Ciencia y Tecnología
Desde la perspectiva de los economistas, aún cuando la conclusión provenga de diversos paradigmas, el cambio tecnológico siempre se ha considerado como una de las variables claves para el desarrollo. Este se considera actualmente como la aplicación de los principios de la ciencia a la producción, concretada en innovaciones tecnológicas dirigidas a lograr una elevación en la eficiencia en el uso de los recursos escasos o, alternativamente, a la producción de nuevos bienes y servicios guiados a satisfacer necesidades ya existentes o nuevas. La intensidad de este proceso de innovación se vincula positivamente con el volumen de los bancos de conocimientos previos con los que cuentan los investigadores, así como con el número, calificación y medios materiales con que laboran estos últimos.
En Panamá, desafortunadamente, la actividad de investigación y desarrollo aparece como un fenómeno prácticamente marginal. Es así que mientras que el promedio mundial de gastos en este tipo de actividades alcanza al 2.2% del PIB, en Panamá éste sólo alcanza a un 0.2% del PIB. Ese contraste se evidencia más al tener en cuenta que el coeficiente correspondiente a Brasil es 4.5 veces el de Panamá, mientras que el de Costa Rica duplica al de nuestro país. En relación al número de investigadores por cada millón de habitantes la posición de Panamá también resulta precaria. Mientras que en Alemania existen 3,221 investigadores por cada millón de habitantes y en Brasil este indicador llega a 401.7, en nuestro país sólo alcanza a 97 investigadores por cada millón de habitantes. Si a esto le sumamos los conocidos problemas de la calidad de nuestra educación, se puede concluir que en el largo plazo Panamá mostrará baja capacidad de generación de innovaciones tecnológicas, lo que lleva a plantear la urgencia de superar esta situación, si es que se pretende un desarrollo humano sostenible.
Más allá de la necesidad obvia de elevar la inversión en investigación y desarrollo, mejorar el acceso del país a los bancos de conocimiento existentes y de elevar la existencia y calidad del número de investigadores, resulta conveniente llamar la atención sobre un conjunto de políticas esenciales para la aceleración del proceso de transformación y difusión de la tecnología. Para esto, en primer lugar, se debe establecer que la innovación tecnológica debe ser entendida como un instrumento para mejorar la condición socioeconómica del trabajador, no como un simple recurso para deprimir el empleo y las remuneraciones, mientras se elevan los beneficios de las empresas. También, se deberá entender que la tecnología a desarrollar deberá ser ambientalmente sostenible, evitando, además, la aparición de la llamada paradoja de Jevons, que advierte que los mecanismos de mercado dejados a su libre funcionamiento convierten las innovaciones dirigidas hacia la eficiencia del uso de los recursos naturales en una fuente de mayor degradación ambiental.
En segundo lugar, se debe entender que el proceso de generación y difusión de innovaciones tecnológicas sólo puede resultar exitosa si el mismo hace parte de un proyecto nacional de desarrollo, que permita concentrar el esfuerzo sobre los sectores priorizados, logrando la necesaria masa crítica para la trasformación productiva. Es sobre esta base que se podrá construir un verdadero sistema de innovación tecnológica con la activa participación de las instituciones públicas, académicas, de la producción y del trabajo. La conformación de este sistema constituye una prioridad nacional.