Ciclo vital de la violencia social
HACE UNOS DÍAS me preguntaba un distinguido militar retirado, que cuál era mi reflexión sobre el grave nivel de violencia social que vive la nación. La pregunta es pertinente, pero difícil de contestar. Y es que la violencia humana, en todas sus variantes, es el resultado de una gran cantidad de factores de riesgo que se adicionan y potencian para producir, finalmente, a un individuo que no respeta ni valora su propia vida y menos aun la de los demás. Si quisiéramos enumerar algunas de las condiciones que originan y coadyuvan al desarrollo de este tipo de patología social, mencionaríamos:
Hogares fragmentados, en donde a veces no sólo falta uno de los padres, sino ambos; quedando los menores abandonados bajo la tutela de abuelos o parientes; condiciones de hacinamiento e insalubridad de las vivienda familiares, en donde la promiscuidad impera entorno del vecindario en donde cada día, representa un triunfo para sobrevivir sin ser lesionado física, psicológica o socialmente; deficiencia en la educación y formación para la vida de estos jóvenes, que luego, incluso de terminar un bachillerato formal, no están preparados para la demanda laboral actual, que tiene como premisas el dominio de la informática, el idioma inglés y la tecnología aplicada; estilos de vida no saludables en donde el tabaquismo, el alcohol y las drogas son de uso común por sus pares; condiciones de trabajos informales con ingresos que condenan a la familia a vivir en situación de pobreza y miseria.
Por otro lado, la sociedad percibe como hechos que le inciden incentivos perversos hacia el comportamiento antisocial e ilegal: los ladrones de cuello y corbata y de sumas millonarias, jamás van a dar a la cárcel y que históricamente los actos de corrupción que se denuncian en la empresa privada y los altos estamentos de los tres órganos del Estado son como una bebida efervescente, cuyas burbujas sólo se ven durante unos segundos, para luego disiparse completamente.
Si el individuo de la calle estuviese seguro de que en este país el que hace algo malo lo paga, otro gallo cantaría. Pero nos preguntamos cómo puede un conductor de transporte colectivo o selectivo acumular cientos de boletas sin pagar y continuar manejando, junto a los asesinos que abandonan impunemente a sus víctimas luego de atropellarlas.
La escalera social al parecer cada vez depende menos del trabajo honesto y la inteligencia aplicada, sino de conocer o emparentarte por cualesquiera vía con un "cocotudo" que tenga mando y jurisdicción pública o privada, si es que anhelas convertirte en millonario y exitoso.
Consideramos pertinente la revisión y control del desmesurado uso legal que se le da en este país, a la prisión preventiva. Un colega nos cuenta el hecho increíble de un amigo suyo, a quien metieron en una cárcel pública durante dos años, antes de ser declarado inocente; pero después, lamentablemente, de haber sido violado y ultrajado en varias ocasiones. ¿Quién y cómo le puede resarcir a este ser humano de este sufrimiento irreversible?
Las hacinadas cárceles panameñas son universidades de la delincuencia y la violencia, a ciencia y paciencia de los responsables, a pesar de todos los buenos planes que se expresen para el futuro que nunca se concreta.
El tema de las pandillas y el comercio multimillonario de las drogas son fenómenos que provocan risa, para no llorar. Todo el mundo en cualquier comunidad sabe cómo se abastece y quién vende las drogas, las armas, las municiones, la carne humana y, en fin, todo lo que es ilegal. Al parecer, los únicos que no saben nada de nada o que tienen memorias cíclicas, son los que tienen que reprimir, controlar y castigar a la gente que comete estos actos.
Nada de lo que he expresado hasta este momento es desconocido para el 99% de la población panameña, sin embargo nos preguntamos una y otra vez, ¿por qué no se actúa en consecuencia? Sinceramente, como decía mi abuela, mal de muchos, es consuelo de tontos.
Por eso, al analizar el nivel de prevalencia, incidencia e impacto de la violencia social no podemos arroparnos en la comparación estadística de lo que sucede en otros países con más desastrosos índices, porque como médico siempre recuerdo, que si a usted o a su familia cercana (padres, esposa, hijos) le toca padecer de una enfermedad mortal que sólo afecta al 1% de la población, estoy seguro que para usted esto no será motivo de consuelo, pues para usted será el 100% de maligna.
La violencia social disminuirá cuando nos esforcemos por ser mejores seres humanos; en donde los partidos políticos, los órganos del Estado y la sociedad civil en su conjunto acuerden convivir en la premisa de que cada quien debe recibir tan solo lo que se merece, porque como dijo Juan Pablo II, "o hay justicia para todos o no habrá paz para nadie".
Hogares fragmentados, en donde a veces no sólo falta uno de los padres, sino ambos; quedando los menores abandonados bajo la tutela de abuelos o parientes; condiciones de hacinamiento e insalubridad de las vivienda familiares, en donde la promiscuidad impera entorno del vecindario en donde cada día, representa un triunfo para sobrevivir sin ser lesionado física, psicológica o socialmente; deficiencia en la educación y formación para la vida de estos jóvenes, que luego, incluso de terminar un bachillerato formal, no están preparados para la demanda laboral actual, que tiene como premisas el dominio de la informática, el idioma inglés y la tecnología aplicada; estilos de vida no saludables en donde el tabaquismo, el alcohol y las drogas son de uso común por sus pares; condiciones de trabajos informales con ingresos que condenan a la familia a vivir en situación de pobreza y miseria.
Por otro lado, la sociedad percibe como hechos que le inciden incentivos perversos hacia el comportamiento antisocial e ilegal: los ladrones de cuello y corbata y de sumas millonarias, jamás van a dar a la cárcel y que históricamente los actos de corrupción que se denuncian en la empresa privada y los altos estamentos de los tres órganos del Estado son como una bebida efervescente, cuyas burbujas sólo se ven durante unos segundos, para luego disiparse completamente.
Si el individuo de la calle estuviese seguro de que en este país el que hace algo malo lo paga, otro gallo cantaría. Pero nos preguntamos cómo puede un conductor de transporte colectivo o selectivo acumular cientos de boletas sin pagar y continuar manejando, junto a los asesinos que abandonan impunemente a sus víctimas luego de atropellarlas.
La escalera social al parecer cada vez depende menos del trabajo honesto y la inteligencia aplicada, sino de conocer o emparentarte por cualesquiera vía con un "cocotudo" que tenga mando y jurisdicción pública o privada, si es que anhelas convertirte en millonario y exitoso.
Consideramos pertinente la revisión y control del desmesurado uso legal que se le da en este país, a la prisión preventiva. Un colega nos cuenta el hecho increíble de un amigo suyo, a quien metieron en una cárcel pública durante dos años, antes de ser declarado inocente; pero después, lamentablemente, de haber sido violado y ultrajado en varias ocasiones. ¿Quién y cómo le puede resarcir a este ser humano de este sufrimiento irreversible?
Las hacinadas cárceles panameñas son universidades de la delincuencia y la violencia, a ciencia y paciencia de los responsables, a pesar de todos los buenos planes que se expresen para el futuro que nunca se concreta.
El tema de las pandillas y el comercio multimillonario de las drogas son fenómenos que provocan risa, para no llorar. Todo el mundo en cualquier comunidad sabe cómo se abastece y quién vende las drogas, las armas, las municiones, la carne humana y, en fin, todo lo que es ilegal. Al parecer, los únicos que no saben nada de nada o que tienen memorias cíclicas, son los que tienen que reprimir, controlar y castigar a la gente que comete estos actos.
Nada de lo que he expresado hasta este momento es desconocido para el 99% de la población panameña, sin embargo nos preguntamos una y otra vez, ¿por qué no se actúa en consecuencia? Sinceramente, como decía mi abuela, mal de muchos, es consuelo de tontos.
Por eso, al analizar el nivel de prevalencia, incidencia e impacto de la violencia social no podemos arroparnos en la comparación estadística de lo que sucede en otros países con más desastrosos índices, porque como médico siempre recuerdo, que si a usted o a su familia cercana (padres, esposa, hijos) le toca padecer de una enfermedad mortal que sólo afecta al 1% de la población, estoy seguro que para usted esto no será motivo de consuelo, pues para usted será el 100% de maligna.
La violencia social disminuirá cuando nos esforcemos por ser mejores seres humanos; en donde los partidos políticos, los órganos del Estado y la sociedad civil en su conjunto acuerden convivir en la premisa de que cada quien debe recibir tan solo lo que se merece, porque como dijo Juan Pablo II, "o hay justicia para todos o no habrá paz para nadie".