Catástrofe en el Seguro Social
El robo descarado, la ignorancia y la mala fe ante los problemas nacionales son los tres jinetes del Apocalipsis que hunden a Panamá en un abismo sin regreso. Lo afirmamos ante la catástrofe de la Caja de Seguro Social (CSS), hoy convertida en una verdadera Caja de Pandora. Esa condición de la Caja de Seguro no es nueva, ni se debe a que el Lic. Alvin Weeden es Contralor de la República, ni a que el Dr. Juan Jované es Director de la CSS. Sin embargo, para tirios y troyanos, injustamente, ellos son, para unos y para otros, "los malos de la película".
Todos sabemos que el pozo de la catástrofe en que está hundida la Caja de Seguro no es de ayer, ni de anteayer, sino de poco a poco, de siempre, pero no nos interesamos por verla. Hoy ha llegado al hueco profundo, lo que desde hace muchos años, ya en la primera década del Seguro Social (1951), se inició con desfalco en la adquisición de medicinas; con la prestación de servicios (cuentas abultadas o falsificadas) de parte de profesionales; con burocracia que día con día se vino convirtiendo en carga inútil y más y más frondosa, como pasto de los politiqueros; con ausencia de atención a los problemas de financiamiento a corto y largo plazo; con inyección absurda del "seguro familiar" (1975), porque aumentaban fuertemente los beneficiarios sin que se incrementaran los cotizantes; conversión de la Caja de Seguro en Caja Menuda de todos los gobiernos cuando quisieron meter la mano; atención por la Caja para los pacientes a quienes debían atender los hospitales del Estado; despilfarro y apropiación indebida en supuestos programas de vivienda, que sólo se concretaban en unas cuantas paredes a medio hacer, en tanto que los "promotores" se alzaban con cantidades millonarias; dolo en la integración de las juntas directivas, con prebendas graciosas a fin de tener el voto fijo de los directivos, en toda clase de desmanes; ausencia de fiscalización de parte de los grupos de asegurados y de jubilados, que se convertían en ruedecillas del engranaje corrupto. Y desde luego que no estamos descubriendo la pólvora, porque todos estos vicios de la Caja eran públicos, asomaban por todos sus poros.
Nosotros estuvimos entre los cotizantes "fundadores" en 1941, pero muy rarísimas veces nos presentamos a solicitar prestaciones, excepto después de 35 años de estar cotizando, como asegurado independiente, porque así pudimos disponer de una jubilación o pensión (diferencia inútil), que hoy la catástrofe amenaza con llevarse.
Hoy día, los beneficiarios de servicios en la Caja, pese a que andan por caminos difíciles, pasan del millón de personas, y los jubilados pasamos de 120 mil. Tremenda carga aplastante. El programa de jubilación, en un desequilibrio que lo ha colocado a las puertas del déficit irreparable; otros programas amenazan con problemas semejantes. Y ahora mismo, ya toca al arrebato de la Caja un grave déficit de operaciones anuales que pronto llegará a los cien millones de balboas. ¿De dónde obtendrán los fondos para hacerle frente al inminente desastre financiero; por más que estiren las reservas o los renglones del presupuesto de gastos que no se invierten porque se trata de verdaderos círculos viciosos?
La situación, como un traje viejo, zurcido y en arapos, nos estallará escandalosamente a todos. A los bancos acreedores de cientos de miles de jubilados; a las célebres financieras expoliadoras; a los jubilados y pensionados; a la burocracia diseminada por todo el país, etc., etc. ¿Quién se preocupó seriamente por llevar el dedo sobre tantas llegas: los jubilados; los asegurados; los empleados; las Juntas Directivas; los directores generales; la sociedad civil; la mal llamada clase política; los predicadores de ética; los quemadores de muñecos; los tigres; los leones; los perros; los gatos; las ONG; los comités de Salvación, etc., etc.?
Ahora parece que la soga revienta por lo más delgado. Los empleados y la Dirección reclaman el pago inmediato de 30 millones de balboas, para insumos, medicamentos y horas extras o algo por el estilo, en un fisco con grave déficit, para lo cual no alcanzan ni las reformas tributarias; en tanto que el otro bando propone hacer uso de los gastos no hechos, sino presupuestados, con la única interrogante de que se trata de dinero o de renglones de un presupuesto inflado. La policía antimotines, como en los viejos tiempos en la dictadura policíaca, responde con cargas de gases lacrimógenos, detenidos y apaleados. Pero en la actualidad, "estamos en democracia", y "en Panamá no hay ejército", dos bromas de mal gusto.
El Contralor expresó que "el crédito extraordinario aumentará el déficit anual de la Caja", y propuso que se traslade una partida de lo que no se ha usado. Y esta partida no utilizada se convertirá en dinero contante y sonante. La Junta Directiva se reúne y le hace eco al Sr. Contralor, con técnicos de todas las partes del gobierno. Sea cual fuere la solución inmediata, el problema del día se apaciguará. ¿Y todos los demás problemas?.
Más preguntas: ¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién o quiénes se plantearán el problema catastrófico y viejo, para concretar las medidas de corto y largo plazo que la situación de la Caja exige desde hace tanto tiempo? ¿El robo, la ignorancia y la mala fe?.
Excúsemos el lector, por lo que parece tanto pesimismo. Olvidábamos que en algo menos de un año, tendremos elección de Presidente y de legisladores: la salvación permanente de Panamá, desde 1903 hasta ahora.
Todos sabemos que el pozo de la catástrofe en que está hundida la Caja de Seguro no es de ayer, ni de anteayer, sino de poco a poco, de siempre, pero no nos interesamos por verla. Hoy ha llegado al hueco profundo, lo que desde hace muchos años, ya en la primera década del Seguro Social (1951), se inició con desfalco en la adquisición de medicinas; con la prestación de servicios (cuentas abultadas o falsificadas) de parte de profesionales; con burocracia que día con día se vino convirtiendo en carga inútil y más y más frondosa, como pasto de los politiqueros; con ausencia de atención a los problemas de financiamiento a corto y largo plazo; con inyección absurda del "seguro familiar" (1975), porque aumentaban fuertemente los beneficiarios sin que se incrementaran los cotizantes; conversión de la Caja de Seguro en Caja Menuda de todos los gobiernos cuando quisieron meter la mano; atención por la Caja para los pacientes a quienes debían atender los hospitales del Estado; despilfarro y apropiación indebida en supuestos programas de vivienda, que sólo se concretaban en unas cuantas paredes a medio hacer, en tanto que los "promotores" se alzaban con cantidades millonarias; dolo en la integración de las juntas directivas, con prebendas graciosas a fin de tener el voto fijo de los directivos, en toda clase de desmanes; ausencia de fiscalización de parte de los grupos de asegurados y de jubilados, que se convertían en ruedecillas del engranaje corrupto. Y desde luego que no estamos descubriendo la pólvora, porque todos estos vicios de la Caja eran públicos, asomaban por todos sus poros.
Nosotros estuvimos entre los cotizantes "fundadores" en 1941, pero muy rarísimas veces nos presentamos a solicitar prestaciones, excepto después de 35 años de estar cotizando, como asegurado independiente, porque así pudimos disponer de una jubilación o pensión (diferencia inútil), que hoy la catástrofe amenaza con llevarse.
Hoy día, los beneficiarios de servicios en la Caja, pese a que andan por caminos difíciles, pasan del millón de personas, y los jubilados pasamos de 120 mil. Tremenda carga aplastante. El programa de jubilación, en un desequilibrio que lo ha colocado a las puertas del déficit irreparable; otros programas amenazan con problemas semejantes. Y ahora mismo, ya toca al arrebato de la Caja un grave déficit de operaciones anuales que pronto llegará a los cien millones de balboas. ¿De dónde obtendrán los fondos para hacerle frente al inminente desastre financiero; por más que estiren las reservas o los renglones del presupuesto de gastos que no se invierten porque se trata de verdaderos círculos viciosos?
La situación, como un traje viejo, zurcido y en arapos, nos estallará escandalosamente a todos. A los bancos acreedores de cientos de miles de jubilados; a las célebres financieras expoliadoras; a los jubilados y pensionados; a la burocracia diseminada por todo el país, etc., etc. ¿Quién se preocupó seriamente por llevar el dedo sobre tantas llegas: los jubilados; los asegurados; los empleados; las Juntas Directivas; los directores generales; la sociedad civil; la mal llamada clase política; los predicadores de ética; los quemadores de muñecos; los tigres; los leones; los perros; los gatos; las ONG; los comités de Salvación, etc., etc.?
Ahora parece que la soga revienta por lo más delgado. Los empleados y la Dirección reclaman el pago inmediato de 30 millones de balboas, para insumos, medicamentos y horas extras o algo por el estilo, en un fisco con grave déficit, para lo cual no alcanzan ni las reformas tributarias; en tanto que el otro bando propone hacer uso de los gastos no hechos, sino presupuestados, con la única interrogante de que se trata de dinero o de renglones de un presupuesto inflado. La policía antimotines, como en los viejos tiempos en la dictadura policíaca, responde con cargas de gases lacrimógenos, detenidos y apaleados. Pero en la actualidad, "estamos en democracia", y "en Panamá no hay ejército", dos bromas de mal gusto.
El Contralor expresó que "el crédito extraordinario aumentará el déficit anual de la Caja", y propuso que se traslade una partida de lo que no se ha usado. Y esta partida no utilizada se convertirá en dinero contante y sonante. La Junta Directiva se reúne y le hace eco al Sr. Contralor, con técnicos de todas las partes del gobierno. Sea cual fuere la solución inmediata, el problema del día se apaciguará. ¿Y todos los demás problemas?.
Más preguntas: ¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién o quiénes se plantearán el problema catastrófico y viejo, para concretar las medidas de corto y largo plazo que la situación de la Caja exige desde hace tanto tiempo? ¿El robo, la ignorancia y la mala fe?.
Excúsemos el lector, por lo que parece tanto pesimismo. Olvidábamos que en algo menos de un año, tendremos elección de Presidente y de legisladores: la salvación permanente de Panamá, desde 1903 hasta ahora.