Cinco años no son nada
El manejo político de la cosa pública me resulta preocupante. Por un lado contrasto el estilo radical de nuestro Presidente que si bien proyecta el sentir de la mayoría del pueblo para que las cosas “cambien”, por el otro plantea una peligrosa concentración de poderes que tantas veces hemos adversado. Debe existir un balance dentro del propio Ejecutivo, pues se toman decisiones sobre el terreno que si bien son populares no siempre resultan estar bien planeadas y estructuradas. Por mejor intencionado que esté el mandamás no existe en este planeta cuerpo glorioso que sepa, atienda y resuelva todo. Los gremios empresariales aplaudimos que se ponga orden en la cosa pública y que se termine el juega vivo en las concesiones y contratos con el Estado, pero sentimos que en algunos casos se está actuando al filo de la seguridad jurídica y nos preocupa su efecto boomerang. Por otro lado, el caldero político no es menos preocupante, no hay oposición de ninguna clase, se escuchan voces aisladas que no representan a sus partidos y la guerra intestina del PRD parece no tener un final feliz. Una verdadera democracia debe tener buena oposición política, libertad de expresión e independencia de poderes, hoy por hoy no tenemos una dosis adecuada de ninguna de ellas. Las promesas en campaña de eliminar impuestos (CAIR) o explorar la posibilidad de crear el “flat tax” o impuesto nivelado, se ha reemplazado por nuevos impuestos y mayores aranceles, que pareciera en principio afectar solo a sectores de gran actividad económica, pero a la larga formarán parte de los costos de bienes y servicios que tendrá que asumir toda la comunidad en beneficio de las arcas del Estado y que posiblemente nos ponga en desventaja ante la competencia internacional y aumente el contrabando de algunos productos. No puedo terminar sin comentar sobre la alianza de gobierno, en especial sobre el partido Panameñista del cual formo parte, pues escucho sus bases reclamar mayor atención. Nuestro Presidente, actual Vicepresidente y Canciller de la República debe aguzar los oídos para no cometer los mismos errores que está pagando la cúpula del PRD, ellos pensaron que podían repicar campanas y atender la procesión y eso no es posible. El éxito de una alianza no está solo en repartir puestos, hay que alinear objetivos, compartir responsabilidades y conciliar disconformidades. Los partidos deben contar con una dirección a tiempo completo y prepararse para el 2014. Estamos todavía en el periodo de luna de miel y con buena aceptación popular, pero no olvidemos que ser luz en la calle y oscuridad en la casa termina generalmente en divorcio, cinco años no es nada.