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Chávez contraataca


Caracas (AIPE) - Preocupado por una pérdida de popularidad que comienza a hacerse perceptible, acosado por los reclamos de los trabajadores públicos que solicitan aumentos en sus magros salarios y puesto a prueba por las denuncias de corrupción que se han hecho contra sus más altos personeros, el presidente Chávez atraviesa hoy por uno de sus más oscuros momentos. Los comicios previstos para el 28 de mayo, que fueron ideados por la dirigencia chavista para terminar de controlar por completo los resortes del poder, y en los que se pondrán en juego todos los cargos públicos electivos del país, aumentan la intranquilidad de quienes apoyan a Chávez: la oportunidad dorada que se planeó para llevar de una vez a Venezuela a un gobierno autoritario, de orientación fidelista pero con una adecuada fachada legal, puede perderse ahora en medio de un estrepitoso fracaso.
Pero las cosas, en la empobrecida Venezuela de hoy, no son tan fáciles como parece sugerir este apretado resumen de la situación. Chávez está muy lejos todavía de ser derrotado. Su contraataque se bifurca, como ya nos tiene acostumbrados, en un "movimiento de pinzas" que utiliza dos tácticas bien diferenciadas: la promesa demagógica y la intimidación. Ambas son efectivas y pueden favorecer sus aspiraciones, condenándonos así a la continuación de la inestabilidad que padecemos desde hace casi ya dos años.
Lo más obvio dentro del populismo chavista es la promesa de amplios aumentos de salarios. A los maestros, según el plan presentado, se les otorgará un 44% de incremento de sueldos mientras que llueven las promesas de otras mejoras salariales y del pago de deudas atrasadas, lo mismo que los planes de empleo, de construcción de viviendas y de ayuda a los más necesitados. El gobierno parece ceder en varios casos en sus pretensiones autoritarias y afirma que los órganos de control por él designados -Tribunal Supremo de Justicia, Fiscalía y Consejo Nacional Electoral- están procediendo con total independencia.
Pero a nadie escapa que esta independencia es muy limitada, o por lo menos bastante relativa. El propio interventor del poder judicial está señalado de haber participado, junto con Luis Miquilena, presidente del "congresillo" nombrado a dedo por él mismo, de formar parte de una empresa que se benefició injustamente de la edición de millones de ejemplares de la nueva constitución "bolivariana". Los acusados se defienden con agresividad y energía en tanto que el presidente, tal vez mal aconsejado, se enzarza en una polémica contra la Iglesia Católica en la que no escatima sus denuestos. Grupos organizados del chavismo amenazan y sabotean los actos del principal candidato opositor, Francisco Arias Cárdenas, son continuas las amenazas contra los medios de comunicación y, lo que es más grave aún, el órgano supremo de fiscalización electoral, el CNE, está integrado por un grupo de incondicionales de Hugo Chávez.
Es muy probable, en estas condiciones, que el presidente logre la reelección en los comicios del 28 de mayo y que, incluso, alcance una mayoría en el nuevo congreso y un buen número de gobernaciones. Pero esta victoria "táctica" de Chávez no servirá, creemos, para mucho. El principal objetivo, lograr la relegitimación de su mandato para gobernar arbitrariamente por seis años más se habrá perdido por la escasa confiabilidad que tendrá el proceso electoral que se avecina. Su poder real, en tanto, seguirá mermando, ante la terrible situación económica de un país que no crece y que tiene hoy un 18% de desempleados, ante el cansancio de una población que ve, poco a poco, cómo se desvanecen sus promesas y se aleja el bienestar repetidamente prometido.
Las ingeniosas tácticas de Chávez alejarán así la crisis por unos meses más, pero de nada le servirán en definitiva: no se puede gobernar con tanta ineptitud un país sin tener que pagar, un poco antes o un poco después, el precio por la incompetencia.

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