Chávez contra el sistema
El coronel Hugo Chávez fue elegido democráticamente presidente de Venezuela, pero él no es un demócrata por antonomasia. Debajo de la ropa civil que ahora usa en actos públicos se emboza el uniforme del militar golpista que arremetió contra un sistema corrupto parapetado tras las reglas de la democracia.
Quizás no tenga él más alternativas que desenfundar la espada golpista una y otra vez para que la maraña de pesos y contrapesos ceda ante la necesidad de adoptar medidas heroicas para impedir que la marea de hambrientos vuelva a descender un día de los cerros y arrase con todo, mientras el Congreso lo piensa y la Corte lo ratifica.
Y en ese peligroso pulso en que la democracia danza al borde del precipicio, pocos en el país de Bolívar parecen creer que tienen mucho que perder. Con un 85% de pobreza de los cuales el 35% padece una categoría inédita de "pobreza atroz" acaso sólo presente en Sudán y el Cuerno de Africa, hay la sensación que cualquier remedio que se intente está bien con tal de salir de la crisis.
Los acreedores internacionales y los inversionistas internos están esperanzados en que con sus medidas poco ortodoxas rayanas en lo dictatorial, logre el país salir del fondo. Por lo pronto tiene al ejército limpiando alcantarillas, reparando escuelas y viviendas, repartiendo alimentos y reprimiendo a la delincuencia con determinación propia de un estado de sitio.
Sus amenazas y ataques al Poder Legislativo y al Poder Judicial, no dejan dudas de sus inclinaciones autocráticas. Pero sondeos independientes ubican en 85% el nivel de aceptación de su gestión y los indicadores externos de la situación económica empiezan a registrar variantes favorables.
Pocas dudas hay de que está siguiendo los pasos del peruano Alberto Fujimori, apoyado en su momentánea popularidad y bajo la presión de un océano de problemas insolubles. Ha de recordarse que el presidente peruano mejoró la situación económica de su país a costa de su democracia.
Chávez quiere controlar el congreso y los jueces en la medida que representen un obstáculo a los poderes omnímodos a que aspira. Aunque en su discurso empezó citando a Montesquieu, es evidente que no es un buen discípulo del enciclopedista francés. Más bien se aproxima a las variaciones latinoamericanas del totalitarismo populista criollo.
La patria de Bolívar podría repetir episodios traumáticos protagonizados por dictadores tales como Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, todo lo cual nos hace recordar un párrafo de una carta dirigida por Bolívar al general Flores, que dice : "Este país caerá indefectiblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todas las razas y colores".
Quizás no tenga él más alternativas que desenfundar la espada golpista una y otra vez para que la maraña de pesos y contrapesos ceda ante la necesidad de adoptar medidas heroicas para impedir que la marea de hambrientos vuelva a descender un día de los cerros y arrase con todo, mientras el Congreso lo piensa y la Corte lo ratifica.
Y en ese peligroso pulso en que la democracia danza al borde del precipicio, pocos en el país de Bolívar parecen creer que tienen mucho que perder. Con un 85% de pobreza de los cuales el 35% padece una categoría inédita de "pobreza atroz" acaso sólo presente en Sudán y el Cuerno de Africa, hay la sensación que cualquier remedio que se intente está bien con tal de salir de la crisis.
Los acreedores internacionales y los inversionistas internos están esperanzados en que con sus medidas poco ortodoxas rayanas en lo dictatorial, logre el país salir del fondo. Por lo pronto tiene al ejército limpiando alcantarillas, reparando escuelas y viviendas, repartiendo alimentos y reprimiendo a la delincuencia con determinación propia de un estado de sitio.
Sus amenazas y ataques al Poder Legislativo y al Poder Judicial, no dejan dudas de sus inclinaciones autocráticas. Pero sondeos independientes ubican en 85% el nivel de aceptación de su gestión y los indicadores externos de la situación económica empiezan a registrar variantes favorables.
Pocas dudas hay de que está siguiendo los pasos del peruano Alberto Fujimori, apoyado en su momentánea popularidad y bajo la presión de un océano de problemas insolubles. Ha de recordarse que el presidente peruano mejoró la situación económica de su país a costa de su democracia.
Chávez quiere controlar el congreso y los jueces en la medida que representen un obstáculo a los poderes omnímodos a que aspira. Aunque en su discurso empezó citando a Montesquieu, es evidente que no es un buen discípulo del enciclopedista francés. Más bien se aproxima a las variaciones latinoamericanas del totalitarismo populista criollo.
La patria de Bolívar podría repetir episodios traumáticos protagonizados por dictadores tales como Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez, todo lo cual nos hace recordar un párrafo de una carta dirigida por Bolívar al general Flores, que dice : "Este país caerá indefectiblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todas las razas y colores".