Castigo y cárcel
Los llamamientos a juicio y las persecuciones desatadas contra ex gobernantes y clases dirigentes en distintas partes del mundo, tienden a indicar que se ha despertado una actitud decidida a favor de la justicia entre los hombres.
Aún cuando hay casos en donde la crueldad y sevicia toman cuerpo morbosamente y se presenta una imagen que mira en el horizonte cercano los días de la guillotina francesa, hay otros casos en donde la justicia parece presentarse por los caminos de la responsabilidad, la sensatez y el equilibrio. De todos modos, pareciera darse el anuncio y la advertencia para que los dirigentes de los pueblos y naciones se miren en ese espejo y comiencen a meditar que los hechos que comentan, cuando son ilícitos o ilegales, pueden tener castigos tremendos, y en ocasiones, hasta fuera de proporciones.
El ensañamiento como es perseguido un Pinochet, de su altísimo pedestal y gloria, pasa a ser un acosado sin contemplaciones por aquellos que consideran que cometió delitos por los cuales no debe quedar impune. Fue éste un general que liderizó un ejército chileno que tenía fama de respetar los poderes constituidos y la democracia, pero ante la insurgencia de un presidente comunista que invitaba a la formación de milicias populares paralelas al ejército, decidiera sacar a su país de estas influencias, y para tales efectos, tuvo la necesidad de adoptar medidas drásticas, ya que el clima era de confrontación entre las posibilidades de un gobierno leninista militarista o un gobierno chilenamente militarista.
Los intereses de los Estados Unidos en esa ocasión, estuvieron de lado de los golpistas a quienes ahora abandonan a su suerte, igual situación vivió Noriega y la viven ahora Montesinos y Fujimori.
Los que hoy hurtan o coimean amparados por el Estado, quizás puedan aprender de estas lecciones que cada día se presentan implacablemente ante los colectivos nacionales. Algunos se salvan, pero otros pueden indefectiblemente caer en la revancha de los afectados. Lo que hicieron los generales argentinos viene saltando a la palestra pública y llenando de encarcelamientos y condenas a los militares que en alguna u otra forma se vieron envueltos en distintos sucesos de esta hermana República. La fiesta de los desquites ha llegado y comienzan a rodar las cabezas de los que en otra hora fueran presidentes de la República o jefes o dirigentes de ejércitos y de pueblos.
Esto nos indica que hay quienes corren todos los riesgos por sacar a sus pueblos de lo que en principio consideran que pueden llevarlos a hechos trágicos y quienes lejos de buenas intenciones, intentan esquilmarnos haciéndose merecedores a los castigos de los humanos.
Aún cuando hay casos en donde la crueldad y sevicia toman cuerpo morbosamente y se presenta una imagen que mira en el horizonte cercano los días de la guillotina francesa, hay otros casos en donde la justicia parece presentarse por los caminos de la responsabilidad, la sensatez y el equilibrio. De todos modos, pareciera darse el anuncio y la advertencia para que los dirigentes de los pueblos y naciones se miren en ese espejo y comiencen a meditar que los hechos que comentan, cuando son ilícitos o ilegales, pueden tener castigos tremendos, y en ocasiones, hasta fuera de proporciones.
El ensañamiento como es perseguido un Pinochet, de su altísimo pedestal y gloria, pasa a ser un acosado sin contemplaciones por aquellos que consideran que cometió delitos por los cuales no debe quedar impune. Fue éste un general que liderizó un ejército chileno que tenía fama de respetar los poderes constituidos y la democracia, pero ante la insurgencia de un presidente comunista que invitaba a la formación de milicias populares paralelas al ejército, decidiera sacar a su país de estas influencias, y para tales efectos, tuvo la necesidad de adoptar medidas drásticas, ya que el clima era de confrontación entre las posibilidades de un gobierno leninista militarista o un gobierno chilenamente militarista.
Los intereses de los Estados Unidos en esa ocasión, estuvieron de lado de los golpistas a quienes ahora abandonan a su suerte, igual situación vivió Noriega y la viven ahora Montesinos y Fujimori.
Los que hoy hurtan o coimean amparados por el Estado, quizás puedan aprender de estas lecciones que cada día se presentan implacablemente ante los colectivos nacionales. Algunos se salvan, pero otros pueden indefectiblemente caer en la revancha de los afectados. Lo que hicieron los generales argentinos viene saltando a la palestra pública y llenando de encarcelamientos y condenas a los militares que en alguna u otra forma se vieron envueltos en distintos sucesos de esta hermana República. La fiesta de los desquites ha llegado y comienzan a rodar las cabezas de los que en otra hora fueran presidentes de la República o jefes o dirigentes de ejércitos y de pueblos.
Esto nos indica que hay quienes corren todos los riesgos por sacar a sus pueblos de lo que en principio consideran que pueden llevarlos a hechos trágicos y quienes lejos de buenas intenciones, intentan esquilmarnos haciéndose merecedores a los castigos de los humanos.