"Chávez y el Segundo Caracazo"
En la política, se dice que el don del verbo es clave para convencer a las masas. Maquiavelo consideraba que un líder debería ser fuerte, "odiado y no bien amado" por su pueblo. Muchos gobernantes han considerado estos preceptos para realizar sus administraciones públicas, al punto que llegan al abuso: se transforman en demagogos, mentirosos empedernidos y hasta dictadores que se encierran en sus proyectos utópicos.
Simón Bolívar, el mítico dirigente venezolano, quiso una vez crear una nación latinoamericana unida, con fuertes pilares democráticos y plena de libertades sociales. Sin embargo, hubo quienes nunca consideraron al "Libertador" en sus proyectos mesiánicos y hasta los mismos venezolanos terminaron por desterrarlo del país, dejándolo morir en la vecina Colombia.
El pasado jueves 11 de abril, durante aquella tarde sangrienta en Caracas, la magia de la televisión pudo mostrar en dos perspectivas visuales el cambio político de una nación hermana. Mientras Hugo Chávez, hasta entonces presidente de Venezuela, hablaba de conspiraciones, así como la justificación del cierre de los medios de comunicación sociales, al frente de su Palacio en Miraflores ocurría una dura represión paramilitar que nos recordó los aciagos momentos del final de la dictadura de Manuel Antonio Noriega en Panamá.
Fue lastimoso ver a Chávez hablar en su discurso televisivo: Se parecía al emperador Nerón, quien cantaba al infinito con su arpa, mientras Roma ardía hasta sus cimientos. Aquel fue el extremo: un dirigente popular se convirtió en un extremista, sobrecogido por el ansia de poder y la soberbia.
Doce muertos y cien heridos fue el resultado del denominado "Segundo Caracazo". Pero, de inmediato, me recordó lo frágil que pueden ser los efímeros experimentos sociales y políticos en la América Latina.
No es mi intención comparar a Chávez y Bolívar. Quisiera el ex presidente venezolano ser igual que el "Libertador". Pero, ambos dirigentes fueron alabados en su momento por las masas. Los venezolanos vieron en ellos el aura de la promesa de un futuro mejor, aunque fueron engañados por los discursos y la labia bonita.
Bueno, ya cayó Hugo Chávez y sus propios aliados, la cúpula militar venezolana, lo dejó marginado. Pero queda una interrogante: ¿y ahora qué?
Cuando se supo que el empresario Pedro Carmona, el dirigente de la Federación de Cámaras Comerciales, tomaba el poder de forma interina en Venezuela, al instante consideramos que el lío político social en el hermano país sudamericano continuará, de igual manera como prosigue la crisis argentina. Ver a Carmona, un fiel representante de la oligarquía burguesa venezolana, es observar la imagen de Eduardo Duhalde en Argentina.
De seguro, Carmona hará colaboración con los sectores derechistas del ejército venezolano para reprimir todo vestigio de las reformas sociales que una vez impulso Chávez. Pero allí está el asunto: Carmona y el gobierno interino deberán reformar de nuevo la Constitución, la cual fue adaptada a semejanza de los caprichos autoritarios de Hugo Chávez y su séquito.
111Venezuela vuelve al mismo punto de partida, cuando Hugo Chávez tomó el poder en 1999. Otra vez, la clase económica altruista, los partidos tradicionales y el ala derechista del ejército (entrenada en Estados Unidos), volverán a decidir el futuro.
¿Habrá otra constituyente o se llamará a elecciones presidenciales para refrendar al nuevo gobierno de la oclocracia empresarial caraqueña? Esas preguntas son todavía difíciles de responder, pero lo cierto es que Venezuela vuelve al mismo punto de partida, cuando Hugo Chávez tomó el poder en 1999. Otra vez, la clase económica altruista, los partidos tradicionales y el ala derechista del ejército (entrenada en Estados Unidos), volverán a decidir el futuro de Venezuela.
Ni más, lo que le importa a las grandes potencias, en especial a Washington, es que el flujo del petróleo continúe su camino en los supertanqueros, para saciar la maquinaria industrial, tecnológica y militar del coloso norteño, el cual consume el crudo del Lago Maracaibo. El 30% del consumo estadounidense de petróleo procede de Venezuela.
Finalmente, el otro logro para Washington fue reprimir el otro posible foco de expansión comunista en la América Latina, como lo era la Venezuela chavista. Ahora vuelve Cuba a quedar sola en el hemisferio, en medio de tigres y leones deseosos de aniquilar el otro proyecto socialista. Pero eso es otra historia...
Simón Bolívar, el mítico dirigente venezolano, quiso una vez crear una nación latinoamericana unida, con fuertes pilares democráticos y plena de libertades sociales. Sin embargo, hubo quienes nunca consideraron al "Libertador" en sus proyectos mesiánicos y hasta los mismos venezolanos terminaron por desterrarlo del país, dejándolo morir en la vecina Colombia.
El pasado jueves 11 de abril, durante aquella tarde sangrienta en Caracas, la magia de la televisión pudo mostrar en dos perspectivas visuales el cambio político de una nación hermana. Mientras Hugo Chávez, hasta entonces presidente de Venezuela, hablaba de conspiraciones, así como la justificación del cierre de los medios de comunicación sociales, al frente de su Palacio en Miraflores ocurría una dura represión paramilitar que nos recordó los aciagos momentos del final de la dictadura de Manuel Antonio Noriega en Panamá.
Fue lastimoso ver a Chávez hablar en su discurso televisivo: Se parecía al emperador Nerón, quien cantaba al infinito con su arpa, mientras Roma ardía hasta sus cimientos. Aquel fue el extremo: un dirigente popular se convirtió en un extremista, sobrecogido por el ansia de poder y la soberbia.
Doce muertos y cien heridos fue el resultado del denominado "Segundo Caracazo". Pero, de inmediato, me recordó lo frágil que pueden ser los efímeros experimentos sociales y políticos en la América Latina.
No es mi intención comparar a Chávez y Bolívar. Quisiera el ex presidente venezolano ser igual que el "Libertador". Pero, ambos dirigentes fueron alabados en su momento por las masas. Los venezolanos vieron en ellos el aura de la promesa de un futuro mejor, aunque fueron engañados por los discursos y la labia bonita.
Bueno, ya cayó Hugo Chávez y sus propios aliados, la cúpula militar venezolana, lo dejó marginado. Pero queda una interrogante: ¿y ahora qué?
Cuando se supo que el empresario Pedro Carmona, el dirigente de la Federación de Cámaras Comerciales, tomaba el poder de forma interina en Venezuela, al instante consideramos que el lío político social en el hermano país sudamericano continuará, de igual manera como prosigue la crisis argentina. Ver a Carmona, un fiel representante de la oligarquía burguesa venezolana, es observar la imagen de Eduardo Duhalde en Argentina.
De seguro, Carmona hará colaboración con los sectores derechistas del ejército venezolano para reprimir todo vestigio de las reformas sociales que una vez impulso Chávez. Pero allí está el asunto: Carmona y el gobierno interino deberán reformar de nuevo la Constitución, la cual fue adaptada a semejanza de los caprichos autoritarios de Hugo Chávez y su séquito.
111Venezuela vuelve al mismo punto de partida, cuando Hugo Chávez tomó el poder en 1999. Otra vez, la clase económica altruista, los partidos tradicionales y el ala derechista del ejército (entrenada en Estados Unidos), volverán a decidir el futuro.
¿Habrá otra constituyente o se llamará a elecciones presidenciales para refrendar al nuevo gobierno de la oclocracia empresarial caraqueña? Esas preguntas son todavía difíciles de responder, pero lo cierto es que Venezuela vuelve al mismo punto de partida, cuando Hugo Chávez tomó el poder en 1999. Otra vez, la clase económica altruista, los partidos tradicionales y el ala derechista del ejército (entrenada en Estados Unidos), volverán a decidir el futuro de Venezuela.
Ni más, lo que le importa a las grandes potencias, en especial a Washington, es que el flujo del petróleo continúe su camino en los supertanqueros, para saciar la maquinaria industrial, tecnológica y militar del coloso norteño, el cual consume el crudo del Lago Maracaibo. El 30% del consumo estadounidense de petróleo procede de Venezuela.
Finalmente, el otro logro para Washington fue reprimir el otro posible foco de expansión comunista en la América Latina, como lo era la Venezuela chavista. Ahora vuelve Cuba a quedar sola en el hemisferio, en medio de tigres y leones deseosos de aniquilar el otro proyecto socialista. Pero eso es otra historia...