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Ciegos y sordos 


Raras veces los medios de comunicación locales pasan inadvertidos o quedan ciegos por hechos connotados en otras latitudes. Debido a la actual tecnología, las infiltradas redes periodísticas y los servicios noticiosos bombardeando información 24 horas los siete días de la semana, parece casi imposible perderse de algo novedoso. Eso sucede únicamente cuando los periodistas y analistas no cuentan con el conocimiento, no entienden la envergadura del hecho o simplemente no ven el alcance y no ponderan correctamente la realidad de un evento.

Dos hechos, dos noticias, cada una más importante que otra, que no recibieron el eco que les correspondían. La primera fue la oportuna decisión de la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), de desafiar y regular todos los productos que contienen tabaco, debido a la inmensa masa de información y datos que revelan que millones de personas han muerto debido a las sustancias químicas que las tabacaleras adicionan a los cigarrillos para hacer más adictiva cada aspirada de humo y nicotina. En otras palabras, fumar ya no sólo es nocivo para la salud sino que mata. Por años, las tabacaleras patrocinaron la muerte silenciosa de millones de seres humanos, y hasta ahora habían salido bien librados de su juicio público. El último fallo fue categórico: sus científicos y directivos mintieron y con la excusa de una simple advertencia a un costado de cada cajeta, cabalgaron, al estilo del buen vaquero, sobre cada uno de sus consumidores.

La decisión del FDA es afortunada, pero un tanto tardía. Nadie pudiera dar una clara respuesta del por qué no se actuó con más celeridad y responsabilidad, pero una probable explicación proviene de que el vil dólar y la influyente capacidad de “Corporate America” eclipsaron el peso de años de investigaciones independientes que demostraban que las tabacaleras encubrían la información científica y mentían abiertamente.

La segunda noticia omitida fue la discusión en el Congreso de los Estados Unidos del proyecto de salud social y sobre quién pagará por los beneficios de la misma. La respuesta más sensata, y la que espero prevalezca y sea copiada por todas las naciones del mundo, viene directamente de los Representantes -y está siendo considerada significativamente por la Casa Blanca-, y es la de aumentar impuestos a todos los productos que causan enfermedades.

En ese sentido, proyectan un ingreso de más de 200 mil millones de dólares al imponer impuestos a las bebidas alcohólicas y azucaradas. Bajo esta opción, cada “six pack” de cerveza tendrá un “tax” de 48 centavos y cada botella de vino tendrá uno de 54 centavos. Igualmente, impondrán un impuesto de 5 a 7 centavos a cada lata de 12 onzas de soda, incluyendo las bebidas deportivas y energizantes.

Lo importante de esta consideración legislativa es que, por primera vez en una discusión abierta sobre salud pública, sale a relucir que las sodas contribuyen a aumentar las enfermedades cardiovasculares, el colesterol, la obesidad, la diabetes y otras afectaciones a la salud humana. Es cierto, cada uno de estos impuestos es frecuentemente criticado como regresivo, porque  afecta desproporcionadamente a personas de bajos ingresos. Pero, sin duda, y es la clave de la discusión en el Congreso, que son esos mismos pobres los que mayor incentivos y ganancias tendrán si se apruebe la cobertura universal que por tanto años ha perseguido a los estadounidenses.

Tras los hechos no reportados, queda evidenciado que los medios y sus periodistas tienen la enorme responsabilidad de analizar y pensar. Noticias que afectan a todos por igual, sin diferencias de color ni edad ni clase social, debieran ocupar las columnas de primera página. Y en el caso particular del tabaco y las sodas, la sociedad tiene que parar de jugar a la del ciego y el sordo, y darse más por enterada y afectada. La salud de la comunidad es algo que no puede darse por descontado, y su participación activa ya no es una opción: es una necesidad de supervivencia.

101 años de Panamá América

 
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