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Chile: la Derecha se afila el bigote


Las elecciones presidenciales chilenas entraron en tierra derecha y este 16 de enero se define en la segunda vuelta quién será el presidente para los próximos seis años, de los 14.5 millones de habitantes del país más largo, austral y telúrico del planeta.
Sólo dos candidatos van tras el sillón de O´Higgings, el socialdemócrata, Ricardo Lagos Escobar y el derechista Joaquín Lavín Infante, en su orden, las dos principales, mayorías de los comicios del pasado 12 de diciembre, que dejaron en tablas, virtualmente, a ambos contendores.
Lagos, un viejo maestro (abogado y economista) alejado de la retórica, de incuestionable liderazgo y conocimiento de la economía, la política y la educación, cuenta con la primera opción para llegar a La Moneda, el antiguo Palacio de los Presidentes diseñado por el italiano Toesca y caracterizado por un político de principio de siglo como la "Casa donde tanto se sufre".
Lavín, un joven economista, vinculado estrechamente a Pinochet, separado por conveniencia electoral del Imperator detenido en Londres, apostó con éxito al populismo en la primera vuelta y su marketing conquistó el 47.51 por ciento de los 8 millones de sufragios, en medio de una fuerte recesión económica de 11 meses, que elevó el desempleo en Chile a cifras desconocidas del 5.4 por ciento al 11.5 por ciento.
El escenario del 2000 es diferente, ha subido el precio del cobre, de la harina de pescado-dos productos importantes de exportación de Chile muy deprimidos en 1999- el desempleo ha cedido al 9 por ciento y seguirá bajando, y la CEPAL anunció que Chile junto con Costa Rica serán los dos países de mayor crecimiento económico en América Latina con el 5.5 por ciento este año.
Un alivio, sin duda, para la Concertación que gobierna Chile y para Lagos el candidato de esa agrupación, quien ha reiterado en esta segunda vuelta que "sé hacer las cosas, financiarlas y sé sacarlas adelantes", en contraposición de un Lavín sorprendentemente genoroso, comunicacional y dueño de un discurso populista y de grandes promesas como nunca antes ensayó la tradicional y conservadora derecha chilena.
Osvaldo Sunkel, una autoridad medioambientalista chilena y latinoamericana, expresó recientemente en un detallado enfoque sobre las elecciones y el país suramericano, que "temía que el cambio" propuesto por Lavín, fuera en reversa, porque él califica los 90 como el decenio más exitoso de Chile. Los productos y los intelectuales chilenos, observó Sunkel, están posicionados en todas partes del mundo.
¿Cómo hacer? Es la pregunta clave que se le debe hacer a Lavín, sostiene Sunkel, y las urnas dirán si los chilenos se tragaron el anzuelo, porque la derecha se afila los bigotes.
Chile tiene en marcha una profunda reforma educacional y a Lagos le corresponderá, como educador a tiempo completo, orientarla y realizarla, y sobre todo, enfrentar con éxito la agenda que la sociedad le ha fijado.
Responsabilidad con el mandato ciudadano y rendición de cuentas con la sociedad, debieran ser el norte de todo gobernante en esta nueva era.
En la pequeña empresa, generadora del 80 por ciento del empleo nacional, está la clave para resolver el más espinoso de los temas del 2000: el desempleo y la falta de oportunidades laborales.
Nada sencillo, por cierto, para los chilenos y ningún país de América Latina, porque la región ha demostrado en su conjunto que son más las dificultades que los éxitos en materia social.
Una reciente encuesta de la Fundación Futuro en 50 ciudades de Chile, indica que los chilenos están optimistas en el 2000 y esperan mejorar este año al nivel de sus economías y oportunidades.
La muestra califica de regular al gobierno de Frei, se inclina en un 60.5 por ciento a favor de los procesos a militares y consideran que hay una nueva derecha en Chile.
La campaña de la segunda vuelta se ha iniciado con la plena recuperación de la economía chilena y curiosamente, con una invasión de cotorras, especie de pericos, de color verde y amarillo, aves parlanchinas que suelen atacar los cultivos de granos, las flores y las frutas.
Estos periquitos son dañinos como todos, parlotean más de la cuenta, inundan la atmósfera con una verborrea indescifrable, altisonante, hueca, vaga, vacía, populista... pero, sobre todo, son aves trepadoras y aunque dan gritos agudos y desagradables, se domestican fácilmente.
Lo importante es que no votan, porque son muy populistas...

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