Cautela ante la esperanza
El reciente anuncio hecho por la Oficina de Comercio de los Estados Unidos (EE.UU.) en torno al inicio de una negociación bilateral con Panamá, entre otros países, de un Tratado de Libre Comercio (TLC), es algo positivo que viene, como fresco bálsamo, a darle un aliento a la compleja y lamentable situación política y económica del país. Sin embargo, creo conveniente puntualizar algunos aspectos que considero hay que observar con cuidado dentro de los próximos pasos que se vayan a tomar en esta importante aventura negociadora.
El cambio de la estrategia negociadora de los EE.UU. frente al ALCA se tiene que analizar, por quienes conocen las interioridades, con especial cuidado frente a lo que pudiera representar dicha nueva postura respecto de nuestros intereses. El abrir este marco de negociaciones bilaterales plantea escenarios que los panameños debemos tener claros, antes de definir cualquiera estrategia. Si los EE.UU. ha hecho esto por razón de sus intereses -como es natural- frente a la representación y peso regional que tiene Brasil en el marco del ALCA, es fundamental que Panamá lo entienda y sepa sacarle provecho a la oportunidad que se nos abre, identificando claramente cuáles son nuestros intereses nacionales en esta fase, con el ánimo de poder plantearlos cuando corresponda. No servir de ficha en tablero ajeno es importante.
El otro aspecto que juzgo relevante es que, con esta decisión, Panamá, por razones lógicas, se separa ya del esquema económico centroamericano. Si se logra el tratado, el distanciamiento será definitivo, lo cual hace de importancia el replanteamiento que en materia comercial tendremos respecto a la participación regional.
Ya la necesidad de estar integrados para poder acceder el área de libre comercio con Norteamérica, deja de ser un factor, dentro del diseño de la política exterior panameña. Cómo queda el esquema, hay que analizarlo, siempre con cortesía y aplomo frente a los vecinos regionales. Centroamérica adquiere otra condición, importante siempre para nosotros, pero en materia comercial y de integración en el gran mercado del Norte, nos separamos irremediablemente, al tiempo que podemos diseñar con la debida coherencia cuál será nuestro papel regionalmente si logramos el TLC, teniendo claro y dentro del enfoque correcto, que los TLC serán siempre un valor agregado a nuestra posición geográfica y que será ésta la que deberá siempre marcar el rumbo de nuestro accionar como el Centro Regional Marítimo de las Américas, papel que nadie puede arrebatarnos, si sabemos hacer bien la tarea.
El enfoque del gobierno, ya en sus postrimerías, debe ser bien entendido. Tener claro que simplemente su rol es iniciar el proceso, conformar, dentro del más amplio espectro y representatividad el equipo negociador y de consulta que llevará adelante esta gestión en los próximos años, sin pretender, como ya se ha dicho, concluirlo antes de que acabe su gestión, por triste que esta realidad les parezca. Ese equipo negociador debe tener, si se escoge bien, continuidad en el tiempo, gane quien gane el 2 de mayo.
Estos acuerdos no pueden ser vistos como trofeos políticos de nadie. Debe ser el nuevo gobierno, con la potencialidad que le brinda un nuevo y legítimo mandato, quien tome las riendas de la negociación, luego de haberse definido, como dije antes, la identificación de nuestros intereses y de saber con certeza para qué es que nos debe servir un TLC con EE.UU., en el marco integral del desarrollo nacional. El acuerdo debe ser una herramienta más, importante, no cabe duda, pero no la única y jamás puede el país ponerse al servicio del acuerdo, sino todo lo contrario.
Cualquiera sea el modelo que se adopte, el camino no será fácil. Debemos tener claro que EE.UU, porque haya apresurado su iniciativa, no lo hace porque somos más amigos y no romperá sus métodos de negociación ni excluirá temas sensitivos para nosotros, los cuales, demandarán amplitud en su asimilación y liderazgo en la implementación de los cambios profundos que se tendrán que adoptar, en muchas áreas, para ser elegibles para el gran paso. Comenzar a hacer demandas de exclusión de temas desde ya, aunque se entiende como natural, no es lo apropiado ni puede el gobierno comenzar a tomar decisiones respecto de esos temas en esta etapa.
La presión que ejercerán los distintos sectores será fuerte y en defensa de sus legítimos intereses. Esa presión debe ser vista como una herramienta muy útil frente a la negociación. Los costos políticos por avanzar serán cuantiosos y las recriminaciones serán materia de opinión pública, ardiente y encendidamente. Es, ante esos y muchos otros factores, que debemos estar preparados y asumir, con pantalones largos, el juego entre grandes en el que nos hemos metido. Siempre digo que cuando se compara a Chile y su avance reconocido, se quiere ver sólo el momento actual, sin valorar en su justa dimensión, todo lo que ese país ha tenido que hacer para crecer y avanzar hacia el primer mundo. Ha sido complejo, pero sabían dónde querían llegar. Como dice mi amigo Alberto Conte, "si no sabes para dónde vas, cómo sabes que has llegado". De eso se trata precisamente, saber hacia dónde queremos ir, definición inconclusa, por cierto, desde hace años, lamentablemente.
En fin, el momento es de gran importancia. Reconozco que hay que aprovecharlo inteligente y coherentemente. El país debe conocer en detalle todo el proceso y de verdad, manejarlo como algo realmente entre todos. Lo bueno o lo malo del tratado dependerá de cómo se negocie.
De lo contrario, para lo único que vamos a servir, entonces sí entre todos, será para pagar las consecuencias negativas de una mal manejada negociación y su efecto en el necesario e impostergable proyecto de desarrollo nacional. A eso me refiero cuando titulo este artículo: "Cautela ante la esperanza."
El cambio de la estrategia negociadora de los EE.UU. frente al ALCA se tiene que analizar, por quienes conocen las interioridades, con especial cuidado frente a lo que pudiera representar dicha nueva postura respecto de nuestros intereses. El abrir este marco de negociaciones bilaterales plantea escenarios que los panameños debemos tener claros, antes de definir cualquiera estrategia. Si los EE.UU. ha hecho esto por razón de sus intereses -como es natural- frente a la representación y peso regional que tiene Brasil en el marco del ALCA, es fundamental que Panamá lo entienda y sepa sacarle provecho a la oportunidad que se nos abre, identificando claramente cuáles son nuestros intereses nacionales en esta fase, con el ánimo de poder plantearlos cuando corresponda. No servir de ficha en tablero ajeno es importante.
El otro aspecto que juzgo relevante es que, con esta decisión, Panamá, por razones lógicas, se separa ya del esquema económico centroamericano. Si se logra el tratado, el distanciamiento será definitivo, lo cual hace de importancia el replanteamiento que en materia comercial tendremos respecto a la participación regional.
Ya la necesidad de estar integrados para poder acceder el área de libre comercio con Norteamérica, deja de ser un factor, dentro del diseño de la política exterior panameña. Cómo queda el esquema, hay que analizarlo, siempre con cortesía y aplomo frente a los vecinos regionales. Centroamérica adquiere otra condición, importante siempre para nosotros, pero en materia comercial y de integración en el gran mercado del Norte, nos separamos irremediablemente, al tiempo que podemos diseñar con la debida coherencia cuál será nuestro papel regionalmente si logramos el TLC, teniendo claro y dentro del enfoque correcto, que los TLC serán siempre un valor agregado a nuestra posición geográfica y que será ésta la que deberá siempre marcar el rumbo de nuestro accionar como el Centro Regional Marítimo de las Américas, papel que nadie puede arrebatarnos, si sabemos hacer bien la tarea.
El enfoque del gobierno, ya en sus postrimerías, debe ser bien entendido. Tener claro que simplemente su rol es iniciar el proceso, conformar, dentro del más amplio espectro y representatividad el equipo negociador y de consulta que llevará adelante esta gestión en los próximos años, sin pretender, como ya se ha dicho, concluirlo antes de que acabe su gestión, por triste que esta realidad les parezca. Ese equipo negociador debe tener, si se escoge bien, continuidad en el tiempo, gane quien gane el 2 de mayo.
Estos acuerdos no pueden ser vistos como trofeos políticos de nadie. Debe ser el nuevo gobierno, con la potencialidad que le brinda un nuevo y legítimo mandato, quien tome las riendas de la negociación, luego de haberse definido, como dije antes, la identificación de nuestros intereses y de saber con certeza para qué es que nos debe servir un TLC con EE.UU., en el marco integral del desarrollo nacional. El acuerdo debe ser una herramienta más, importante, no cabe duda, pero no la única y jamás puede el país ponerse al servicio del acuerdo, sino todo lo contrario.
Cualquiera sea el modelo que se adopte, el camino no será fácil. Debemos tener claro que EE.UU, porque haya apresurado su iniciativa, no lo hace porque somos más amigos y no romperá sus métodos de negociación ni excluirá temas sensitivos para nosotros, los cuales, demandarán amplitud en su asimilación y liderazgo en la implementación de los cambios profundos que se tendrán que adoptar, en muchas áreas, para ser elegibles para el gran paso. Comenzar a hacer demandas de exclusión de temas desde ya, aunque se entiende como natural, no es lo apropiado ni puede el gobierno comenzar a tomar decisiones respecto de esos temas en esta etapa.
La presión que ejercerán los distintos sectores será fuerte y en defensa de sus legítimos intereses. Esa presión debe ser vista como una herramienta muy útil frente a la negociación. Los costos políticos por avanzar serán cuantiosos y las recriminaciones serán materia de opinión pública, ardiente y encendidamente. Es, ante esos y muchos otros factores, que debemos estar preparados y asumir, con pantalones largos, el juego entre grandes en el que nos hemos metido. Siempre digo que cuando se compara a Chile y su avance reconocido, se quiere ver sólo el momento actual, sin valorar en su justa dimensión, todo lo que ese país ha tenido que hacer para crecer y avanzar hacia el primer mundo. Ha sido complejo, pero sabían dónde querían llegar. Como dice mi amigo Alberto Conte, "si no sabes para dónde vas, cómo sabes que has llegado". De eso se trata precisamente, saber hacia dónde queremos ir, definición inconclusa, por cierto, desde hace años, lamentablemente.
En fin, el momento es de gran importancia. Reconozco que hay que aprovecharlo inteligente y coherentemente. El país debe conocer en detalle todo el proceso y de verdad, manejarlo como algo realmente entre todos. Lo bueno o lo malo del tratado dependerá de cómo se negocie.
De lo contrario, para lo único que vamos a servir, entonces sí entre todos, será para pagar las consecuencias negativas de una mal manejada negociación y su efecto en el necesario e impostergable proyecto de desarrollo nacional. A eso me refiero cuando titulo este artículo: "Cautela ante la esperanza."