Celebrando a la etnia negra
En Panamá, el mes de mayo está dedicado a conmemorar a la etnia negra, habiéndose establecido específicamente mediante Ley 9 de 2000, el 30 de mayo de cada año como un día cívico y de conmemoración a este grupo por sus invaluables aportes culturales, científicos, económicos y políticos en el desarrollo de nuestra vida republicana.
A pesar que la mayor parte de los países latinoamericanos y caribeños tiene consagrado en sus Constituciones y leyes la prohibición de discriminar por raza, etnia y sexo, el racismo es un fenómeno que se manifiesta a través de los prejuicios, de la invisibilidad, de la negación de las raíces culturales de su pasado africano, y otras formas sociales de discriminación.
En América Latina y el Caribe las mujeres afrodescendientes conforman aproximadamente una población de 80 millones de personas.
Lo racial es un condicionante para la clase; si se nace negra se tiene un 90 por ciento de posibilidades de ser pobre.
Ese apartheid histórico les condiciona absolutamente en toda su vida y en todas sus oportunidades.
De lo anterior se deduce que los derechos humanos para las mujeres negras son apenas una aspiración, no una realidad; situación que hace impostergable que la sociedad aborde la exclusión como elemento fundamental y entender las razones históricas de esa exclusión para poder erradicarla.
No existe, a mi juicio, otro camino para una verdadera liberación.
En Panamá hay una rica historia de acciones desarrolladas por mujeres afrodescendientes de manera individual, tendientes a la transformación de su condición. Algunos ejemplos de ello son las luchas reivindicativas que realizaron mujeres como Sara Sotillo, Gumercinda Páez, Felicia Santizo, Thelma King, entre otras no menos meritorias.
Con respecto a las mujeres negras organizadas, es un movimiento reciente que apenas empieza a hacerse sentir y que requiere de mucho apoyo de los otros grupos organizados para trabajar en una plataforma conjunta hacia el objetivo de eliminar la discriminación racial en nuestro país .
Considero que a corto plazo se hace necesario presionar a las instancias correspondientes para que se pongan en práctica lo antes posible, las políticas públicas necesarias para promover la igualdad de derechos y de oportunidades para las mujeres afropanameñas y de la etnia negra en general.
Esas políticas públicas deben implementarse a través de las llamadas acciones afirmativas de carácter temporal, concertadas entre todos los actores sociales, las que están estrechamente vinculadas con el concepto de reparación y deben tender a la construcción de un nuevo diseño social sustentado ética y moralmente en valores de justicia y de equidad.
Por tanto, dichas acciones afirmativas en tanto medidas para identificar y tratar las injusticias estructurales y las inequidades basadas en el racismo y la discriminación deben estar integradas en políticas nacionales destinadas a erradicar las raíces profundas del racismo y la discriminación racial en la sociedad panameña.
Pero en última instancia, la discriminación racial es un asunto que pasa por una reflexión íntima y profunda de los seres humanos para poder eliminarla de nuestras mentes y nuestros corazones para cimentar la base sólida de una nueva cultura de la diversidad.
A pesar que la mayor parte de los países latinoamericanos y caribeños tiene consagrado en sus Constituciones y leyes la prohibición de discriminar por raza, etnia y sexo, el racismo es un fenómeno que se manifiesta a través de los prejuicios, de la invisibilidad, de la negación de las raíces culturales de su pasado africano, y otras formas sociales de discriminación.
En América Latina y el Caribe las mujeres afrodescendientes conforman aproximadamente una población de 80 millones de personas.
Lo racial es un condicionante para la clase; si se nace negra se tiene un 90 por ciento de posibilidades de ser pobre.
Ese apartheid histórico les condiciona absolutamente en toda su vida y en todas sus oportunidades.
De lo anterior se deduce que los derechos humanos para las mujeres negras son apenas una aspiración, no una realidad; situación que hace impostergable que la sociedad aborde la exclusión como elemento fundamental y entender las razones históricas de esa exclusión para poder erradicarla.
No existe, a mi juicio, otro camino para una verdadera liberación.
En Panamá hay una rica historia de acciones desarrolladas por mujeres afrodescendientes de manera individual, tendientes a la transformación de su condición. Algunos ejemplos de ello son las luchas reivindicativas que realizaron mujeres como Sara Sotillo, Gumercinda Páez, Felicia Santizo, Thelma King, entre otras no menos meritorias.
Con respecto a las mujeres negras organizadas, es un movimiento reciente que apenas empieza a hacerse sentir y que requiere de mucho apoyo de los otros grupos organizados para trabajar en una plataforma conjunta hacia el objetivo de eliminar la discriminación racial en nuestro país .
Considero que a corto plazo se hace necesario presionar a las instancias correspondientes para que se pongan en práctica lo antes posible, las políticas públicas necesarias para promover la igualdad de derechos y de oportunidades para las mujeres afropanameñas y de la etnia negra en general.
Esas políticas públicas deben implementarse a través de las llamadas acciones afirmativas de carácter temporal, concertadas entre todos los actores sociales, las que están estrechamente vinculadas con el concepto de reparación y deben tender a la construcción de un nuevo diseño social sustentado ética y moralmente en valores de justicia y de equidad.
Por tanto, dichas acciones afirmativas en tanto medidas para identificar y tratar las injusticias estructurales y las inequidades basadas en el racismo y la discriminación deben estar integradas en políticas nacionales destinadas a erradicar las raíces profundas del racismo y la discriminación racial en la sociedad panameña.
Pero en última instancia, la discriminación racial es un asunto que pasa por una reflexión íntima y profunda de los seres humanos para poder eliminarla de nuestras mentes y nuestros corazones para cimentar la base sólida de una nueva cultura de la diversidad.