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Cierre de calles vuelve a aflorar



Muy nocivo resulta para la nación entera que los grupos de presión, por minúsculos que puedan resultar, acudan al cierre de calles, avenidas y carreteras, como forma de protesta en busca de soluciones a determinada problemática.
Ayer nada más, la presidenta encargada de la Asociación de Usuarios de la Zona Libre de Colón se pronunció contra el cierre que durante cinco horas fue aupado por un grupo de personas que reclamaba los trabajos incompletos en una escuela, que aisló a la ciudad de Colón y a su emporio comercial. Con las pérdidas ocasionadas a la economía al haberse truncado o retrasado transacciones comerciales importantes, de seguro se hubiera podido costear con creces el valor de las reparaciones reclamadas. Pero fue tan absurda la protesta, que el retraso correspondía a la empresa contratista, no al Estado ni al Ministerio de Educación.
La mala costumbre de lanzarse a las calles para protestar por cualquier cosa, sin medir las consecuencias de esa acción y, en ocasiones, sin sopesar la verdadera causa del problema por el cual se reclama, hace que el cierre de calles venga siendo paulatinamente repudiado por la ciudadanía entera.
En ocasiones, los tranques producidos por cierres de protesta pueden llegar a atentar contra otros derechos ciudadanos tan fundamentales como el derecho a la vida misma. Imaginemos por un momento que algún paciente grave o accidentado que es trasladado en ambulancia o en carro particular, se vea en peligro de muerte al retrasarse su acceso al hospital o centro de atención médica.
Las autoridades, empezando por la Policía Nacional, deben proceder enérgicamente a cumplir con su deber de garantizar el derecho constitucional que tienen todos los habitantes de la República al libre tránsito. ¡No más cierres de calles!

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