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Chile: democracia poco democrática


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Santiago de Chile / AIPE

Se anuncia la creación de una nueva unidad de inteligencia, es decir, de espionaje político, para que se una a los servicios de investigaciones y carabineros, al de las Fuerzas Armadas y al numeroso funcionariado de seguridad que actúa en torno al Ministerio del Interior. Se trataría de la SNI, pariente de la CNI militar, sucesora de la DINA. Se estudia, además, un consejo social, o algo así, posiblemente inspirado en el similar que funcionó en el gobierno militar. También se plantea la creación de un grupo de inteligentes en lavado de dinero, al parecer más hábiles en registrarnos los bolsillos y cuentas que el Consejo de Defensa del Estado, al que no le ha ido bien con el narcotráfico, al igual que en otros países que, obedeciendo al gobierno de Estados Unidos, gastan enormes recursos en una guerra perdida y corrupta.
Las policías persiguen a los narcotraficantes y dejan de lado sus labores clásicas, facilitando así los robos y crímenes tradicionales que se extienden como nunca antes. A propósito, ya sería hora de cerrar un consejo que defiende al Estado de los ciudadanos. ¡Hay que ubicarse! En las democracias es al revés y son las personas las que deben ser defendidas, sobre todo ahora que se pretende "reforzar" la ley de lavado de dinero, lo que configurará nuevas formas de represión.
El poder del Estado ha aumentado en unos tres o cuatro puntos del PIB desde 1990 y crecen los tributos, el costo laboral, la represión ambiental, las regulaciones y los inspectores, que compiten en perseguir a la gente que da trabajo. Como es natural, la tasa de desempleo ya anda en 15 por ciento en Santiago y se dice que se trata de algo estructural, es decir, que seguirá. Esto ocurre después del pleno empleo del pasado.
A monseñor Medina y al padre Hasbún no los dejan expresar sus creencias. "La Nación", periódico del gobierno, saca un diario gratis con nuestro dinero y TVN es "intervenida". ¡Ubíquense!: en democracia el Estado no debe tener medios de comunicación, así como tampoco ingenierías culturales ni planes oficiales de estudio o de cómo hacer el amor.
La democracia y los derechos personales se restringen y desnaturalizan con el Estado grande y con leyes represivas dictadas con el pretexto de protegernos y garantizar derechos a cualquier cosa. Más aún cuando los dineros terminan asignados a grupos corporativos de interés, como transportistas, médicos, profesores, agricultores, sindicatos fuertes y funcionarios del partido para inteligencia, lavados, regulaciones, protección, cultura, deporte, indígenas mapuches y otros grupos emergentes. Todo para que al final las cifras oficiales digan que la distribución del ingreso está peor que antes de duplicarse lo que llaman "gasto social".
Algo anda al revés en Chile. Los militares hicieron una revolución liberal, una gran economía y una democracia con problemas, pero que funciona. Nuestros demócratas, en cambio, aumentan la represión estatal y copian de los militares la inteligencia, el espionaje, el consejo económico social y las bandas protectoras de precios, para empobrecer a los pobres, además de aumentar los controles sociales y el desempleo.
(c)* Profesor de economía, Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central de Chile. www.aipenet.com


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