¡Cerremos la Asamblea!
El libro de Neco Endara, "Tu amigo, Felipe", evoca un pasaje en la vida de ese tremendo ciudadano que se llamó Felipe Motta Cardoze: su incursión en política, que le fascinó, aunque dijo que sería la única vez en su vida.
En el ’58, el Concejo Municipal de Panamá estaba atestado de corruptos y malandrines; Alcaldía y concejales eran paraguas para toda clase de trampas. Los micrófonos de Radio Mía constituyeron un frente para capitalinos honestos; el comentarista Ramón Pereira Pérez, dueño de la emisora, junto con sus abonados de la Virgen de Guadalupe, emprendió la campaña cívica que dio al traste con aquello: los desprestigiados concejales y Alcalde se fueron para su casa.
El presidente de la República, Ernesto de la Guardia, para muchos de los mejores que ha tenido el país, nombró al Alcalde, Heliodoro "Lolito" Patiño y a todos los concejales, respetados ciudadanos que durante los dieciocho meses de su gestión renunciaron a cobrar un solo centavo; uno de ellos, mi tío abuelo Federico Humbert Victoria: quien convenció a Felipe Motta de que aceptara el cargo.
Algunos de integrantes del engranaje municipal, como el Tesorero, Modesto Ávila, y Humbert y Motta -fundadores del mismo en 1935- eran miembros activos del Club de Leones de Panamá, al igual que el propio mandatario del país. Con todos ellos compartí experiencias, junto a mi padre, cuando pertenecí a esa benemérita organización.
Si esa hazaña de profilaxis pública contó con el apoyo unánime de la ciudadanía, ¿por qué no iniciar una para cerrar la Asamblea Nacional, tan o más putrefacta que el Concejo Municipal de hace cuarenta años? ¿O es que no es vox populi que en la Asamblea "cobran" mensualmente más de 1,500 botellas; algunos diputados en vez de hacer leyes, se dedican a beneficiar a grupúsculos en los cuales, por supuesto, se encuentran ellos mismos? Ahora pretenden resucitar las partidas circuitales para competir con ventajas por sus cargos en el 2009. El capricho de algunos -llegados dudosamente a la Asamblea para adquirir la inmunidad que les permitiera enfrentar acusaciones de asesinato-, ha impedido que el país tenga un vínculo comercial privilegiado con Estados Unidos que ya nos estaría rindiendo beneficios.
A los que piensen que propongo un golpe a la democracia, les recuerdo que atentan contra ella a diario los diputados que hacen del país su botín, burlándose de todo tipo de valores ciudadanos, tal como ocurrió en ese histórico ’58 de los Motta, Humbert, Pereira y Ernesto de la Guardia.
¡Cerremos esta Asamblea¡, y abrámosle un futuro a Panamá!
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