Cerro Patacón: El desastre ambiental más grande de nuestra historia
Cerro Patacón: El desastre ambiental más grande de nuestra historia
Panamá lleva décadas vendiendo una imagen de eficiencia y modernidad. Somos el hub de las Américas, la "Marca Panamá". Pero seamos sensatos: esa vitrina se rompe cuando miramos hacia atrás y vemos el humo sobre la ciudad. Cerro Patacón ya no es un vertedero colapsado; es nuestra "Antimarca" y, sin rodeos, el desastre ambiental más complejo de nuestra historia republicana.
Quienes hemos estado vinculados con la reducción de riesgo de desastres sabemos que esto no se arregla con más camiones. Es un asunto de salud y seguridad. Según los datos de la caracterización de residuos de la Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario (AAUD), al sitio entran cerca de 2,300 toneladas diarias, de las cuales apenas se logra una valorización real de menos del 5%. El resto es una masa crítica de químicos y gases que respiramos todos los que vivimos en la capital.
Esa negligencia tiene un precio que Panamá ya firmó no pagar. Me refiero al Marco de Sendai, liderado por la UNDRR (Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres), que funciona como un manual para orientar a los países en la reducción de pérdidas promoviendo políticas de resiliencia. Ignorar este marco de acción es planificar el desastre. Y la factura no es solo ambiental, es económica: el BID, en su estudio "La gestión de residuos sólidos como servicio público: Situación actual y perspectivas en América Latina y el Caribe", estima que esta ineficiencia puede costarnos el 1% del PIB en salud y productividad. Si a eso le sumamos los $5 millones que quemamos apagando incendios solo en 2024, el dinero se nos está haciendo humo en la cara, y que posiblemente se siga gastando año tras año.
En realidad, el error ha sido obsesionarse con dónde tirar la basura, cuando el problema real es cómo gestionarla de manera apropiada. No nos falta tierra; nos falta ingeniería y procesos de valorización.
Si no resolvemos la parte técnica, terminaremos por arruinar lo más valioso que tenemos: el agua. El informe de UN-Water, "Aguas residuales: El recurso desaprovechado", advierte que los lixiviados sin tratamiento son una amenaza global que introduce patógenos en fuentes de consumo humano. En nuestro caso, ese veneno corre hacia las cuencas que alimentan los activos más estratégicos del país.
Esto no es un tema exclusivo de Panama. El Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres en América Central (CEPREDENAC) —organismo del SICA— deja claro en su Política Centroamericana de Gestión Integral de Riesgo de Desastres (PCGIR) que asegurar los servicios vitales es innegociable para la seguridad de una nación. Si no podemos manejar nuestros desechos, la resiliencia de nuestro país se debilita.
La solución existe, pero hay que dejar de apagar fuegos para empezar a diseñar procesos. La gestión de residuos debería ser un pilar de nuestra oferta de valor, no nuestra mayor vergüenza ambiental. Es hora de borrar esa "Antimarca" y construir la infraestructura resiliente que los ciudadanos —quienes respiramos este aire cada día— merecemos.