 años anhelamos liberarnos. Entre tanto crecía nuestra desdicha y un ferrocarril de oro cruzaba el suelo patrio.
El 3 de noviembre de 1903, y luego que los galos fracasaron en su intento de unir los dos océanos, nos separamos de un Estado para caer bajo el control de otro. Nuestra Nación recién nacida firmó, casi de inmediato y en la mano de un francés, aquel pacto a perpetuidad para construir un canal por nuestro istmo y desmembrar una zona inmensa de su entorno. Se terminó la obra colosal cuando comenzaba la primera gran guerra del planeta, mientras empeoraba una relación dispareja y prepotente que hizo crisis durante esos tristes días de enero en 1964.
El constante esfuerzo de muchos panameños para componer la desigualdad imperante culminó con los tratados de 1977. Entonces, y a partir del mediodía del 31 de diciembre de 1999, tuvimos la oportunidad de forjar solos el porvenir de este noble pueblo. Por eso hoy, cuando recién comienza noviembre, abrigo nuevamente un poco de esperanza.
Ojalá que el momento reafirme la voluntad de cumplir anhelos centenarios y trabajar así por un futuro mejor para todos los que aquí habitamos. Sin embargo, mal podremos construir nuestro destino si en el país vaga aún el fantasma de la envidia y el horror del egoísmo.
El temor de crecer solos debe darle paso a la avenencia razonada para solventar los muchos y profundos problemas que aquejan a Panamá hoy día. Mientras nos preocupemos -únicamente- en imitar sin comprender lo que emana de ese bazar descomunal en que se ha convertido el mundo ahora, descuidaremos el bienestar que merece nuestra propia casa por intentar servir a ciegas los intereses que persiguen otros pueblos.
Quizás este noviembre -luego que terminen los desfiles, y se calmen los tambores y cornetas- decidamos marchar, los panameños, al encuentro de esa ilusión buena que nace del trabajo honrado y con la cual soñaron, fervientemente, todos nuestros próceres y mártires de antaño.
(rbermudez@cableonda.net)

101 años de Panamá América

 
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