Chávez y el Acuerdo de San José
Con los precios del petróleo escalando niveles inéditos, -en algunos momentos se cuadruplicaron con respecto a cotizaciones de hace un año-, el que el presidente venezolano Hugo Chávez haya tenido la iniciativa de reeditar el Acuerdo de San José de mediados de los 70 y dar facilidades de compra al crédito, a las naciones de Centroamérica y el Caribe, es loable.
En efecto, Chávez ha aceptado viajar a San José de Costa Rica en los próximos días para atender invitación de su homólogo Miguel Angel Rodríguez, quien intenta liderar a nombre de los países consumidores del área una nueva versión del acuerdo que sin embargo no cuenta esta vez con México.
El mandatario de Venezuela ha ofrecido financiar hasta el 25% de cada factura cuyo precio de crudo exceda los 30 dólares el barril, al interés anual de 2% y con vencimiento de 15 años. Las ventajosas condiciones de pago serían extendidas también a Belice, Panamá, República Dominicana y Cuba.
En el caso de nuestro país, sin embargo, el beneficio sería muy limitado, puesto que México y Arabia Saudita son sus principales proveedores de crudo, correspondiendo a Venezuela una parte muy marginal. No obstante, no se descarta que la cuota de Venezuela aumente, dependiendo de los términos concretos que acuerden Chávez y Rodríguez.
Durante la época de Torrijos, Panamá consiguió del presidente venezolano Carlos Andrés Pérez y del mexicano Miguel López Portillo, un tratamiento similar. La deuda impaga de cada factura se transformaba en documentos de crédito público, que negociados se convertían en dinero fresco que debía invertirse, según el convenio, en obras sociales y otros proyectos.
Pero abusamos tanto del crédito que al final llegamos a arrastrar una morosidad petrolera muy alta con ambos países, la cual fue pagada en su totalidad por los gobiernos de Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares. Desde entonces, nuestras compras se hacen básicamente al contado, siempre a través de Refinería Panamá, S. A.
Las autoridades nacionales han aclarado que si aceptaran, así sea en parte, la oferta del mandatario venezolano, ninguna influencia tendría en los precios locales del combustible, pues tan sólo sería una forma para que el Estado use el 25% del precio a crédito para obras sociales, dependiendo de los términos. Menos cauteloso se muestra el presidente tico, quien ha dicho que aprovechará hasta el máximo la oportunidad, considerando la escalada del drenaje de divisas que el aumento del crudo ha representado para su nación.
De cualquier forma, no hay que juzgar adversamente a priori la oferta de Chávez. Con unas IFIs al tope de la tacañería, con intereses de usura y condiciones cada vez más gravosas e intervencionistas, encontrar crédito líquido al 2% anual y 15 años de plazo, es una ganga y generosidad manifiesta.
En efecto, Chávez ha aceptado viajar a San José de Costa Rica en los próximos días para atender invitación de su homólogo Miguel Angel Rodríguez, quien intenta liderar a nombre de los países consumidores del área una nueva versión del acuerdo que sin embargo no cuenta esta vez con México.
El mandatario de Venezuela ha ofrecido financiar hasta el 25% de cada factura cuyo precio de crudo exceda los 30 dólares el barril, al interés anual de 2% y con vencimiento de 15 años. Las ventajosas condiciones de pago serían extendidas también a Belice, Panamá, República Dominicana y Cuba.
En el caso de nuestro país, sin embargo, el beneficio sería muy limitado, puesto que México y Arabia Saudita son sus principales proveedores de crudo, correspondiendo a Venezuela una parte muy marginal. No obstante, no se descarta que la cuota de Venezuela aumente, dependiendo de los términos concretos que acuerden Chávez y Rodríguez.
Durante la época de Torrijos, Panamá consiguió del presidente venezolano Carlos Andrés Pérez y del mexicano Miguel López Portillo, un tratamiento similar. La deuda impaga de cada factura se transformaba en documentos de crédito público, que negociados se convertían en dinero fresco que debía invertirse, según el convenio, en obras sociales y otros proyectos.
Pero abusamos tanto del crédito que al final llegamos a arrastrar una morosidad petrolera muy alta con ambos países, la cual fue pagada en su totalidad por los gobiernos de Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares. Desde entonces, nuestras compras se hacen básicamente al contado, siempre a través de Refinería Panamá, S. A.
Las autoridades nacionales han aclarado que si aceptaran, así sea en parte, la oferta del mandatario venezolano, ninguna influencia tendría en los precios locales del combustible, pues tan sólo sería una forma para que el Estado use el 25% del precio a crédito para obras sociales, dependiendo de los términos. Menos cauteloso se muestra el presidente tico, quien ha dicho que aprovechará hasta el máximo la oportunidad, considerando la escalada del drenaje de divisas que el aumento del crudo ha representado para su nación.
De cualquier forma, no hay que juzgar adversamente a priori la oferta de Chávez. Con unas IFIs al tope de la tacañería, con intereses de usura y condiciones cada vez más gravosas e intervencionistas, encontrar crédito líquido al 2% anual y 15 años de plazo, es una ganga y generosidad manifiesta.