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Choque de trenes


Juan Carlos Navarro se estaba dando un paseo con la candidatura oficialista a la alcaldía capitalina de Sergio Gálvez. Las cifras de las últimas encuestas indicaban una ventaja abrumadora, que resultó intolerable para la alianza de gobierno. Se buscó un nuevo retador, pero nadie se atrevía. Juan Carlos lucía invencible.
¿Cómo ganó Navarro la aureola de imbatible? Muy fácil, ganándole a una mitológica alcaldesa, Mayín Correa. Esta había hecho una administración exitosa, llena de realizaciones, parecía que - fuera del cielo - sólo la Presidencia de la República le faltaba para probar sus quilates de ejecutora dinámica, sin par. Pero Navarro lo hizo.
Navarro tuvo el tino de continuar la buena obra de su antecesora, aunque publicitándola mejor. En el ínterin, a sabiendas de que su puesto es la plataforma ideal para la Presidencia, no descansó un segundo en hacer campaña proselitista, preparándose para un eventual choque con Martín Torrijos, de su partido PRD.
Llegado el momento, con habilidad, comprendió que su candidatura no estaba aún madura para retar a Torrijos. Decidió reelegirse. Tiene un buen mentor, al ex presidente Ernesto Pérez Balladares. Pero un inesperado rival le ha salido al paso, el legislador arnulfista, Marco Ameglio.
Ameglio es totalmente distinto a Gálvez. Es también joven, pero espigado, de finos modales, buen vestir, acrisolado bagaje educativo, empresario, acaudalado, pero a la vez populachero, simpático y de buen humor. Tiene como su mejor virtud escuchar, seguir consejos y saber rodearse del mejor talento disponible, no importa su origen. Viene de perder la primaria presidencial arnulfista, donde se atrevió a retar a la Presidenta Moscoso y a su candidato, José Miguel Alemán. Mantuvo con la mandataria una agria polémica que hizo temer por su permanencia dentro de las huestes arnulfistas. Eso le hizo ganar respeto público y proyección como independiente.
Pocos lo saben, pero Ameglio tiene una de las presidencias del Legislativo más fructíferas que se recuerde. Fue en el 91, cuando siendo liberal, se atrevió a desafiar al Presidente Endara y a la dirigencia de su partido y encabezó un heterogéneo grupo llamado “los ninjas”. Su breve mandato produjo una ley que salvó por algunos años a la Caja de Seguro Social y erigió en delito el cobro y no pago de las cuotas obrero patronales; reformó la ley de valores y aprobó la ley marco de privatización.
Como candidato es un guerrero incansable. Su fuerte es el voto femenino. Y es que al igual que otros políticos de excepción, como el propio Arnulfo Arias, Belisario Porras, John Kennedy y Bill Clinton, son capaces de enervar lo que el profesor Punjab De León, de Georgetown University, describía como un “sentimiento político de tutela materna”. En fin, ¡Navarro tiene por delante un gran lío!
A juicio mío, Panamá ha sido y no ha sido una nación en muchos episodios de su historia. Pero que en lo más hondo y sincero de nuestros pensamientos y acciones, queremos que sea siempre una Nación.

101 años de Panamá América

 
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