Chávez, Mireya y los demócratas
Siempre se ha hablado de la doble moral de los gobiernos de Estados Unidos y, junto a ella, la de sus acólitos en el mundo. Supuestos "demócratas", capaces de violentar la Constitución, las leyes y los procesos institucionales cuando quien gobierna un país del Tercer Mundo no defiende o, más aún, atenta contra sus intereses. Los ejemplos sobran: Guatemala, República Dominicana, Chile, y ahora Venezuela. Pero esta vez parece que la democracia formal les ha jugado una definitiva mala pasada: Hugo Chávez ha recibido el respaldo de la mayoría de los venezolanos y venezolanas para culminar su mandato como Presidente de la República.
¿Qué harán ahora, los dirigentes de la Coordinadora Democrática de Oposición y los dueños del poder económico? ¿Y Bush?
Hace cinco años, Mireya Moscoso ganó las elecciones y se instaló como Presidenta de Panamá. Desde entonces hemos tenido que aguantarnos uno de los peores gobiernos de la historia republicana y, sin duda, el peor del actual régimen "partidocrático" que nos han impuesto, desde 1983, los políticos con la complicidad del entonces dictador Noriega, a través de la Constitución, sin posibilidad alguna de deshacernos de un mal gobierno a medio camino de su gestión. Tanto la actual Constitución como las reformas impuestas otra vez por los políticos, nos obligan a soportar gobernantes que atentan diariamente contra las mayorías y el país en general.
Chávez, por su parte, ganó las elecciones que lo llevaron a la Presidencia. Convocó a la elección de una Asamblea Nacional Constituyente (lo que no han querido hacer nuestros políticos locales) y sus seguidores obtuvieron la mayoría por el voto popular. La nueva Constitución Bolivariana fue aprobada en un referéndum y, en virtud de esa misma Constitución, Chávez volvió a someterse al escrutinio de los electores, saliendo victorioso en otro proceso con 3 millones 700 mil votos y más.
Como si fuera poco, la oposición logra, a duras penas y en medio de irregularidades manifiestas en la recolección de firmas, convocar a un referendo para que el pueblo decidiera la permanencia o no de su Presidente en el poder (mecanismo único en América, sino en el mundo, incluido precisamente en la Constitución Bolivariana). Nuevamente la voluntad mayoritaria se impone y el 58% de los votos escrutados dice NO a la retirada del gobernante, en un proceso en el que participó el 61% de los electores listados.
¿Por qué, entonces, es tan difícil aceptar que el ciudadano que una y otra vez recibe el respaldo popular, siguiendo las reglas del juego y dentro de los mecanismos considerados legítimos y legitimantes, termine su período de gobierno? Respondo volviendo al inicio de este escrito: porque atenta contra los intereses de los poderosos; porque no es un "yesman"; porque está planteando mecanismos económicos diferentes a los tratados de libre comercio con Estados Unidos (EU) y está promoviendo la unidad económica y la independencia política de los países del Sur. No un sistema comunista, como dicen algunos, ya por ignorancia, ya por razones inconfesables. Está simplemente defendiendo el derecho de los pueblos a buscar alternativas al neoliberalismo. Y eso, en nuestro actual mundo unipolar, constituye un atentado terrorista.
No hay que ser "chavista" para entender todo esto; de hecho, yo no lo soy. Siempre he cuestionado el mesianismo y el culto a la personalidad; creo firmemente en que la participación y la organización de las personas es la que produce los cambios y no el carácter "iluminado" de ningún dirigente.
Pero basta con leer los resultados de las consultas populares de los últimos seis años para saber que no hay más remedio que aceptar la voluntad de las mayorías y dejar gobernar al Presidente. La oposición debería ser más inteligente y sentarse con el gobierno a pactar la gobernabilidad, partiendo del respeto a la voluntad popular y hacer política dentro de los espacios democráticos. Por su parte, EU debería no repetir su error con Cuba y permitir el libre desarrollo de la política y la economía venezolanas.
Al gobierno venezolano le conviene aprovechar las actuales circunstancias para ampliar su base social, escuchar al amplísimo sector crítico de la población y fortalecer la participación de la ciudadanía en la construcción de la prometida nueva Venezuela. La pregunta es: ¿Washington y el poder económico local lo permitirán o provocarán las condiciones para un magnicidio u otra invasión militar del "policía global"?
Hugo Chávez tiene hoy la legitimidad para tomar las medidas que le brindan la Constitución y la Ley a cualquier gobierno democrático para repeler la sedición y garantizar el respeto a la institucionalidad, tan cacareada por esos falsos profetas de la democracia. Pero su pueblo también cuenta con el respaldo de la dignidad latinoamericana para rechazar la intervención extranjera en ese país.
¿Qué harán ahora, los dirigentes de la Coordinadora Democrática de Oposición y los dueños del poder económico? ¿Y Bush?
Hace cinco años, Mireya Moscoso ganó las elecciones y se instaló como Presidenta de Panamá. Desde entonces hemos tenido que aguantarnos uno de los peores gobiernos de la historia republicana y, sin duda, el peor del actual régimen "partidocrático" que nos han impuesto, desde 1983, los políticos con la complicidad del entonces dictador Noriega, a través de la Constitución, sin posibilidad alguna de deshacernos de un mal gobierno a medio camino de su gestión. Tanto la actual Constitución como las reformas impuestas otra vez por los políticos, nos obligan a soportar gobernantes que atentan diariamente contra las mayorías y el país en general.
Chávez, por su parte, ganó las elecciones que lo llevaron a la Presidencia. Convocó a la elección de una Asamblea Nacional Constituyente (lo que no han querido hacer nuestros políticos locales) y sus seguidores obtuvieron la mayoría por el voto popular. La nueva Constitución Bolivariana fue aprobada en un referéndum y, en virtud de esa misma Constitución, Chávez volvió a someterse al escrutinio de los electores, saliendo victorioso en otro proceso con 3 millones 700 mil votos y más.
Como si fuera poco, la oposición logra, a duras penas y en medio de irregularidades manifiestas en la recolección de firmas, convocar a un referendo para que el pueblo decidiera la permanencia o no de su Presidente en el poder (mecanismo único en América, sino en el mundo, incluido precisamente en la Constitución Bolivariana). Nuevamente la voluntad mayoritaria se impone y el 58% de los votos escrutados dice NO a la retirada del gobernante, en un proceso en el que participó el 61% de los electores listados.
¿Por qué, entonces, es tan difícil aceptar que el ciudadano que una y otra vez recibe el respaldo popular, siguiendo las reglas del juego y dentro de los mecanismos considerados legítimos y legitimantes, termine su período de gobierno? Respondo volviendo al inicio de este escrito: porque atenta contra los intereses de los poderosos; porque no es un "yesman"; porque está planteando mecanismos económicos diferentes a los tratados de libre comercio con Estados Unidos (EU) y está promoviendo la unidad económica y la independencia política de los países del Sur. No un sistema comunista, como dicen algunos, ya por ignorancia, ya por razones inconfesables. Está simplemente defendiendo el derecho de los pueblos a buscar alternativas al neoliberalismo. Y eso, en nuestro actual mundo unipolar, constituye un atentado terrorista.
No hay que ser "chavista" para entender todo esto; de hecho, yo no lo soy. Siempre he cuestionado el mesianismo y el culto a la personalidad; creo firmemente en que la participación y la organización de las personas es la que produce los cambios y no el carácter "iluminado" de ningún dirigente.
Pero basta con leer los resultados de las consultas populares de los últimos seis años para saber que no hay más remedio que aceptar la voluntad de las mayorías y dejar gobernar al Presidente. La oposición debería ser más inteligente y sentarse con el gobierno a pactar la gobernabilidad, partiendo del respeto a la voluntad popular y hacer política dentro de los espacios democráticos. Por su parte, EU debería no repetir su error con Cuba y permitir el libre desarrollo de la política y la economía venezolanas.
Al gobierno venezolano le conviene aprovechar las actuales circunstancias para ampliar su base social, escuchar al amplísimo sector crítico de la población y fortalecer la participación de la ciudadanía en la construcción de la prometida nueva Venezuela. La pregunta es: ¿Washington y el poder económico local lo permitirán o provocarán las condiciones para un magnicidio u otra invasión militar del "policía global"?
Hugo Chávez tiene hoy la legitimidad para tomar las medidas que le brindan la Constitución y la Ley a cualquier gobierno democrático para repeler la sedición y garantizar el respeto a la institucionalidad, tan cacareada por esos falsos profetas de la democracia. Pero su pueblo también cuenta con el respaldo de la dignidad latinoamericana para rechazar la intervención extranjera en ese país.