Chile: Elección en suspenso
El empate técnico entre el candidato socialista Ricardo Lagos y el centroderechista Joaquín Lavin revela cuán dividido está el electorado chileno y cuán incierto es el futuro panorama político. Las dudas se diluirán en la segunda vuelta de enero cuando se definan algunos aspectos importantes que ahora son estrictamente conjeturales.
Deberá aclararse en la segunda vuelta, si es cierto que un buen número de militantes democristianos prefirieron votar por Lavin, seguidor de la economía libre de mercado y pragmático ciento por ciento, antes que por un socialista que podría resucitar los viejos fantasmas allendistas de inflación galopante y patética escasez de productos básicos. Deberá aclararse hasta qué punto desfavorece al candidato de la coalición demócrata cristiana- socialista el impacto negativo de una recesión que ha bajado el PIB a 0.05%, con secuela de carestía, desempleo y reclamos callejeros de mejoras salariales.
En las anteriores elecciones, el candidato de la derecha chilena alcanzó el 30.59% de los votos, mientras que Eduardo Frei llegó al 57.58%. Es un hecho estadístico que el gobierno perdió 11%, en tanto que la derecha trepó 17% y fracción. Desde las elecciones de 1958 que ganó el candidato derechista Jorge Alessandri con el 3l.18%, este sector político no pasaba el 43%.
Los análisis estadísticos concluyen en que Lavin es un fenómeno político fuera de serie que ha superado los posibles estigmas pinochetistas gracias a un lenguaje directo y, sobre todo, a su juventud y a su buena labor como alcalde del distrito santiaguino de Las Condes.
En cambio es visible la fatiga suscitada por el continuismo, tras los gobiernos de Patricio Alwyn y Eduardo Frei y el temor a la resurrección del socialismo allendista. Considerando que hubo un abstencionismo del diez por ciento y que los comunistas podrían aportar el tres por ciento de la candidata Gladys Marín es sensato admitir que aún queda un saldo de votos que en la segunda vuelta puede dar más sorpresas, en uno u otro sentido.
Deberá aclararse en la segunda vuelta, si es cierto que un buen número de militantes democristianos prefirieron votar por Lavin, seguidor de la economía libre de mercado y pragmático ciento por ciento, antes que por un socialista que podría resucitar los viejos fantasmas allendistas de inflación galopante y patética escasez de productos básicos. Deberá aclararse hasta qué punto desfavorece al candidato de la coalición demócrata cristiana- socialista el impacto negativo de una recesión que ha bajado el PIB a 0.05%, con secuela de carestía, desempleo y reclamos callejeros de mejoras salariales.
En las anteriores elecciones, el candidato de la derecha chilena alcanzó el 30.59% de los votos, mientras que Eduardo Frei llegó al 57.58%. Es un hecho estadístico que el gobierno perdió 11%, en tanto que la derecha trepó 17% y fracción. Desde las elecciones de 1958 que ganó el candidato derechista Jorge Alessandri con el 3l.18%, este sector político no pasaba el 43%.
Los análisis estadísticos concluyen en que Lavin es un fenómeno político fuera de serie que ha superado los posibles estigmas pinochetistas gracias a un lenguaje directo y, sobre todo, a su juventud y a su buena labor como alcalde del distrito santiaguino de Las Condes.
En cambio es visible la fatiga suscitada por el continuismo, tras los gobiernos de Patricio Alwyn y Eduardo Frei y el temor a la resurrección del socialismo allendista. Considerando que hubo un abstencionismo del diez por ciento y que los comunistas podrían aportar el tres por ciento de la candidata Gladys Marín es sensato admitir que aún queda un saldo de votos que en la segunda vuelta puede dar más sorpresas, en uno u otro sentido.