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Chávez rompe silencio


Después del "por qué no te callas" que le dijera el rey de España; de los hallazgos en la computadora de Raúl Reyes y, sobre todo, luego de la liberación de Ingrid Betancourt, Hugo Chávez quedó en una especie de silencio catatónico. Sus groseras bravuconadas fueron remplazadas por un mutismo tal que en ocasiones la opinión pública hasta pareció olvidarlo. Pero recientemente, a raíz de la crisis boliviana, Hugo ha vuelto, y de qué manera. Compró en Moscú unos avioncitos bombarderos de última generación, expulsó al embajador norteamericano Patrick Duddy de Caracas, ofreció ayuda militar a Bolivia, regañó a los militares de ese país y les dio una mandada... lejos, a los estadounidenses. Pareció recordar su misión bolivariana y, lanza en ristre, ha retomado la vieja amenaza de impulsar un conflicto regional que envuelva al sur del continente. Por suerte la decisión no está en sus manos, sino en la de otros presidentes prudentes y responsables que meditarían palabras y pensamientos antes de incorporarse a una aventura como la que él promete.

Pero, ¿por qué ha vuelto a gritar el bravucón de Caracas? Tal parece que las compras hechas a Moscú implican algo más que una transacción comercial. Es posible que Vladimir Putin vea con simpatías los alaridos de Chávez, sobre todo después del desaire estadounidense hecho al Kremlin durante los recientes sucesos en Osetia del Sur. Nadie, y menos los rusos, olvidan la flamante visita de Conddoleeza Rice a Georgia en medio del conflicto. "Es hora de la factura, camarada Hugo", podría estar diciendo Putin desde la tierra de los zares.

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