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Cazadores de sueños


Muchas, sino todas las grandes obras, descubrimientos e inventos de la humanidad han sido producto del espíritu inquieto de grandes soñadores. Se trata de gente extraordinaria, dotada de clarividencia y don de futuro, que además es capaz de emprender magnos proyectos.
De ordinario no son personas con poder ni riqueza, sino que requieren de otros con medios suficientes para llevar adelante sus proyectos, que el común de los humanos juzga descabellados pero que, una vez emprendidos, cristalizan en trascendentales éxitos.
Cristóbal Colón fue uno de ellos; y a no ser porque ganó el apoyo de los Reyes Católicos, América no habría sido descubierta en 1492. Del mismo modo, Ferdinand De Lesseps, concibió y emprendió la construcción del Canal de Suez. Simón Bolívar también fue un gran soñador y nos legó la libertad con su espada.
No se sabe con precisión quién, pero quizá fue obra de muchos el automóvil, el avión, el hombre en el espacio y luego en la luna. Igual quienes han hecho posible las estaciones orbitales.
En Panamá hemos tenido también grandes soñadores. Arnulfo Arias fue uno de ellos, cuando concibió y creó el Seguro Social. Su hermano Harmodio Arias igual, con la Universidad de Panamá. Antes que ellos, Belisario Porras, tuvo una visión de gigante con su planificación urbana y la construcción de su "elefante blanco", el Hospital Santo Tomás.
Enrique Jiménez prestó oídos a proveedores de licores de las antiguas base norteamericanas; y con el talante de Galileo Solís, creó la Zona Libre de Colón. Gilberto Arias tuvo la visión y trajo a los inversionista que construyeron la Refinería Panamá en 1961. Omar Torrijos logró la reivindicación del Canal con sus tratados de 1977 e hizo realidad magnas obras como las hidroeléctricas, Atlapa y el Aeropuerto.
Gabriel Lewis Galindo fue de los últimos grandes soñadores. Contadora y Ciudad del Saber están entre sus obras; pero le faltó salud para ver al país convertido en un emporio de prosperidad. Su sueño inconcluso fue lograr un pleno desarrollo de las áreas revertidas.
Panamá requiere con urgencia de más soñadores de ese talento; y de gente de gobierno capaz de escucharlos y estimularlos para que hagan grandes cosas. Gente como Lew Rodin con su Puerto de Manzanillo, Herman Bern con su millonario hotel en Gatún, la familia Motta con su Costa del Este, ICA con su Punta Pacífica, Mello Alemán con su megalómano terminal de transporte y sus "Pueblos", y cualquier otro loco capaz de echar a este país hacia delante, mientras crea riqueza.


101 años de Panamá América

 
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