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Censura presidencial


El anuncio de que mañana martes el Secretario Adjunto de Estado para Asuntos Hemisféricos llegará a Panamá en misión oficial, ha coincidido con la dura censura que la presidenta Mireya Moscoso le ha hecho al ministro de Gobierno y Justicia, Winston Spadafora, a quien amonestó públicamente por haber expresado su aprobación a la propuesta de los Estados Unidos de traer a Panamá, Fuerzas Armadas visitantes, mediante un llamado "visiting forces agreement", parecido al acuerdo sobre Estatuto de Fuerzas Armadas (SOFA) que finalizó el 31 de diciembre de 1999.
La admonición de la Primera Mandataria, sobradamente justificada, no se limitó a censurar el exabrupto del funcionario. La presidenta Moscoso desautorizó al señor Spadafora. Dejó claro que él no estaba facultado para extralimitarse en sus funciones. Para que no quedara ninguna duda en la mente del Ministro amonestado, la Mandataria dijo que el ministro de Relaciones Exteriores, José Miguel Alemán, es el autorizado para hablar sobre el tema.
La ciudadanía no se olvida que el ministro Spadafora se ufanaba en declarar que: "Los norteamericanos son las personas más idóneas para asesorar al país, porque lo conocen más que los propios panameños". No contaba para el ministro Spadafora cuán lesivas eran sus afirmaciones a la dignidad, al decoro y el orgullo nacional. En cambio, en desmedro de la estatura de hombre de Estado, pretendió ganar puntos ante los personeros de la Potencia del Norte como el amigo dúctil y complaciente de los norteamericanos, ante quienes aparentó poder actuar, por encima del criterio de la Jefa del Ejecutivo, pronunciándose como la voz dominante de una Cancillería bicéfala, proclamando, aún sin conocer los detalles, que el Acuerdo de Fuerzas Armadas Norteamericanas Visitantes, es necesario y no viola la soberanía nacional.
La censura presidencial le pone freno al entreguismo institucional y es una medida histórica para la restauración del honor y del decoro nacional.
La Presidenta Moscoso, con un sentido de prudencia que debe ser una constante de su conducta, declaró el miércoles pasado que el Gobierno está evaluando la propuesta estadounidense y agregó que no hay una definición de parte del Ejecutivo panameño.
No obstante, en salvaguarda de nuestro interés nacional y del manejo coherente de nuestras relaciones con los Estados Unidos, el gobierno de la presidenta Moscoso tiene que estar técnicamente preparado y a la vez comprometido a adoptar posiciones que cuenten con un representativo apoyo nacional, logrado con transparencia y mediante la transmisión de información, sobre la composición de las delegaciones y el programa, con indicación de los temas propuestos por los Estados Unidos, y los temas propuestos por Panamá. Así no estaremos expuestos a sorpresas ni a situaciones de desventaja.
El secretario Adjunto de Estado, Sr. Romero, según la noticia oficial procedente de Washington, publicada por "El Panamá América" el miércoles pasado, "espera tratar toda la gama de las relaciones bilaterales y confía en un decidido acercamiento entre los dos países".
Es fundamental, entonces, que los medios de comunicación locales obtengan la información de fuentes oficiales y den a conocer los nombres y los títulos de los funcionarios que integran la delegación encabezada por el embajador Romero, en la cual es de presumir que figurarán, por lo menos, representantes de los Departamentos de Estado, de Defensa (Pentágono), de Comercio, de Justicia, de Salud y de Educación, para estar en capacidad de "tratar toda la gama de las relaciones bilaterales" entre los dos países. Se sabrá así, si es una delegación de alto nivel o de bajo nivel y cuál es el grado de importancia de la misma, y si en efecto la misión de Romero reviste seriedad o simplemente gira alrededor de gestiones sobre fuerzas militares visitantes que el gobierno panameño ha dicho que es un tema que está fuera de agenda.
El temario es otro elemento que debe ser accesible al conocimiento de la ciudadanía, tanto en lo que concierne a las propuestas de Washington, que han trascendido al público, como en lo que toca a los temas que son de interés fundamental para Panamá. Tal como es el caso de la responsabilidad que tienen los Estados Unidos de poner remedio a la contaminación causada por sus Fuerzas Militares en Panamá y hacerle frente a los gastos para limpiar remanentes de explosivos y sustancias tóxicas, y restaurar el medio ambiente.
La anunciada posible entrevista del Jefe de la Delegación Norteamericana con la presidenta Moscoso entendemos que será una visita de carácter protocolar y entendemos asimismo, que se descarta de plano toda idea de que el embajador Romero inicie conversaciones bilaterales a nivel presidencial. Además de ser contrario a la práctica diplomática, no se compadece con la alta posición de la Primera Magistrada de la Nación.
Los estrados de la Cancillería son, sin duda, el marco normal de las conversaciones bilaterales entre dos países amigos, correspondiéndole a la presidenta Moscoso impartir las instrucciones pertinentes a la parte panameña, en ejercicio de su facultad constitucional de dirigir las relaciones exteriores.
Tras la clausura de las bases militares y la transferencia del Canal el pasado 31 de diciembre, las relaciones armónicas entre Panamá y los Estados Unidos corresponden a las de dos Estados Miembros de la Organización Regional y de la Organización Mundial, regidos ambos por el sistema de la igualdad jurídica y de la igualdad soberana de sus integrantes. Por su posición geográfica, por situación privilegiada de Centro Mundial de Comunicaciones, Panamá se configura como la mejor opción política para que nuestra capital sea escogida con el beneplácito de todos los países del Continente, incluso de los Estados Unidos, como sede permanente del ¡rea de Libre Comercio de las Américas.

101 años de Panamá América

 
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