China: continuidades y cambios (3)
Tras el XVI Congreso del partido gobernante, Beijing ha reiterado que sus tareas principales son completar la reunificación de la patria, impulsar la modernización del país, y salvaguardar la paz en aras del desarrollo en común de todas las naciones. En lo que toca a la primera tarea, a fines del siglo XX se logró la reintegración de Hong Kong y Macao, los últimos enclaves coloniales en China. Bajo el régimen de "una país, dos sistemas", Hong Kong ahora registra el mayor crecimiento histórico de sus exportaciones, intercambios comerciales, transportes y turismo. Y Macao superó viejos problemas y ha emprendido el camino del desarrollo económico.
El problema de Taiwán tuvo otro origen. Esa isla siempre fue una posesión china, hasta que los japoneses la ocuparon en 1895, en la guerra chino-japonesa; retornó a la madre patria en 1945 tras la victoria de la resistencia china y la derrota de Japón en la II Guerra Mundial. Sin embargo, al triunfar la Revolución en 1949, la isla sirvió de último refugio a las tropas del viejo régimen, situación que se consolidó por efecto de la Guerra Fría. Pero, desde que en 1970 Beijing proclamó la política de reunificación pacífica de "un país, dos sistemas", entre la Isla y el Continente se multiplicaron los intercambios. En la etapa inicial de la política china de apertura y modernización las empresas taiwanesas participaron significativamente.
Hoy, un tema muy actual a ambas orillas del estrecho marítimo que media entre la isla y el continente es la necesidad de ampliar los intercambios. El asunto crispa la polémica interna en Taiwán, pues las posibilidades de incrementar los flujos turísticos, mercantiles, tecnológicos y culturales son cada vez mayores, pero el gobierno de la Isla mantiene disposiciones que prohíben o restringen las inversiones, las importaciones y el turismo oriundos de China continental. Este es el tema de la "triple comunicación", este es, de establecer comunicaciones postales, de navegación marítima y aérea, y de comercio directamente, a través del estrecho (sin tener que mantenerlas a través de Hong Kong o Japón).
Hasta ahora las conversaciones han permanecido en manos de organismos no gubernamentales, pues Taipei rehusa desarrollarlas oficialmente. Hace poco, John Chang, presidente de la Cámara del Comercio Taiwanés en China Continental y ex secretario general del partido Kuomintang, declaró que "la economía taiwanesa y los comerciantes de la Isla son quienes más sufren" por la falta de esas conexiones. El mismo Chang agrega: "Es injusto, no razonable y contrario a las aspiraciones del pueblo taiwanés que las autoridades taiwanesas continúen poniendo obstáculos a la apertura de tales comunicaciones".
Una reciente encuesta reveló que el 70 por ciento de los taiwaneses respalda el establecimiento de los tres enlaces directos. En Taipei, dos partidos políticos de oposición, el poderoso Kuomintang y el Partido Primero del Pueblo, han iniciado esfuerzos comunes para cambiar la situación.
Sintomáticamente, la inversión taiwanesa en China continental sigue creciendo. En el último año aumentó en 1,200 millones de dólares -un 13 por ciento-, con énfasis en las industrias electrónica, metalúrgica, química y plástica. En cambio, la inversión extranjera en la Isla viene replegándose y en el primer semestre del 2002 bajó 1,280 millones de dólares -un 40 por ciento-. El descenso refleja el retiro de empresas de Estados Unidos, Europa y Japón, particularmente en sectores de alta tecnología como telecomunicaciones, semiconductores y biotecnología, donde las facilidades ofrecidas por Taipei no consiguieron retener a esos inversionistas.
Actualmente, unas 6,600 empresas de China continental invierten en el extranjero unos 12,000 millones de dólares; China es el tercer mayor usuario del Canal de Panamá y una empresa china es el mayor cliente del Canal. Por otra parte, Beijing tiene relaciones diplomáticas con 165 países. No obstante, Panamá camina en dirección contraria al resto del mundo, pues no sólo se empantanó en la débil minoría que aún tiene relaciones diplomáticas con Taiwán, sino que ha deteriorado las relaciones que antes había alcanzado con China. Estableció Oficinas Comerciales en 1996 y hasta el año 2000 se abstuvo de secundar la mini iniciativa de que Taiwán ingrese a la ONU; pero desde el 2001 lo ha hecho por dos años seguidos.
La falta de relaciones diplomáticas con China significa que no hay acuerdos de protección mutua a las inversiones, que persiste la doble tributación y que los inversionistas no tienen confianza. Así, cuando hasta en Taipei se discute la necesidad de ampliar intercambios bilaterales con China, Panamá continúa sin dar pie con bola.
El problema de Taiwán tuvo otro origen. Esa isla siempre fue una posesión china, hasta que los japoneses la ocuparon en 1895, en la guerra chino-japonesa; retornó a la madre patria en 1945 tras la victoria de la resistencia china y la derrota de Japón en la II Guerra Mundial. Sin embargo, al triunfar la Revolución en 1949, la isla sirvió de último refugio a las tropas del viejo régimen, situación que se consolidó por efecto de la Guerra Fría. Pero, desde que en 1970 Beijing proclamó la política de reunificación pacífica de "un país, dos sistemas", entre la Isla y el Continente se multiplicaron los intercambios. En la etapa inicial de la política china de apertura y modernización las empresas taiwanesas participaron significativamente.
Hoy, un tema muy actual a ambas orillas del estrecho marítimo que media entre la isla y el continente es la necesidad de ampliar los intercambios. El asunto crispa la polémica interna en Taiwán, pues las posibilidades de incrementar los flujos turísticos, mercantiles, tecnológicos y culturales son cada vez mayores, pero el gobierno de la Isla mantiene disposiciones que prohíben o restringen las inversiones, las importaciones y el turismo oriundos de China continental. Este es el tema de la "triple comunicación", este es, de establecer comunicaciones postales, de navegación marítima y aérea, y de comercio directamente, a través del estrecho (sin tener que mantenerlas a través de Hong Kong o Japón).
Hasta ahora las conversaciones han permanecido en manos de organismos no gubernamentales, pues Taipei rehusa desarrollarlas oficialmente. Hace poco, John Chang, presidente de la Cámara del Comercio Taiwanés en China Continental y ex secretario general del partido Kuomintang, declaró que "la economía taiwanesa y los comerciantes de la Isla son quienes más sufren" por la falta de esas conexiones. El mismo Chang agrega: "Es injusto, no razonable y contrario a las aspiraciones del pueblo taiwanés que las autoridades taiwanesas continúen poniendo obstáculos a la apertura de tales comunicaciones".
Una reciente encuesta reveló que el 70 por ciento de los taiwaneses respalda el establecimiento de los tres enlaces directos. En Taipei, dos partidos políticos de oposición, el poderoso Kuomintang y el Partido Primero del Pueblo, han iniciado esfuerzos comunes para cambiar la situación.
Sintomáticamente, la inversión taiwanesa en China continental sigue creciendo. En el último año aumentó en 1,200 millones de dólares -un 13 por ciento-, con énfasis en las industrias electrónica, metalúrgica, química y plástica. En cambio, la inversión extranjera en la Isla viene replegándose y en el primer semestre del 2002 bajó 1,280 millones de dólares -un 40 por ciento-. El descenso refleja el retiro de empresas de Estados Unidos, Europa y Japón, particularmente en sectores de alta tecnología como telecomunicaciones, semiconductores y biotecnología, donde las facilidades ofrecidas por Taipei no consiguieron retener a esos inversionistas.
Actualmente, unas 6,600 empresas de China continental invierten en el extranjero unos 12,000 millones de dólares; China es el tercer mayor usuario del Canal de Panamá y una empresa china es el mayor cliente del Canal. Por otra parte, Beijing tiene relaciones diplomáticas con 165 países. No obstante, Panamá camina en dirección contraria al resto del mundo, pues no sólo se empantanó en la débil minoría que aún tiene relaciones diplomáticas con Taiwán, sino que ha deteriorado las relaciones que antes había alcanzado con China. Estableció Oficinas Comerciales en 1996 y hasta el año 2000 se abstuvo de secundar la mini iniciativa de que Taiwán ingrese a la ONU; pero desde el 2001 lo ha hecho por dos años seguidos.
La falta de relaciones diplomáticas con China significa que no hay acuerdos de protección mutua a las inversiones, que persiste la doble tributación y que los inversionistas no tienen confianza. Así, cuando hasta en Taipei se discute la necesidad de ampliar intercambios bilaterales con China, Panamá continúa sin dar pie con bola.