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Chile, 20 años después


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Santiago de Chile

A comienzos del decenio de 1980, Chile se vio enfrentado a una situación económica mundial que era peor que la actual. Por ejemplo, en 1981 habíamos recibido un flujo de capital externo de 4.300 millones de dólares, que disminuyó a la quinta parte (831 millones) en el año siguiente, a raíz de una recesión internacional y de problemas de solvencia en Argentina, todo lo cual sembró la desconfianza en el mundo financiero desarrollado. La atrición crediticia, la caída del cobre, el alza del petróleo y la recesión internacional condujeron a una disminución del 14% en el producto y, en el plano hemisférico, a lo que después se llamó "la década perdida de América Latina".
Pues bien, Chile fue el primer país en salir de ella. Y no sólo eso; a los cinco años alcanzó un crecimiento muy alto, que no se interrumpió hasta el segundo gobierno de la Concertación, en 1998. ¿Cómo lo logró? Haciendo lo contrario que los gobiernos de la Concertación y, muy en particular, que el actual.

El gobierno militar estableció un régimen de flexibilidad laboral y evitó que el salario mínimo subiera en términos de provocar su efecto más nocivo: el desempleo de los más pobres.Procuró una reducción de los costos de contratar trabajadores con una reforma previsional privatizadora que, además, mejoró las pensiones.Redujo los impuestos a las empresas, lo cual estimuló la inversión y el empleo.Desburocratizó y suprimió trámites inútiles, como la exigencia de una cantidad de "carnets" y "permisos" entrabadores de la libre iniciativa. Este espíritu se transmitió a la administración pública y a la municipal.Mediante un manejo fiscal y monetario prudente (esto último fue reforzado con la creación de un Banco Central autónomo), se logró equilibrar el presupuesto y se redujo paulatinamente la inflación de tres dígitos que había legado la Unidad Popular.Fueron privatizadas empresas estatales y se restituyó al sector privado bancos intervenidos durante la crisis de 1982, a través del capitalismo popular, lo que permitió al Estado disponer de más fondos para el gasto social.

De ese modo, Chile pudo exhibir en enero de 1990 una tasa de desempleo de la tercera parte que en 1982 (5% contra 15%) y alcanzó ya en 1988 tasas de crecimiento anual superiores al siete por ciento (10% en 1989). No extrañó, entonces, que se empezara a hablar del "jaguar chileno" y de la "economía estrella de América Latina".
¿Cómo enfrenta la actual crisis el gobierno de la Concertación?

Imponiendo una reforma laboral (que sucede a otra de igual signo de principios del decenio de 1990) que inflexibiliza el respectivo mercado, dificulta la movilidad de los trabajadores y fortalece la huelga.Encareciendo el costo de contratar, mediante la misma reforma y un seguro de desempleo que, paradójicamente, conspira contra el empleo.Aumentando los impuestos a las empresas (también ya se había hecho en el primer gobierno concertacionista).Multiplicando controles, trámites y exigencias que hacen cada vez más difícil, caro y engorroso producir. La burocracia, por su parte, cree interpretar la mentalidad concertacionista, heredera de la lucha de clases y claramente hostil al empresario privado.Expandiendo en sucesivos años el gasto estatal más que el producto. La combinación de ello con una política monetaria expansiva explica, junto con la desconfianza interna y externa, la estampida del dólar.

El presidente Lagos dice, para tranquilizar al país, que ya "no va a sacar más cosas del sombrero". Ojalá.
Con las que han sacado él y sus antecesores basta y sobra para que el país esté en condiciones más precarias
ante la crisis y exhiba tasas de crecimiento de la mitad de las de antes y de desempleo de casi el doble de la
que se heredó en 1990.

(c)* Analista político chileno. www.aipenet.com


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