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Castro y la dignidad latinoamericana


En Panamá, la X Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno se celebró en un momento histórico, caracterizado por una crisis mundial de la política. Los estrategas de Occidente cantaron loas por el derrumbe del sistema comunista internacional y afirmaron que, a partir de la derrota del "demonio" y el final de la Guerra Fría, el mundo viviría en un globalizado sistema de bienestar general. Se olvidaron que el mundo era una casa grande y que al caer uno de sus pilares, la casa se ha ido derrumbando. Y el bienestar general se ha ido concentrando, mediante políticas carentes de ética en unos cuantos palacios, mientras que crece multimillonariamente la pobreza y la miseria, en donde "más de 11 millones de niños menores de 5 años mueren cada año en el Tercer Mundo... más de 30.000 en cada día y 21, cada minuto"... dijo Fidel Castro en la Cumbre del Milenio, en la ONU.
Es obvio que en el mundo -pese a todo- hay suficientes recursos para evitar, hoy día, las hambrunas y las enfermedades más corrientes que afectan al 85 por ciento de la población, y en especial a la niñez. Pero la esencia de un sistema político estrecho, cuya "moral" consiste en lo ancho para los grandes conglomerados del capitalismo globalizado, y lo angosto para distribuir con un gotero sobre las masas pauperizadas, determina que los abismos entre millonarios y pobres sean inconteniblemente más abismales.
De nada vale que toda la producción se someta a los más adelantados mecanismos digitales, y a la mayor eficacia de ingenieros y trabajadores en general, si el sistema carece de ética.
En la época contemporánea que se abre, la ética asume un papel cada vez más preponderante, no sólo para quienes sostienen el status que del mundo unipolar, sino también para todos los que aspiran a los cambios que la sociedad mundial requiere; o sea, también para los reformadores y revolucionarios; la ética tiene una categoría superior.
No se trata, en estas cumbres, de recitar hermosas oraciones en torno a las grandes desigualdades de la humanidad, si tal discurso se hace cabalgando sobre gigantesco aparato de la explotación inmisericorde y las políticas neoliberales, mediante las cuales esas explicaciones cursan en nuestros países y van rumiando la esperanza de vida de millones de gente.
Frente a semejante situación, los pueblos tienen una alternativa. Pero tal palanca de cambio requiere poderosas masas nacionales y populares, movidas por una nueva conciencia que se base plenamente en la dignidad. Dignidad que tiene como soporte una ética realmente diáfana, no sólo poderosa, sino inconquistable.
Una saliente prueba de dignidad ha consistido en la forma como hemos concebido nuestra historia, desde 1492, a favor de los conquistadores. Falta de dignidad, por ejemplo en Panamá, ha sido la creencia que sólo podríamos existir como protectorado de los Estados Unidos, y que no manejaríamos bien el Canal, porque somos subdesarrollados. Pero como ya se ve, pudimos vencer. Hoy tenemos una sola bandera, no existen bases militares gringas, el Canal es panameño y lo manejamos mejor. Eso fue en la medida que nos inspiramos en la dignidad de Bolívar, Martí, Juárez, San Martín, Justo Arosemena, Amelia Denis de Icaza, quienes fueron la dignidad de nuestra historia.
Esta Cumbre se dio cuando en la víspera han acontecido dos importantes sucesos que resaltan la dialéctica del mundo, por un lado, y a pesar del maquillaje y el marketing de la pureza electoral de Estados Unidos, todavía no se sabe quién ganó la presidencia de ese país y andan buscando urnas perdidas, como en cualquier país atacado por el virus de los "paquetazos"... Anuncio del ocaso del imperio... Y por otro lado del planeta, en la ONU, 167 países votaron contra el bloqueo que Norteamérica aplica contra Cuba y sólo dos países votaron a favor de los norteamericanos. Es el anuncio de lo que las próximas auroras, jaladas por la dignidad de los pueblos, nos traerán. Pero tiene que darse con el sustento de la más elevada ética y el ariete de la dignidad. Dignidad, como lo ha hecho Fidel Castro, ante las más adversas tempestades que los Estados Unidos, y a veces con aliados latinoamericanos y mundiales, ha desencadenado contra Cuba y ésta no se ha rendido, sino que avanza.

101 años de Panamá América

 
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