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Centro experimental de armas químicas


Catedrática de Derecho Penal. Universidad de Panamá
Hemos leído hace varios días en un diario de la localidad, que el gobierno nacional ha aprobado la permanencia después del 31 de diciembre de 1999, del Centro Experimental de Pruebas Tropicales, dependencia del Ejército de los Estados Unidos, creado desde 1964, cuya función es la de experimentar con sustancias químicas y radiactivas, así como la de ensayar con otra clase de "armas sofisticadas"; y según se desprende de la información suministrada al diario, por el CELA (Centro de Estudios Latinoamericanos), los Estados Unidos (CPT) debe comunicar al firmar el acuerdo, los lugares específicos y otros aspectos relacionados con el impacto ambiental, así como la de señalar los experimentos que se realizarán anualmente.
Los hechos anteriores, deben ser objeto de preocupación, porque las armas químicas, contienen, depositan, proyectan y transmiten, o difunden un agente de guerra química, líquido, sólido o gaseoso, de naturaleza tóxica para los seres humanos, los animales y las plantas, siendo los más letales los gases neurotóxicos; diferenciándose de las "armas biológicas" que causan enfermedades a los seres vivos, mediante microbios u otros organismos.
Sobre las armas radiactivas, todos conocemos sus efectos perjudiciales para los seres vivos, entre otros, por el riesgo de cáncer, y por la penetración y absorción en el cuerpo humano, y otros efectos dañinos en el cuerpo.
Ciertamente, el asunto es inquietante, pues como haya señalado alguien, durante la segunda guerra mundial se realizaron experimentos y pruebas en la Zona del Canal, sobre armas químicas y tóxicas, a la vez que en infinidad de ocasiones se ha comentado sobre el "posible material radiactivo" en las bases militares, insistiéndose en la descontaminación, de los bienes que han ido revirtiendo a nuestro país, presumiblemente porque se trata de sitios de "peligrosa contaminación que pueden afectar a las personas".
Es un hecho, entonces, que requiere que los negociadores tomen en cuenta la preocupación ciudadana en torno al "ensayo y experimento de pruebas químicas u otras en nuestro territorio, por los posibles riesgos a la salud y al medio ambiente; a la vez que es imprescindible manifestar lo siguiente: a) que el Protocolo de Ginebra (1925), prohíbe el empleo de armas químicas en la guerra, b) que nuestro país es signatario de la Convención sobre prohibición del desarrollo, producción, almacenamiento y el empleo de armas químicas y sobre su destrucción (1993), (el cual no ha entrado en vigor aún), desde el día 16 de junio de 1993, al igual que los Estados Unidos, desde enero 1, de 1993, c) que dicho tratado, ya ha sido ratificado, por México, Alemania, España, Uruguay y Paraguay, entre otros.

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