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China y Taiwán: Realidades y pragmatismos


SE VEÍA VENIR. El asunto era cual de los países centroamericanos sería el primero en dar el paso. Lo hizo Costa Rica al decantarse por Beijín. Es de imaginar que no fue una decisión fácil y que para tomarla se cotejaron las ventajas y los perjuicios de romper los vínculos de más de 60 años con Taiwán. Y terminar por aceptar con realismo contundente que en política lo práctico va a contravía de lo ideal. Porque es difícil mantenerse en equilibrio sobre una cuerda para complacer a los que tiran de ambos extremos.
Taiwán es hoy una especie de idea romántica sostenida como estandarte de la pasada guerra fría para mostrar el éxito de determinado sistema, en oposición a otro que ya no es ni sombra de lo que llegó a representar. Porque pocos identifican hoy al gobierno chino con el régimen maoísta. Y se entiende que el camino hacia el capitalismo pleno que ha emprendido ya no tiene marcha atrás. Como prueba, su expediente en derechos humanos no es obstáculo para que democracias de todo el mundo, incluyendo la que encabeza un Nobel de la Paz, consideren necesario establecer con él relaciones diplomáticas plenas.
Sólo 24 estados del mundo mantenían, hasta el pronunciamiento reciente de San José (Costa Rica), lazos directos con Taiwán, siete de ellos centroamericanos. La deserción costarricense deja en seis la lista. La relación de estos países con Taiwán ha sido determinada por necesidades mutuas. Mientras para Taipei se trata de mostrar vínculos diplomáticos en el escenario mundial, para aquellos han significado asistencia económica y técnica en términos tan amplios como generosos. Tales relaciones se agostarán cada vez más ante el avance arrollador de los continentales en el entramado mundial, especialmente en los organismos en que la antigua Pekín ostenta la representatividad china bajo la prédica de que la isla es parte inseparable de un todo nacional étnico, social y cultural.
El argumento taiwanés de que pueden terminar sojuzgados de manera tiránica es nada convincente. Resulta dudoso que Beijín desee sumar cuestionamientos a su conducta cuando puede lucir muestras exitosas como Hong Kong y Macao, en vez de embarcarse en aventuras inútiles y desgarradoras como la de Afganistán. De acuerdo al concepto "un país, dos sistemas", la isla podrá conservar su ejército, recaudar impuestos sin tributar al continente y elegir autoridades locales. De paso, poco ayudan a la resistencia que Taipei hace a la integración presentarse como una democracia ejemplar enfrentada a un régimen totalitario, cuando los continuos escándalos de corrupción de sus gobiernos lo muestran como uno más en la galería de países tercermundistas afectados por el flagelo de "comisiones" mafiosas y componendas políticas para alcanzar el poder.
La medida adoptada por Costa Rica marca un derrotero pragmático que reconoce la realidad incuestionable de China en el panorama internacional. Se trata, en primer lugar, de una sociedad de más de mil 300 millones de personas, algo así como la quinta parte de la población mundial, que a la vuelta de unos pocos años escalará a la segunda potencia económica de la Tierra. En ese camino sigue siendo, después de Estados Unidos, el mayor receptor de inversión extranjera: aproximadamente, 40 mil millones de dólares en 20 años. Anótese que los primeros inversionistas en el desarrollo de China Continental fueron siempre los llamados chinos de ultramar, especialmente los taiwaneses, puestos en la tarea desde época tan temprana como los cincuenta y estimulados aún más con las políticas aperturistas que les llevaron a conformar redes de inversión de verdadero carácter familiar. A esta modalidad se suma la descentralización gubernamental y la conversión de sus instancias regionales y provinciales en gestores de negocios, incluyendo al poderoso ejército chino. Todo ello para convertir al inmenso país en un emporio productor de riqueza que pasa por ser, primero, una maquinaria capaz de consumir con voracidad inagotable todo lo que el mundo pueda producir.
El resto de ese derrotero terminarán por marcarlo el avance sin retorno de la globalización económica y los tratados de libre comercio. Que hacen la diferencia entre mantener relaciones con una isla cada vez más simbólica, y establecerlas con una de las más pujantes economías mundiales. Total, entre ambas sólo hay un pequeño estrecho que puede cubrirse, a tiro de piedra, con realismo pragmático. Lo demás, en política, es simple retórica. Y cuestión de tiempo.
El viernes 5 de abril de 2002, en el cruce al centro hospitalario, un auto atropelló a Norma Marcucci Hall, de 19 años, quien murió estando embarazada. Se trató de la quinta víctima de accidentes en ese punto.

101 años de Panamá América

 
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