Celulares y salud
Panamá entró tarde a la era de los teléfonos celulares, pero aun así, en muy corto tiempo se han popularizado a tal grado que ya no causa asombro incluso, verlos colgar del cinturón de niños de escuela y de vendedores ambulantes.
Se les encuentra en todos lados, sobre todo, en manos de gente que no los necesita; y que hace el sacrificio de tenerlos, aprovechando novedosas condiciones de pago, aunque el costo por minuto sea el doble y no les alcance para comer, pagar la luz, la renta y el agua.
Para muchos es un nuevo símbolo de status que igual que un automóvil, merece ostentarse en público; sobre todo si es del modelo más moderno y costoso. La moda tiene aquí otro nicho de curioso señorío y por eso, las características del aparato no inciden en lo absoluto con su precio, sino más bien la marca del momento. Esto también es válido para las empresas que prestan el servicio y lo saben. Esa es la razón por la que concentran su publicidad hacia determinado nivel de usuario.
En cualquier caso, es indudable que los celulares son una maravilla de la tecnología actual de la que podemos servirnos para comunicarnos más ágilmente, donde quiera que uno vaya. Recordamos hace algunos meses cómo gracias a uno de estos aparatos, un grupo de excursionistas extraviados fue rescatado en el Parque Nacional Soberanía. Hoy día se ofrecen con ellos hasta servicios de fax e internet. Los celulares pues llegaron para quedarse.
Muchos, no obstante, no han reparado en algunos inconvenientes de los celulares, entre triviales y serios. Entre los primeros está el relativo sacrificio de la intimidad que antes se dedicaba al ocio o a pensar. Un timbrazo, así sea melódico, es capaz de sustraer de pronto al usuario de la meditación más profunda. Y los especialistas darán fe oportuna de lo necesario que son esos momentos de tranquilidad, para el solaz de la mente humana y para la toma de decisiones ulteriores o el simple flujo de ideas previa a la conformación del pensamiento.
Entre los inconvenientes más serios, ya demostrados, está el conducir un automóvil mientras se conversa con celular. Mayor discusión y polémica científica se está dando en cuanto a los efectos que la radiación provocada de las microondas de intensa energía de estos pequeños artefactos, pueda tener en el cerebro humano.
No existen al momento conclusiones categóricas de que los celulares causen daño alguno. Sin embargo, las investigaciones avanzan y algunos científicos que trabajan en ellas, aconsejan cautela y moderación en el uso. Algunos usuarios se quejan de jaquecas, mareos y náuseas. Y la Asociación Británica de Consumidores ha advertido contra los peligros aún desconocidos de su abuso, presionando por más profundas investigaciones al respecto.
En la Universidad de Bristol, Inglaterra, el doctor investigador, Alan Preece, sin aventurar conclusiones ha advertido que en las conversaciones prolongadas, digamos de media hora, se expone intensamente una pequeña área del cerebro que absorbe el 50% de la energía de aparato y provoca al menos cambios en el flujo sanguíneo. Como remedio sugiere recurrir al uso de auriculares que reduce significativamente la radiación, lo cual coincide con afirmaciones de los fabricantes. En fin, mientras continúan los estudios, la moderación es aconsejable.
Se les encuentra en todos lados, sobre todo, en manos de gente que no los necesita; y que hace el sacrificio de tenerlos, aprovechando novedosas condiciones de pago, aunque el costo por minuto sea el doble y no les alcance para comer, pagar la luz, la renta y el agua.
Para muchos es un nuevo símbolo de status que igual que un automóvil, merece ostentarse en público; sobre todo si es del modelo más moderno y costoso. La moda tiene aquí otro nicho de curioso señorío y por eso, las características del aparato no inciden en lo absoluto con su precio, sino más bien la marca del momento. Esto también es válido para las empresas que prestan el servicio y lo saben. Esa es la razón por la que concentran su publicidad hacia determinado nivel de usuario.
En cualquier caso, es indudable que los celulares son una maravilla de la tecnología actual de la que podemos servirnos para comunicarnos más ágilmente, donde quiera que uno vaya. Recordamos hace algunos meses cómo gracias a uno de estos aparatos, un grupo de excursionistas extraviados fue rescatado en el Parque Nacional Soberanía. Hoy día se ofrecen con ellos hasta servicios de fax e internet. Los celulares pues llegaron para quedarse.
Muchos, no obstante, no han reparado en algunos inconvenientes de los celulares, entre triviales y serios. Entre los primeros está el relativo sacrificio de la intimidad que antes se dedicaba al ocio o a pensar. Un timbrazo, así sea melódico, es capaz de sustraer de pronto al usuario de la meditación más profunda. Y los especialistas darán fe oportuna de lo necesario que son esos momentos de tranquilidad, para el solaz de la mente humana y para la toma de decisiones ulteriores o el simple flujo de ideas previa a la conformación del pensamiento.
Entre los inconvenientes más serios, ya demostrados, está el conducir un automóvil mientras se conversa con celular. Mayor discusión y polémica científica se está dando en cuanto a los efectos que la radiación provocada de las microondas de intensa energía de estos pequeños artefactos, pueda tener en el cerebro humano.
No existen al momento conclusiones categóricas de que los celulares causen daño alguno. Sin embargo, las investigaciones avanzan y algunos científicos que trabajan en ellas, aconsejan cautela y moderación en el uso. Algunos usuarios se quejan de jaquecas, mareos y náuseas. Y la Asociación Británica de Consumidores ha advertido contra los peligros aún desconocidos de su abuso, presionando por más profundas investigaciones al respecto.
En la Universidad de Bristol, Inglaterra, el doctor investigador, Alan Preece, sin aventurar conclusiones ha advertido que en las conversaciones prolongadas, digamos de media hora, se expone intensamente una pequeña área del cerebro que absorbe el 50% de la energía de aparato y provoca al menos cambios en el flujo sanguíneo. Como remedio sugiere recurrir al uso de auriculares que reduce significativamente la radiación, lo cual coincide con afirmaciones de los fabricantes. En fin, mientras continúan los estudios, la moderación es aconsejable.