Ciertas características
Insisto en recordar a los políticos su responsabilidad en el devenir del país, sobre todo en una campaña preelectoral. No podemos dispararnos con frases que suenan desagradables a quienes las escuchan o leen, aunque parecieran graciosas, pues resultan “grasejas” (como dicen en mi tierra). Observamos a la gente y los periodistas referirse a los insultos de diferentes lados políticos; pero, en el fondo, están clamando para que finalicen los mismos, así como las estupideces. Que si uno es toro, el otro caballo, el otro asno, sin pensar hasta dónde pueden ofender a esos animales.
En los negocios, en la vida diaria y hasta en política, debemos ser nobles con los demás porque es una característica positiva en la opinión pública. Pero, eso es algo que no todo el mundo está en condiciones mentales de comprender y creen que haciendo bromas de esa nobleza o de palabras bien dichas, deshacen la popularidad de una persona. Hace unas noches hubo una cena para uno de los candidatos presidenciales, de parte de sus amigos y del partido que lo postuló. El discurso que pronunció el candidato presidencial tuvo expresiones fuertes contra sus adversarios, sin ser insultativo; tuvo frases agradables para su adversario y tuvo, en fin, expresiones variadas. Sin embargo, al día siguiente unos comentaristas de televisión y radio quisieron desbaratarlo sin darse cuenta que, en parte, falseaban las expresiones para hacerse los graciosos. Los únicos perjudicados fueron ellos.
Pero, no los he escuchado decir que, cuando estaba la dictadura de Noriega, Endara y otros valientes prestaron su cabeza para presidir una nómina presidencial y dar a Panamá la democracia deseada. Eso no lo recuerdan porque ahora son PRD. Tampoco dicen que, gracias a la falta de visión de ciertos políticos y al exceso de corrupción de otros, enfrentábamos a un pueblo cansado de tanta sinvergüenzura que podía irse hacia cualquier lado o con cualquier fetiche que apareciera por allí engañándolo. Sin embargo, nuevamente el ex presidente Endara prestó su figura para ser candidato presidencial trayendo esperanzas a muchas personas y calmando una explosión social que, tal vez, pudo aparecer.
Cuando él en su discurso invitó a su adversario principal a debates abiertos y no a monólogos, quiso decir con claridad a qué se refería. Pero estos “periodistas” lo criticaron porque no ha ido más a su programa al cual está invitado. ¿Es que no recuerdan cuando lo hicieron por primera vez, lo sentaron en el banquillo de los acusados y quisieron desbaratarlo? Me parece que los candidatos de toda índole merecen más respeto, sobre todo de parte de ciertos periodistas que parecieran frustrados por algo que desconozco, pero que tienen todos sus síntomas.
Sea Endara, sea Martín, sea Martinelli o el que gane del arnulfismo, debe merecer todo respeto y no el maltrato de quienes se consideran sus adversarios. Ninguno de los atacantes es candidato a nada, por lo tanto, poco harán por la patria aparte de hablar tonterías. Hay que aportar positivamente ya sea ideas o acciones en bien del país porque nos estamos acostumbrando a destruir en vez de construir, sobre todo cuando son nuestros adversarios. Tenemos que observar lo bueno de las personas para resaltarlo y no sólo ver lo negativo que pudiera presentarse para acabar, indiscriminadamente, con un todo porque una pequeña parte no resultó como deseábamos nosotros.
Si continuamos en esa forma, pido disculpas por mis palabras, pero llevaremos al país al caos y ni siquiera asumirán responsabilidades quienes actúen indebidamente. Cada uno que vote por quien quiera, que apoye a su candidato, que adverse a los otros, pero sin destrozarlos con esa lengua que más tarde recibirá lo que debe: Dios no castiga palo sino lengua y aquí las hay muy sueltas. Amárrenlas porque queda todavía mucha tela que cortar y uno debe tratar de hacer bien las cosas y no arrepentirse de haberlas hecho mal.
Durante más de veinte años mantuve una columna diaria en varios periódicos de nuestro país. Todos los días, fácilmente, redactaba aquellos artículos. Pero, cuando hace poco me hablaron de un posible retorno a la columna diaria, reconocí que, posiblemente, no me resultaría fácil cumplir con esa responsabilidad. Sigo manteniendo un programa radial todos los días, y sumarle a este compromiso el escrito que me exigiría el periódico, resultaría agotador.
Me gustaría volver con una crónica semanal, como hacen sensatamente los viejos y aguerridos colegas Guillermo Sánchez Borbón y Carlos Iván Zuñiga. Debemos reconocer el momento en que el tiempo y las energías nos dicen ya no más.
En los negocios, en la vida diaria y hasta en política, debemos ser nobles con los demás porque es una característica positiva en la opinión pública. Pero, eso es algo que no todo el mundo está en condiciones mentales de comprender y creen que haciendo bromas de esa nobleza o de palabras bien dichas, deshacen la popularidad de una persona. Hace unas noches hubo una cena para uno de los candidatos presidenciales, de parte de sus amigos y del partido que lo postuló. El discurso que pronunció el candidato presidencial tuvo expresiones fuertes contra sus adversarios, sin ser insultativo; tuvo frases agradables para su adversario y tuvo, en fin, expresiones variadas. Sin embargo, al día siguiente unos comentaristas de televisión y radio quisieron desbaratarlo sin darse cuenta que, en parte, falseaban las expresiones para hacerse los graciosos. Los únicos perjudicados fueron ellos.
Pero, no los he escuchado decir que, cuando estaba la dictadura de Noriega, Endara y otros valientes prestaron su cabeza para presidir una nómina presidencial y dar a Panamá la democracia deseada. Eso no lo recuerdan porque ahora son PRD. Tampoco dicen que, gracias a la falta de visión de ciertos políticos y al exceso de corrupción de otros, enfrentábamos a un pueblo cansado de tanta sinvergüenzura que podía irse hacia cualquier lado o con cualquier fetiche que apareciera por allí engañándolo. Sin embargo, nuevamente el ex presidente Endara prestó su figura para ser candidato presidencial trayendo esperanzas a muchas personas y calmando una explosión social que, tal vez, pudo aparecer.
Cuando él en su discurso invitó a su adversario principal a debates abiertos y no a monólogos, quiso decir con claridad a qué se refería. Pero estos “periodistas” lo criticaron porque no ha ido más a su programa al cual está invitado. ¿Es que no recuerdan cuando lo hicieron por primera vez, lo sentaron en el banquillo de los acusados y quisieron desbaratarlo? Me parece que los candidatos de toda índole merecen más respeto, sobre todo de parte de ciertos periodistas que parecieran frustrados por algo que desconozco, pero que tienen todos sus síntomas.
Sea Endara, sea Martín, sea Martinelli o el que gane del arnulfismo, debe merecer todo respeto y no el maltrato de quienes se consideran sus adversarios. Ninguno de los atacantes es candidato a nada, por lo tanto, poco harán por la patria aparte de hablar tonterías. Hay que aportar positivamente ya sea ideas o acciones en bien del país porque nos estamos acostumbrando a destruir en vez de construir, sobre todo cuando son nuestros adversarios. Tenemos que observar lo bueno de las personas para resaltarlo y no sólo ver lo negativo que pudiera presentarse para acabar, indiscriminadamente, con un todo porque una pequeña parte no resultó como deseábamos nosotros.
Si continuamos en esa forma, pido disculpas por mis palabras, pero llevaremos al país al caos y ni siquiera asumirán responsabilidades quienes actúen indebidamente. Cada uno que vote por quien quiera, que apoye a su candidato, que adverse a los otros, pero sin destrozarlos con esa lengua que más tarde recibirá lo que debe: Dios no castiga palo sino lengua y aquí las hay muy sueltas. Amárrenlas porque queda todavía mucha tela que cortar y uno debe tratar de hacer bien las cosas y no arrepentirse de haberlas hecho mal.
Durante más de veinte años mantuve una columna diaria en varios periódicos de nuestro país. Todos los días, fácilmente, redactaba aquellos artículos. Pero, cuando hace poco me hablaron de un posible retorno a la columna diaria, reconocí que, posiblemente, no me resultaría fácil cumplir con esa responsabilidad. Sigo manteniendo un programa radial todos los días, y sumarle a este compromiso el escrito que me exigiría el periódico, resultaría agotador.
Me gustaría volver con una crónica semanal, como hacen sensatamente los viejos y aguerridos colegas Guillermo Sánchez Borbón y Carlos Iván Zuñiga. Debemos reconocer el momento en que el tiempo y las energías nos dicen ya no más.