Cautela ante expansión europea
Mientras que las primeras planas de los periódicos europeos proclaman las virtudes de la eventual expansión de la Unión Europea (UE), diplomáticos latinoamericanos aconsejan cautela por el impacto que ésta puede tener para las economías de sus países. Once años después de la disolución de la Unión Soviética, un informe de la UE acaba de recomendar que para el 2004 diez naciones de la ex Europa comunista, como Polonia y Hungría, estaban preparadas para completar su adhesión al bloque y que más tarde se les sumaran la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, las islas mediterráneas de Malta y Chipre, además de las tres repúblicas bálticas de Estonia, Letonia y Lituania. No obstante, la UE todavía enfrenta una importante y potencialmente decisiva valla, ya que la ampliación deberá ser ratificada por Irlanda, único país que aún no ha firmado el acuerdo de Niza, que lanzó el proceso de la expansión. «Debemos estudiar muy detenidamente las consecuencias económicas de esta gesta geopolítica”, destacó Enrique J. A. Candioti, Embajador de Argentina ante el gobierno de la República Federal de Alemania. “Algunos de estos países son productores agrarios que, con su acceso preferencial al mercado europeo, representarán un serio reto para nuestras exportaciones”. Fuera del listado quedaron Bulgaria y Rumania, que permanecerán en la lista de espera para incorporarse en el 2007 y una muy disgustada Turquía, excluida de las negociaciones hasta nuevo aviso a pesar de la fuerte presión de Estados Unidos.
La mayoría de los miembros de la UE, especialmente los representantes de los países nórdicos y Holanda se opusieron vehemente a la incorporación de Turquía, por considerar que las autoridades de ese país aún no han adoptado las reformas necesarias, principalmente, en el campo de los derechos humanos y de vivir en amistad con sus vecinos, condiciones indispensables para integrar el organismo regional, a pesar de que el gobierno de Istambul ha abolido la pena de muerte y se ha movido para aliviar el diferendo con Grecia sobre la partición de Creta.
Observadores diplomáticos y expertos en asuntos latinoamericanos ponderaron qué efecto tendría para el sistema interamericano si se aplicaran criterios igualmente severos en el ámbito de la OEA. “Dudo mucho que a países como Guatemala, Honduras y Venezuela se les permitiría ocupar sus escaños en el Consejo Permanente,” ponderó un veterano diplomático sudamericano. Este y otros acreditados ante el gobierno alemán, se mostraron perturbados ante la noticia de que un tribunal de Guatemala anuló, la semana pasada, las penas de 30 años de prisión dictadas en contra de tres militares, condenados en primera instancia como responsables del asesinato del obispo Juan Gerardi.
Sobre el ensanchamiento de la UE, por ahora prevalece un claro aire de optimismo entre diplomáticos europeos en Berlín, así como en las otras capitales europeas. “Hace 13 años, Berlín aún estaba dividida por el muro de la verguenza”, declaró Romano Prodi ante el Parlamento europeo al presentar el informe. “El muro ha caído y hemos redescubierto una unidad histórica. Nuestro destino es construir un futuro conjunto”. “Nuestro destino común es, una vez más, construir una Europa basada en la paz, la democracia, el imperio del derecho, los derechos humanos y el respeto a las minorías”.
El británico Patrick Cox, presidente del Parlamento Europeo sentenció: “Es la primera vez en el continente que nos unimos por voluntad propia”. Esta fue una oblicua referencia a la conquista alemana al inicio de la II Guerra Mundial para lo que Hitler esperaba que fuese una Europa unida bajo su yugo.
A lo largo de la historia europea, las anexiones, la erosión de fronteras políticas o la formación de bloques de influencia se hicieron por medio de grandes contiendas, como las dos guerras mundiales. Esta vez, Europa se unirá en forma pacífica.
En el terreno político, nadie en Europea pone en duda la necesidad de completar el proyecto con la entrada de países del Este. Los problemas y desconfianzas surgen más bien en el terreno económico, aunque globalmente “el coste de la ampliación siempre será menor que el de la no ampliación”, como precisó Prodi al recordar las recientes guerras en la antigua Yugoslavia en la década del ‘90.
La UE pasará de 15 a 25 Estados, y su población aumentará un 16.5% (de 369 millones de habitantes a 454 millones), pero su Producto Interior Bruto (PIB) sólo aumentará un 8,3%. La renta media de esos países supera ligeramente el 44% de la media europea actual. Sin embargo, las mayores preocupaciones residen en la escasa capacidad administrativa de estas naciones para aplicar las normas europeas, gestionar sus fronteras y aduanas, y luchar contra el alto índice de corrupción o de trato de derechos humanos. La principal preocupación se centra en Polonia, el más grande de los candidatos con 38,6 millones de habitantes, eminentemente agrícola y uno de los más pobres. Tiene 40% de la renta per cápita con respecto a la media europea. Las alarmas saltan a la vista a través de diez voluminosos informes en los que se describen, por ejemplo, que Polonia no podrá controlar sus fronteras con Bielorrusia y Ucrania. La Comisión plantea ahora incluir en el Tratado de Adhesión dos salvaguardias o “cláusulas de seguridad”, como las llamó el comisario de la Ampliación, el holandes Guneter Veheugen, que las calificó de algo insólita, porque nunca existieron en anteriores ampliaciones, salvo una general aplicable en casos de graves perturbaciones imprevistas.
En los dos años posteriores a la incorporación, de 2004 a 2006, la UE podrá dejar en suspenso cualquier capítulo relacionado con el mercado único (todo el ámbito comercial y de ayudas) o con las áreas de justicia e interior (política de inmigración o colaboración judicial y policial.
La mayoría de los miembros de la UE, especialmente los representantes de los países nórdicos y Holanda se opusieron vehemente a la incorporación de Turquía, por considerar que las autoridades de ese país aún no han adoptado las reformas necesarias, principalmente, en el campo de los derechos humanos y de vivir en amistad con sus vecinos, condiciones indispensables para integrar el organismo regional, a pesar de que el gobierno de Istambul ha abolido la pena de muerte y se ha movido para aliviar el diferendo con Grecia sobre la partición de Creta.
Observadores diplomáticos y expertos en asuntos latinoamericanos ponderaron qué efecto tendría para el sistema interamericano si se aplicaran criterios igualmente severos en el ámbito de la OEA. “Dudo mucho que a países como Guatemala, Honduras y Venezuela se les permitiría ocupar sus escaños en el Consejo Permanente,” ponderó un veterano diplomático sudamericano. Este y otros acreditados ante el gobierno alemán, se mostraron perturbados ante la noticia de que un tribunal de Guatemala anuló, la semana pasada, las penas de 30 años de prisión dictadas en contra de tres militares, condenados en primera instancia como responsables del asesinato del obispo Juan Gerardi.
Sobre el ensanchamiento de la UE, por ahora prevalece un claro aire de optimismo entre diplomáticos europeos en Berlín, así como en las otras capitales europeas. “Hace 13 años, Berlín aún estaba dividida por el muro de la verguenza”, declaró Romano Prodi ante el Parlamento europeo al presentar el informe. “El muro ha caído y hemos redescubierto una unidad histórica. Nuestro destino es construir un futuro conjunto”. “Nuestro destino común es, una vez más, construir una Europa basada en la paz, la democracia, el imperio del derecho, los derechos humanos y el respeto a las minorías”.
El británico Patrick Cox, presidente del Parlamento Europeo sentenció: “Es la primera vez en el continente que nos unimos por voluntad propia”. Esta fue una oblicua referencia a la conquista alemana al inicio de la II Guerra Mundial para lo que Hitler esperaba que fuese una Europa unida bajo su yugo.
A lo largo de la historia europea, las anexiones, la erosión de fronteras políticas o la formación de bloques de influencia se hicieron por medio de grandes contiendas, como las dos guerras mundiales. Esta vez, Europa se unirá en forma pacífica.
En el terreno político, nadie en Europea pone en duda la necesidad de completar el proyecto con la entrada de países del Este. Los problemas y desconfianzas surgen más bien en el terreno económico, aunque globalmente “el coste de la ampliación siempre será menor que el de la no ampliación”, como precisó Prodi al recordar las recientes guerras en la antigua Yugoslavia en la década del ‘90.
La UE pasará de 15 a 25 Estados, y su población aumentará un 16.5% (de 369 millones de habitantes a 454 millones), pero su Producto Interior Bruto (PIB) sólo aumentará un 8,3%. La renta media de esos países supera ligeramente el 44% de la media europea actual. Sin embargo, las mayores preocupaciones residen en la escasa capacidad administrativa de estas naciones para aplicar las normas europeas, gestionar sus fronteras y aduanas, y luchar contra el alto índice de corrupción o de trato de derechos humanos. La principal preocupación se centra en Polonia, el más grande de los candidatos con 38,6 millones de habitantes, eminentemente agrícola y uno de los más pobres. Tiene 40% de la renta per cápita con respecto a la media europea. Las alarmas saltan a la vista a través de diez voluminosos informes en los que se describen, por ejemplo, que Polonia no podrá controlar sus fronteras con Bielorrusia y Ucrania. La Comisión plantea ahora incluir en el Tratado de Adhesión dos salvaguardias o “cláusulas de seguridad”, como las llamó el comisario de la Ampliación, el holandes Guneter Veheugen, que las calificó de algo insólita, porque nunca existieron en anteriores ampliaciones, salvo una general aplicable en casos de graves perturbaciones imprevistas.
En los dos años posteriores a la incorporación, de 2004 a 2006, la UE podrá dejar en suspenso cualquier capítulo relacionado con el mercado único (todo el ámbito comercial y de ayudas) o con las áreas de justicia e interior (política de inmigración o colaboración judicial y policial.