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China: El gran cambio


La República Popular China nació tras una larga guerra civil contra las fuerzas nacionalistas y el triunfo de los guerrilleros marxistas en el territorio continental chino, en octubre de 1949. Pekín, la capital en donde residieron los emperadores y los flamantes presidentes, caía bajo el sistema comunista. Mao Tse Tung implantaba el socialismo y la nación más poblada del globo se teñía de rojo. En aquellos tiempos (mediados de la década del "50), el hablar de capitalismo o de la necesidad de reformas participativas dentro del Partido Comunista Chino, hubiera sido motivo de fusilamiento o encarcelamiento. El control maoísta fue férreo en imponer un dominio centralizado de todo el modo de vida de los millones de chinos. Quién hubiera imaginado que hasta los representantes más emblemáticos del capitalismo, los empresarios semi-burgueses de China Popular, ahora serían bienvenidos dentro de las filas del compacto Partido Comunista. Hace poco, el mundo fue testigo de un cambio simbólico entre la vieja guardia política en China Popular y los nuevos dirigentes de la clase pro-capitalista en el dragón rojo. Durante las sesiones del XVI Congreso del Partido Comunista Chino, Jiang Zemín, el otrora máximo líder de China Comunista, junto con Li Peng y Zhu Rongi, jefes de la nomenclatura en Pekín, fueron reemplazados por una nueva generación de miembros, tras diez años de mantenerse los primeros en el poder de la potencia oriental.
De repente, sale el desconocido nombre de Hu Jintao, quien Deng Xiaoping había elegido como sucesor de la vieja guardia comunista, aparece en la palestra y se postula como máximo jerarca en China Popular. De 59 años, Jintao mantiene la semblanza de los duros líderes socialistas chinos, pero se evidencia un cambio: además de aceptar el ingreso de los empresarios capitalistas chinos dentro del sistema político, el nuevo líder habla con tono moderado sobre temas sociales, económicos y hasta políticos. Y es que China Popular ha decidido por adaptarse a los cambios globales e internos que ocurren en la actualidad. Millones de jóvenes chinos, tanto dirigentes políticos, empresarios y trabajadores, buscan participar más en una sociedad basada en la apertura comercial. Todavía resuenan ciertas voces a favor de mayor injerencia de los temas que afectan al coloso oriental, como lo que sucedió una vez en junio de 1989, cuando la juventud pidió reformas democráticas y la vieja guardia lanzó, como respuesta, tanques y soldados a reprimir a la oposición. China Popular es una nación en constante cambio, aunque los mismos líderes chinos no quieran admitirlo. Con cerca de 1,400 millones de personas, es casi imposible dominar las mentes de tanta gente. Muchos problemas se ciernen sobre el dragón asiático: además del reto que representa la economía globalizada, la seguridad interna dentro de China Comunista es prioridad alfa.
La lucha contra el terrorismo ha evidenciado brotes subversivos en el oeste de China Popular, en Sinkiang Uigur, en donde grupos extremistas islámicos ya amenazan con un levantamiento general y preparan ataques terroristas en las grandes ciudades chinas. Muchos analistas internacionales creen que la subversión uigur es un peligro latente inestable, más que la situación de todos ya conflictiva en otras regiones: el caso del Tibet y la posible independencia de Taiwán. Para la nueva dirigencia comunista china, un ataque terrorista en el coloso oriental sería funesto: una ola de atentados en Hong Kong, Shanghai o Pekín acabaría con el turismo. Billones de dólares se perderían en inversiones económicas y se afectaría la realización de los juegos olímpicos en la capital china, proyectados para el año 2008.
Sin embargo, regresando a los casos del Tibet y Taiwán, ha sido evidente que "ha existido un leve cambio en los discursos autoritarios de Pekín hacia los supuesto focos de rebelión en Lhasa y Taipei. Es más, hasta parece haber un período de paz para entablar negociaciones de bajo nivel entre la diplomacia de China Popular con el Dalai Lama, líder espiritual tibetano, quien pide la autonomía soberana del "país de las montañas". Entretanto, se ha incrementado el intercambio comercial en el Estrecho de Formosa. Miles de empresarios de la República de China en Taiwán (ROC) invierten dinero en las provincias costeras, desde Kuangtung hasta Fukien. Mientras tanto, los contactos políticos y diplomáticos entre las dos Chinas se elevaron, algo inusual debido a las posturas antagónicas sobre el status quo de ambas naciones separadas: Mientras que Pekín dice que Taiwán debe aceptar la propuesta de "un país, dos sistemas", en Taipei, el presidente Che Shui Bian considera estudiar la declaración de independencia de Formosa, convertida en la quinceava potencia comercial del mundo y fortalecida por su poderío militar, además de ser el último reducto de la China Democrática, fundada en 1912.
Esperemos que Hu Jintao y la nueva dirigencia política comunista abran el compás para acercar pacíficamente tanto a China Popular como a la ROC en Taiwán. Pues claro, el reto para Pekín sería hacer verdaderos cambios democráticos, así como los hizo para adaptarse al Capitalismo, con el fin de hacer posible la tan anhelada "reunificación". Sólo la voluntad de cambio permitirá bajar las tensiones en el Estrecho de Formosa y hacer posible que China se transforme en la potencia líder del mundo, como se supone así ocurrida en el siglo XXI.
Ello se ha logrado mediante la aplicación de un plan maestro por el IPAT, bajo la coordinación directa de la Presidencia de la República y con la participación de los ministerios de Relaciones Exteriores y Comercio e Industrias, así como de la Autoridad Marítima Nacional.
Este programa ha dado prioridad a la promoción turística en el exterior, adoptado incentivos a la inversión turística y establecido una coordinación con el sector privado, todo lo cual contribuirá a convertir al turismo en uno de los principales factores de crecimiento económico en los próximos años.
Agricultura, ambientalismo y turismo son tres elementos fundamentales del modelo que el Gobierno Nacional viene impulsando con energía y que deben seguir inspirando los esfuerzos para promover el desarrollo sostenible de Panamá en el siglo XXI.
Arregui señala que una sola prueba no se puede tomar como referencia para medir el termómetro del sistema, por lo que se deben aplicar varias hasta que la misma sea aceptada por todos los componentes del sistema y tenga legitimización.
Lenguas y Matemáticas, en primer orden y Ciencias Naturales y Cívica son las materias que más se toman en cuenta para la aplicación de las pruebas nacionales, destacó Ferrer.
Explicó que Matemáticas y Lenguas son consideras como materias pilares del desarrollo cognitivo, por lo que suelen ser las favoritas en las pruebas, pero no son las únicas que se incluyen.
Comentó que en algunos países se aplican todos los años pruebas y en otros se hacen cada año porque son requisito básico para la graduación de los alumnos o para la promoción de un año a otro.
En la mayoría de países de América Latina la educación está determinada por ciclos ya que cada tres grados representan un ciclo. De acuerdo con Ferrer lo recomendable es que al termino de cada ciclo, o sea, cada tres años, se deben aplicar pruebas nacionales para medir el rendimiento del aprendizaje de los alumnos.
No obstante, Arregui comenta que aplicar la prueba cada año tiene sus contras porque cada año el sistema no cambia dramáticamente y se puede dedicar mucho tiempo a una tarea cuyos cambios no se perciben.
Ferrer destaca que en muchos países de la región se empezó con mucho ímpetu haciendo pruebas nacionales todos los años y rápidamente se dieron cuenta que estaban saturados de información y nunca tenían tiempo para analizar los datos y mucho menos para tomar medidas al respecto.
Arregui sostiene que los docentes como parte del sistema deben ser evaluados en conjunto, pero sin antes haber tenido la aceptación de ellos porque sería un camino fraguado de errores.
Destaca que la evaluación a los docentes debe discutirse con esos grupos y construirla con su participación hasta que ellos mismos reconozcan que es un mecanismo importante.
Señala que cuando se detecta un docente con deficiencias hay que averiguar si es responsabilidad individual del educador o del sistema que permitió que esa persona entrara a enseñar y se mantuviera enseñando cuando no estaba capacitado para ello y tampoco se le han dado los recursos para subsanar sus deficiencias pedagógicas.
Critica que en la mayoría de los países de América Latina el sistema no permite la salida de un educador con reiteradas demostraciones de deficiencias pedagógicas, situación que debe ser corregida.
Por su lado, Ferrer aporta que existen algunas escuelas cuyos directores crean un ambiente de competitividad aplicando pruebas censales entre los educadores sin poner en juego la estabilidad del docente. En estos casos, comenta, el mismo maestro se cambia de escuela en caso de que no logre los requisitos mínimos.
Los gremios docentes apoyan la creación de un sistema de evaluación para la educación nacional, siempre y cuando, ese instrumento no se utilice para intimidar ni poner en juego la estabilidad de los maestros y profesores, advirtió el dirigente magisterial Luis López.
López destaca que apoyan un sistema evaluativo que incluya desde el Ministro de Educación, supervisores, estudiantes y hasta a los docentes, pero que sea basado en aplicaciones científicas y pedagógicas.
Destaca que un sistema de evaluación tendrá el respaldo de los gremios si su único fin es que los resultados se utilicen para mejorar la calidad de la educación y no para perseguir ni intimar a ninguno de los grupos que componen el sector educativo nacional.
Según el dirigente en otros países se ha aplicado un sistema de evaluación, pero se ha utilizado para poner en peligro la estabilidad de miles de educadores. Reconoció que en Panamá el sistema no se evalúa desde hace muchos años y que los únicos que son evaluados son los educadores.
López denuncia que la actual evaluación que se le aplica a los docentes panameños es anacrónica y la misma debe ser cambiada para un mejor rendimiento del sistema educativo, además que destaca que la evaluación debe ser extensiva también a las escuelas privadas panameñas, que son parte del sistema.
Advierte que los educadores reclaman la participación en cualquier aprobación de ley, decreto o resuelto que cree un sistema nacional de evaluación porque así quedó determinado en el Diálogo por la Transformación Integral del Sistema Educativo.
Los costos de la prueba para medir el rendimiento del sistema depende del tamaño del país, señala Ferrer, además de que hay que agregar los gastos de equipos tecnológicos, y el viaje de los encuestadores al interior del país, así como la impresión de las pruebas y su diseño.
Destaca que muchos países logran ahorrar costos en este sentido porque tienen personal permanente para aplicar las pruebas y no requieren el nombramiento de nuevas personas para esa tarea.
En Panamá se requeriría menos del uno por ciento del presupuesto del Ministerio de Educación para los costos de las pruebas debido a que parte de los gastos ya están cubierto por el mismo sistema como educadores, supervisores, locales, etcétera.
Es la pregunta del millón, comenta Arregui ya que existen en el hemisferio ministerios de Educación que aplican las pruebas y nadie duda de los resultados divulgados por el alto nivel de confiabilidad que tienen en la población.
No obstante, señala que en otras naciones para evitar acusaciones de manipulación de los resultados se ha adoptado por contratar agencias o instituciones independientes.
Arregui lamenta que a pesar de que una entidad independiente aplique las pruebas el Estado, a través del Ministerio de Educación, se guarda el derecho de no revelar los datos o interrumpe el financiamiento económico a la entidad contratada, lo que hace morir el proyecto.
Para Arregui lo más importante de contar con una evaluación del sistema es que obliga a definir prioridades para mejorar el aprendizaje y se envía un mensaje positivo a la población de que se está valorando a la educación.
En segundo lugar, se desarrolla una actitud científica hacia el quehacer educativo, sin cuestiones de ideología y de marcos teóricos, sino saber qué funciona y qué no funciona y tener alguna medida objetiva para tomar correctivos, explicó.
Denunció que en muchos países se cambia de curriculum cada año, se modifican las políticas y prioridades, pero nunca se tiene una evidencia sólida de cómo eso afectó el aprendizaje, que es el fondo lo que debería interesar.
El hacer pruebas te da la posibilidad de tener una medida de aprendizaje concreta, además despierta el espíritu evaluativo y permite hacer las adecuaciones y modificaciones al sistema educativo en base a información confirmada.

101 años de Panamá América

 
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