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Caso Lewinsky y el periodismo polémico


Como es bien sabido, la mayoría del público estadounidense emitió un colectivo suspiro de alivio cuando el telón cayó sobre el proceso legislativo contra el presidente William Jefferson Clinton por el caso Monica Lewinsky tras una tragicomedia que duró 18 meses y costó más de 40 millones de dólares al contribuyente.
El alivio sin embargo duró muy corto tiempo. Mientras el gran público calificaba a la prensa estadounidense como "básicamente escandalosa", los medios y los políticos parecían a punto de entrar en un nuevo alboroto con la cuestionable afirmación de Juanita Broaddrick de que fue violada por Clinton hace 21 años.
Tampoco faltó el previsible aleteo alrededor de la sugestiva "primera entrevista" televisada de Barbara Walters con la estrella del escándalo, la mismísima Monica, y el próximo libro de sus memorias, para abrir otra vorágine de comentarios y análisis que alimentan el fenómeno llamado "infotainment"-una contracción inglesa de información y entretenimiento, con el triste énfasis en lo último.
El papel del auténtico mundo de la información es obligar al periodista a "examinar cuidadosamente los hechos de los alegatos y proveer una información precisa y confiable para que la ciudadanía llegue a sus propias conclusiones", anotaron Tim Rosenstiel y Bill Kovach, dos destacados editores en un artículo publicado en The Washington Post. "Ese proceso ahora corre peligro", advierten.
La cobertura del entredicho entre el Congreso y Clinton pone en evidencia que los diarios norteamericanos violan, adulteran o traicionan sus propios estándares de ética y rigor profesional, concluye Rosenstiel, director del Proyecto para la Excelencia del Periodismo que financia los Pew Charitable Trusts, y Kovach, director de la Fundación Nieman para Periodismo de la Universidad de Harvard.
"La presión del nuevo periodismo polémico es de publicar las noticias antes de que pasen por la disciplina de la redacción-y eso es lo que debe ser el periodismo, una disciplina", aseveraron.
Por otro lado, el procurador Kenneth W. Starr y los acusadores republicanos del presidente como Tom Delay de Texas, comparten el oprobio de la opinión pública, según una investigación elaborada por la American Society of Newspaper Editors (ASNE), una asociación de directores de 875 periódicos.
Las principales conclusiones de este informe se pueden resumir así: El público cree que los diarios se mueven en procura de historias sensacionalistas simplemente porque son excitantes y entretenidas, no porque son importantes, y porque aumentan las ventas. Más aún, los lectores de diarios que han tenido alguna experiencia en el universo informativo son los más críticos sobre la credibilidad de los medios.
El 73 por ciento de los adultos es escéptico sobre la exactitud de las noticias, y el 88 por ciento cree que los diarios publican muchas informaciones sin verificación previa, sólo porque otros medios las han publicado antes y no porque sean ciertas.
Las últimas encuestas vienen a confirmar las impresiones de la calle: los demócratas están en alza y el Partido Republicano cotiza a la baja. Los líderes republicanos como Delay han tratado de rebajar el impacto de las encuestas con el argumento de que están "contaminadas" por una prensa que favorece a Clinton y al "relativismo moral" o sea que no obedece los cánones "absolutos" de la derecha cristiana.
Por su parte, el analista Thomas Patterson del Shorenstein Center on Press, Politics and Public Policy de la Universidad de Harvard, anota que "la loca carrera por la primicia", desatada por el escándalo Lewinsky y los excesos que cometieron en ella, ha puesto a los medios de comunicación en el banquillo de los acusados.
"El descrédito de los medios de comunicación ya venía en picada aún antes de que Lewinsky apareciera en el escenario", sentenció. "Pero con ella se profundizó aún más". El temor a la trivialización del periodismo fue advertido con mucha perspicacia por el famoso columnista y pensador Walter Lippman cuando escribió hace más de 80 años: "Cuando toda la información viene de segunda mano y el testimonio es incierto, el público deja de responder a la verdad y comienza a responder solo a las opiniones. Ese tipo de ambiente lo lleva a reaccionar no ante la realidad misma sino ante un seudo-ambiente de infundios, rumores y adivinanzas. Todos los puntos de referencia del pensamiento dependen de lo que alguien sostiene y no de lo que actualmente ocurre".
En ese ambiente es donde florece la mala información y la desinformación. Para detener esa tendencia es necesario que el periodismo serio continúe adhiriéndose al principio de que la información debe ser corroborada porque la profesión de informar no es lo mismo que el entretenimiento de la telenovela o de Hollywood, aunque éstos quisieran apoderarse de ese campo idóneo de los medios informativos, que para ellos no es más que otro mercado con oportunidades de buenas ganancias.

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