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Ciclos fatídicos


La libertad sin límites provoca el relajamiento de las costumbres, engendra la corrupción y conduce a la degeneración de los pueblos. Surgen entonces los dictadores y los tiranos. Desaparecen líderes patriotas. Se crean sepulturas clandestinas, conocidas tan solo por los sepultureros y por quienes les llevan los muertos. Afloran hombres nuevos. Nuevos ricos. Más y más pobres nuevos. Total desconcierto. Terror generalizado. En fin, reina el caos.
Se va organizando la conjura en la clandestinidad, siempre expuesta al peligro de ser descubierta por sicarios o delatada por traidores. Cuando esto último afortunadamente no ocurre, una vez atados los hilos e hirvientes las almas se produce la revolución. Triunfa. Llegó el cambio. A la cárcel, la fuga o al cadalso o paredón del fusilamiento. Las principales figuras del régimen destronado. Llegó la libertad. Desapareció el terror. Se abrigan grandes esperanzas. Se tiene ahora seguridad. El poder ha quedado en nuevas manos. Son los rectificadores, salvadores de los oprimidos. Llegó la defensa de la moral y la resurrección de las virtudes ciudadanas.
El sueño dura poco. Renacen las protestas y la prensa clandestina. Entronizados en el poder, los "benefactores" revolucionarios no quieren dejar de gobernar. Se establece nuevamente la dictadura, único medio de permanecer mandando.
Con el tiempo, nuevas conjuras. Nueva revolución. Nuevos libertadores. Nuevas aclaraciones de bienvenida y votos y promesas de sincero respaldo. Y se siguen sucediendo los cambios, pero la forma de cambiar no cambia. Siempre los mismos ciclos en distintos siglos.
La indiscriminada tala universal de árboles no está haciendo más que acelerar el inevitable advenimiento de una época desesperada de la humanidad. Desgraciadamente, ella es inevitable. La gente se reproduce, la población crece y se extiende hacia territorios diferentes. ¿Cuáles son esos territorios? Aquellos que en la lejanía vemos cubiertos de árboles. Si para afianzarse y desarrollarse el hombre necesita tierra y vivienda no hay más remedio que talar. La tala despejará el suelo y servirá para construir con madera. Así empezamos. A medida que crecemos, se van estableciendo ciudades nuevas, apartadas entre sí. Para comunicarse hay que abrir caminos, y por tanto hay que talar bosques, indispensablemente. Aparece la rueda. Surgen las carretas y las siguen las carreteras, porque llegó el automóvil para extender la comunicación; entra también el ferrocarril. Hay que seguir talando. Llega luego el avión, y hay que establecer aeropuertos engrandes extensiones de tierra. Hay que seguir talando. Todas aquellas montañas que hoy nos parecen lejanas, irán desapareciendo bajo el hierro, el cemento y el acero. Torres y rascacielos reemplazarán a los árboles. Tomará aún mucho tiempo; pero sucederá, si es que no ocurre antes la congelación, que no se descarta. En síntesis, no puede haber civilización sin destrucción de la madre naturaleza.
El tanque de Gas Licuado de Petróleo (GLP) tiene un grosor de 3.5 milímetro y está hecho de acero, mientras que el de gasolina es mucho más delgado y es de hojalata.
Este sistema cuenta con una válvula de seguridad electromagnética que previene escapes del gas, cerrando las vías de circulación del combustible.
La gasolina es más flamable que el GLP. La innovadora alternativa de gas licuado es más económica, ya que su consumo permitirá un ahorro de 50 centavos por galón y B/. 100.00 por mes. Actualmente, millones de personas en el mundo se sirven de este gas.

101 años de Panamá América

 
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