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Cinco años de incertidumbre para la Patria


Ojalá me equivoque; pero basado en la idiosincrasia del panameño en materia política, patriótica y moral y por los vientos que soplan entre los sectores del gobierno y la oposición, se presume que la nueva presidenta de la República doña Mireya Moscoso ha de confrontar grandes obstáculos en su administración al no contar con la mayoría absoluta en la próxima legislatura presumiendo que serán cinco años de incertidumbre para la Patria. Ese concepto de una mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa suena un poco antidemocrática, antipatriótica e inmoral, porque en número ciertamente es mayoría, pero en su práctica y su espíritu casi siempre resulta en una ignominiosa minoría ante la justicia y los derechos de los pueblos, al convertirse en una poderosa aplanadora prepotente y poseída que sólo se dedica a defender sus intereses políticos, personales, económicos y gubernamentales.
Si la mayoría de los legisladores, que suele llamarse los padres de la Patria, va con espíritu de buenos políticos, patriotas, sin egoísmo y ambiciones de conveniencias, la nueva administración del Estado funcionaría sin problemas para el buen futuro de la Nación, pero si va como siempre con el tradicional revanchismo, el egoísmo, la prepotencia y las conveniencias, está por seguro un rotundo fracaso y estancamiento en la administración pública que por lógica afectará al desarrollo de la Patria.
Es obvia la obligación patriótica, humana, política y moral que tiene el Poder Ejecutivo como el Legislativo en sus deberes con la Nación y su población de presentar leyes y planes de gobierno de beneficio nacional, al tener en cuenta que los salarios que devenga cada cuál provienen del Tesoro de la Nación como parte del patrimonio económico del pueblo panameño, por ello debe existir un respeto y una coherencia entre esos dos órganos estatales de trabajar por el bien de la patria. El hecho de que la mayoría de la Asamblea esté constituida por la oposición o por el gobierno no le da el derecho a un monopolio absoluto de poder en los asuntos de la Nación, es decir la mayoría de oposición no debe ser obstáculo para la administración de la nueva presidenta, porque el daño no se lo estarían haciendo a ella, sino a la Nación. Lo más patriótico, democrático, político y humano tanto del gobierno como de la oposición, sería dedicarse a presentar leyes y planes de gobierno conjuntos para el beneficio de nuestro país, igual que acordar los períodos presidenciales de la Asamblea como también las comisiones de trabajo de manera rotativa entre los dos sectores, distribuyendo el Presupuesto Fiscal de manera justa a fin de que todos puedan cumplir con las necesidades de sus comunidades. Ello daría una bonita imagen entre propios y extraños, de que en Panamá existe una verdadera y amplia democracia al servicio de todos.
Esos pactos no le harían perder la dignidad personal y política a ninguno de sus miembros, puesto que lo estarían haciendo para el bienestar de la Nación, porque primero debe estar la Patria, de lo contrario estarían contradiciendo las cacareadas promesas que le hicieron a los pueblos durante el período electoral pasado. Sería irónico, que a los políticos nos les importe el futuro de la Patria, por estar buscando sus conveniencias y el revanchismo político. Después del torneo electoral, la política debe quedar atrás y sentirnos que no hubo ni vencidos ni vencedores y que ahora hay que trabajar por el país para mantenerle su prestigio y su grandeza. El único propósito que me anima a hacer estas recomendaciones a mis compatriotas, es el derecho y el deber como panameño de velar por el buen futuro de la Patria. Seré siempre un observador vigilante de la conducta tanto del gobierno como de la oposición, exaltando las virtudes humanas y patrióticas de cada cual, como también criticando lo malo y deshonesto que se haga en contra de Panamá.

101 años de Panamá América

 
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