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Chávez y el 86% de pobreza


Se han empezado a sentir las primeras críticas a la gestión del recién asumido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a raíz de la creciente militarización de su administración. A las críticas él ha respondido diciendo: "Recuerde que no soy causa sino resultado", aludiendo a que su ascenso al poder se debió a la crisis insostenible que padece su país, de la que no es su causa u origen".
Chávez ha seguido adelante con su proyecto de dotar al país de una nueva Constitución y de remecer el esqueleto de toda su estructura política. Y tal cual comentamos tras su triunfo electoral, cada vez más, descansa en el Ejército. Hay un evidente sesgo totalitario en su estilo, por no decir castrense.
Pero tiene razón. El es producto de la fiebre del sistema democrático, no su verdugo. Pinochet y Franco en buena medida lo fueron igual. Si sus respectivos países no hubieran estado en su momento sumidos en la anarquía y la crisis perenne, tal vez nunca habrían asumido el poder. Ambos se erigieron en dictadores y pasaron por las armas a muchos, concentrando en sus manos todos los poderes. Hasta que, recuperada la estabilidad, implantaron la democracia que una vez conculcaron, haciendo a sus países más fuertes, sanos y estable, aunque sobre una pila de cadáveres y derechos violados.
No justificamos ni a uno ni a otro. Tan sólo procuramos explicar el contexto histórico que les da origen. Hitler, en cierta medida, fue producto de una Alemania derrotada, misérrima y humillada, que vino al rescate de su orgullo mancillado, a través de la revancha.
Qué otras cosas puede esperarse de Chávez, quien asumió el poder con una votación sin precedentes que rechazó todas las alternativas más coherentes de los partidos tradicionales. Fue Venezuela la que escogió la opción totalitaria, si fuera el caso, y no a la inversa.
El que el Centro de Análisis y Documentación de los Trabajadores (CENDA) haya cifrado en 86% el índice de pobreza y que el gobierno lo haya fijado en 80%, es espantoso. Incluso se han visto precisados a inventar una nueva categoría de pobre, muy por debajo a todas las convencionalmente reconocidas por los organismos internacionales, cual es la de la "pobreza atroz" (16%), peor que la pobreza extrema, conformada aquélla por quienes casi no comen siquiera una vez al día y viven en las calles. Los otros, los de pobreza extrema son el 46% y no comen siquiera dos veces al día, viviendo en condiciones misérrimas, mientras el restante 24%, vive con menos del salario de la canasta básica.
Si tenemos presente esa dura realidad, podremos entender un poco más lo que está pasando en Venezuela, donde difícil es medir a Chávez con la misma vara que a otros.


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