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Cien años


Desde el 2003, en que celebramos los cien años de vida republicana, los distintos grupos de congregaciones religiosas que prestan servicio en nuestro país han ido celebrando sus respectivos centenarios de labores en el proyecto evangelizador en Panamá.
Aun cuando ya desde finales del siglo XIX se sabe que se estuvieron haciendo esfuerzos por arribar al istmo, no fue sino hasta 1907 que lograron arribar los primeros miembros de la comunidad salesiana a Panamá. Dado el especial carisma para la educación de la juventud, pronto se les encargó de la Escuela de Artes y Oficios. Recordemos que para esas fechas ya se había aprobado, o se había impuesto, el Tratado Hay-Bunau Varilla, por el cual se expeditaba la apertura de un canal interoceánico por nuestro país y habría una evidente necesidad, como ocurre hoy con la ampliación del mismo canal, de mano de obra calificada para sumarse a las muchas que se utilizaron en titánica obra.
Es cierto que esa mano de obra calificada se trajo de afuera ,y no fue sino hasta la década del 30 en que se empleó mayor número panameños en las actividades del canal. Podemos asumir que así como hoy se tomó la iniciativa del INADEH con sus inscripciones de todos aquellos que quieren capacitarse, la tradición pedagógica salesiana intentó preparar a la juventud de entonces para tan complejo cometido.
No nos consta con exactitud lo que ocurrió, pero no llegaron a un entendimiento feliz con las autoridades educativas de entonces y no continuaron con tan importante responsabilidad. Y es que nunca faltan en nuestros gobiernos la presencia enquistada de las fuerzas del mal que sectariamente se hacen sentir
El asunto es que los padres salesianos se encargaron de la Iglesia de San Miguel, situada en el mismo sitio en Calidonia, donde actualmente funciona, que entiendo era una ermita donde se ofrecían los cultos dominicales.
Aún recuerdo como algo que me marcó en mis primeros años, cuando mi difunto progenitor me llevó de la mano hacia Calle P, donde anualmente frente al templo quemaban un muñeco lleno de cohetes, a quien llamaban Judas Iscariote cuando todavía esa calle era de tierra.
Más tarde, los Padres salesianos fueron más allá y en lugar donde funciona hoy la Basílica Menor Don Bosco, abrieron un internado donde admitían a jóvenes que tenían la vocación para alguna de las profesiones cuyos rudimentos allí ofrecían ora de zaptería, electricidad, tipografía, imprenta, música y otras artes
Recuerdo a un compañero de entonces que estudió tipografía y luego resultó ser un gran líder obrero, el finado de feliz recordación, Don Pablo Ríos Ureta, quien fue precursor de las luchas sindicales del Sindicato de Tipógrafos que fue uno de los más fuertes de Panamá en la década del 60. También cursó por esas aulas, según cuenta él mismo por recomendación del recordado Monseñor Quinzada, el Sr.Don. Leocadio Tejada, zapatero de Carrasquilla que a su vez fue sacristán de la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes por mucho tiempo y que todavía celebra sus 90 años con esos recuerdos.
Simultáneamente con la actividad de los que se llegó a llamar el Hospicio de Huérfanos, los Padres salesianos penetraron en el área de avenida Ancón, Santa Rita, populoso barrio santanero y con el concurso de los moradores crearon el famoso otrora Oratorio Festivo, donde se congregaba a la niñez y juventud y se le impartían clases de catecismo y muchos hoy conversamos sobre el método de atraer a los jóvenes con los premios de unos de los "vales" a los que asistían a la misa dominical y los que podían participar así en la organización de las distintas categorías del deporte de balompié, en donde se destacaron varios talentos futbolísticos que hicieron el famoso equipo de los tiempos de Barraza, las "Panteras del Ancón", con su uniforme verde y del cual algunos miembros formaron el equipo que participó en las Olimpiadas de 1938, en los IV Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe.
Más tarde, el Hospicio de Huérfanos del Padre Soldati se convirtió en el Instituto Técnico Don Bosco que al crecer, primero fue la Escuela de Bosco del Padre Morlin y más tarde trasladó sus aulas a lo que hoy es en San Francisco de la Caleta, donde se ha modernizado y ha estado preparando jóvenes técnicos en varios ramos del saber.
La masiva participación de panameños a la procesión del 31 de enero y el hecho de que en nuestra ciudad capitalina existan varias barriadas destinadas a recordar al Santo de Turín, son la mejor prueba de la fecundidad apostólica de los salesinos en nuestro medio. Felicidades.

101 años de Panamá América

 
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