Chávez en Irak
Caracas (AIPE)- Los salmones nadan contra la corriente y muchos de ellos mueren al estrellarse contra las rocas. En política pasa lo mismo. Hay quienes suelen ir contra la lógica común para convertirse en noticia y hacerse sentir en la prensa escrita, la radio y la televisión, apoyándose en el aristotélico principio de que "no es noticia cuando el perro muerde al hombre, sino cuando el hombre muerde al perro".
En América Latina, desde México hasta Chile, se preguntan por qué el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se fue recientemente hasta Irak para conversar cuarenta y cinco minutos con Saddam Hussein. Y de paso les recomendó a los norteamericanos "que no se vuelvan locos". Para muchos se trata de un siniestro complot con árabes, persas, chinos y cubanos para desestabilizar al globo terráqueo. Pero quienes conocen a América Latina sabemos que este viaje es fruto de la viveza caribeña que trata de vender una absurda mercancía en áreas subdesarrolladas del planeta tierra.
Chávez ha trazado una revolución teórica, pero no ha podido solucionar ni un solo problema venezolano, incluyendo el más elemental de todos, que no es otro que dotar a las escuelas del gobierno con tizas, pizarrones, papel higiénico y filtros para el agua potable. Antes, los colegios recaudaban dinero entre los padres y representantes de los niños para suplir estas necesidades ahora no lo pueden hacer porque el presidente prohíbe que se cobre ni un centavo, pues la instrucción es gratuita y obligatoria, pero el gobierno no tiene dinero para satisfacer las necesidades de los colegios, que anteriormente las financiaban los padres con módicas cuotas. Chávez, ha logrado vender pues la idea que ahora se educa en Venezuela sin que los representantes desembolsen un solo centavo, pero en la práctica los colegios no están funcionando.
El viaje a Irak responde a la misma filosofía del engaño. Para las masas latinoamericanas analfabetas, enfermas, mal educadas y cargadas de miseria, ver a un presidente latinoamericano al lado del hombre más conflictivo del planeta no es una majadería, sino la prueba que Venezuela tiene ya rango mundial, lo cual le permite codearse con los dirigentes enemigos de Estados Unidos para discutir la suerte de la humanidad. Y si un país, piensa el ingenuo suramericano, ya tiene categoría para "tutear" a Estados Unidos es porque salió del escenario de la pobreza y de la miseria. Venezuela -para los latinoamericanos subdesarrollados- no puede estar mal si su presidente va a plantear condiciones políticas y económicas al hombre que se le está enfrentando a las Naciones Unidas.
Es lo mismo que ocurre con Cuba cuando en las competencias internacionales deportivas arrasa con todas las medallas. Esa es la prueba para muchos de que la República de Cuba es una potencia, aunque el triunfo en los cien metros planos nada tiene que ver con el hambre que están pasando los cubanos.
Chávez fue a Irak para vender en nuestro continente la idea que la revolución bolivariana ya logró un envidiable nivel para Venezuela, que este país -donde la realidad señala que los hospitales no funcionan y aumenta diariamente el desempleo- es ahora feliz y poderoso, pues puede desafiar a Estados Unidos. No olviden que cuando millones de personas ven a un cubano triunfando en las olimpiadas piensan que allá en La Habana todo es perfecto. Lo mismo logró Hitler con las Olimpiadas de Berlín en 1936. La diferencia está en que en aquellos años los alemanes estaban bien alimentados, tenían un servicio social de primera y unas grandiosas autopistas que ni la lluvia de bombas de la Segunda Guerra mundial pudo acabar con ellas.
Con los soviéticos pasó algo similar cuando fueron los primeros en salir al espacio; nadie podía creer
que conquistaban el cosmos a la vez que en casa se estaban muriendo de hambre. (c)
www.aipenet.com
Analista político venezolano.
En América Latina, desde México hasta Chile, se preguntan por qué el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se fue recientemente hasta Irak para conversar cuarenta y cinco minutos con Saddam Hussein. Y de paso les recomendó a los norteamericanos "que no se vuelvan locos". Para muchos se trata de un siniestro complot con árabes, persas, chinos y cubanos para desestabilizar al globo terráqueo. Pero quienes conocen a América Latina sabemos que este viaje es fruto de la viveza caribeña que trata de vender una absurda mercancía en áreas subdesarrolladas del planeta tierra.
Chávez ha trazado una revolución teórica, pero no ha podido solucionar ni un solo problema venezolano, incluyendo el más elemental de todos, que no es otro que dotar a las escuelas del gobierno con tizas, pizarrones, papel higiénico y filtros para el agua potable. Antes, los colegios recaudaban dinero entre los padres y representantes de los niños para suplir estas necesidades ahora no lo pueden hacer porque el presidente prohíbe que se cobre ni un centavo, pues la instrucción es gratuita y obligatoria, pero el gobierno no tiene dinero para satisfacer las necesidades de los colegios, que anteriormente las financiaban los padres con módicas cuotas. Chávez, ha logrado vender pues la idea que ahora se educa en Venezuela sin que los representantes desembolsen un solo centavo, pero en la práctica los colegios no están funcionando.
El viaje a Irak responde a la misma filosofía del engaño. Para las masas latinoamericanas analfabetas, enfermas, mal educadas y cargadas de miseria, ver a un presidente latinoamericano al lado del hombre más conflictivo del planeta no es una majadería, sino la prueba que Venezuela tiene ya rango mundial, lo cual le permite codearse con los dirigentes enemigos de Estados Unidos para discutir la suerte de la humanidad. Y si un país, piensa el ingenuo suramericano, ya tiene categoría para "tutear" a Estados Unidos es porque salió del escenario de la pobreza y de la miseria. Venezuela -para los latinoamericanos subdesarrollados- no puede estar mal si su presidente va a plantear condiciones políticas y económicas al hombre que se le está enfrentando a las Naciones Unidas.
Es lo mismo que ocurre con Cuba cuando en las competencias internacionales deportivas arrasa con todas las medallas. Esa es la prueba para muchos de que la República de Cuba es una potencia, aunque el triunfo en los cien metros planos nada tiene que ver con el hambre que están pasando los cubanos.
Chávez fue a Irak para vender en nuestro continente la idea que la revolución bolivariana ya logró un envidiable nivel para Venezuela, que este país -donde la realidad señala que los hospitales no funcionan y aumenta diariamente el desempleo- es ahora feliz y poderoso, pues puede desafiar a Estados Unidos. No olviden que cuando millones de personas ven a un cubano triunfando en las olimpiadas piensan que allá en La Habana todo es perfecto. Lo mismo logró Hitler con las Olimpiadas de Berlín en 1936. La diferencia está en que en aquellos años los alemanes estaban bien alimentados, tenían un servicio social de primera y unas grandiosas autopistas que ni la lluvia de bombas de la Segunda Guerra mundial pudo acabar con ellas.
Con los soviéticos pasó algo similar cuando fueron los primeros en salir al espacio; nadie podía creer
que conquistaban el cosmos a la vez que en casa se estaban muriendo de hambre. (c)
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Analista político venezolano.